Cannes: cenizas y diamantes del cine español

Almodóvar es listo y no mira tras la columna, en la peor butaca de su anfiteatro, -lúdica y colorista-, cuando estrena sus películas. Más bien parece postrarse primero ante su público (¿el español?), para después recibir las alabanzas del país vecino, el del piso de arriba a la derecha, y le inviten allí (público y crítica) a su particular baño de gloria y aplausos. Francia y, por extensión, el sancta sanctorum de los festivales de cine del mundo: Cannes.

Títulos de crédito para la gloria, o fundido en negro para dar paso al «otra vez será», y vender la película en todos los países donde sigan venerando su cine; vestido con galones que han colgado los críticos con sus estrellas y el sobrenombre lacerante de «su mejor película de los últimos diez años». Una vez más. Vende su cine y lo hace con inteligencia y con una maquinaria publicitaria que se vende por sí misma.

Mientras tanto, y haciendo travelling hacia ese cine silencioso, que sólo se estrenará en pequeñas salas si el milagro de las distribuidoras hace a bien regalarles un hueco, hay otras películas españolas que han cosechado su éxito a hurtadillas en el último Festival de Cannes. Hablamos de «O que arde«, dirigida por Oliver Laxe, la primera película proyectada en gallego en La Croisette, y «Liberté«, de Albert Serra. La primera como Premio del Jurado y la segunda como Premio Especial del mismo. Jurado, palabra que a Pedro Almodóvar, seguramente, se le atragantará estos días más que a Ben Affleck rascarse un codo y que nos creamos todos que es un actorazo.

Curioso lo de la película de Albert Serra. Por lo visto trata de un fiestón cruising, donde los expulsados de la Corte de Luis XVI se dedican a disfrutar de lo lindo una noche en un bosque europeo del Siglo XVIII. Lo que de provocación tiene la película de Serra, lo ha dejado de lado (desde hace ya muchas películas) el academicismo burgués, vestido de primeras marcas de reconocimiento entre los popes de la modernidad menos radical,  el último cine almodovariano. Y, que conste, que particularmente, no me muera por ver la película de Albert Serra.  Intuyo dos horas de masturbación mental que me da pereza. Y eso que la fotografía, por lo que he visto, parece impresionante. Pero el problema será mío, y que acabo de ver la primorosa segunda temporada de «Fleabag» y la estupenda narración, lineal, clásica y llena de suspense de «Chernobyl«, y me apetecen las cosas normalitas. Que para un «playing with my heart» ya tengo a los Eurythmics.

Pero, y volviendo a las curiosidades, esto del Festival de Cannes y el cine español es un poco de toma pan y moja. Resulta que, desde hace años, contamos que ningunean al cine español;  por supuesto menos a su niño adoptado. Y, de repente, premian en una sección paralela a dos películas españolas. Claro que dirán, nos da igual, si estas dos naderías no las va a ver ni dios.  Una trata de un hombre que quema bosques y en la otra en los bosques se dedican a fornicar. Cuando en alguna filmoteca hagan un monográfico los defensores del eucalipto del arco iris, pues que las estrenen.

De todas formas, no hay ninguna duda de que Almodóvar es un magnífico director de actores y, seguramente, el Premio de Interpretación para Antonio Banderas (no he visto «Dolor y Gloria») es más que merecido. Un actor que a mí nunca me ha gustado y le he visto, la más de las veces, sobreactuado. Además de eso, el director manchego es un genio del encuadre y la composición pictórica de sus escenas. En mi opinión, dibuja mejor las escenas de como las cuenta o las hilvana. Hasta ahí, todo bien. Los franceses y nosotros estamos de acuerdo. Pero, (¡ay!), ¿qué ocurre con los pestiños que vosotros los galos estrenáis en vuestro adorado Festival de Cine?. Porque me vais a contar que todo es un caminito de rosas. Pues no. Estrenáis los mismos rollos que nosotros y, además, ya os lo digo, muchas de nuestras películas son mucho mejores que algún tostón que sale de la sacralizada Sección Oficial de vuestro intocable Festival de Cine. Y si habéis premiado » O que arde» y «Liberté» igual será porque también aquí se saben hacer las cosas tan bien, o mejor en muchas de las ocasiones, que en cualquier país de Europa. Que cuando escuchamos a alguien decir eso de «no voy al cine español, porque es una porquería«, me gustaría saber lo que aguantan  viendo una comedia alemana. Porque telita…

Y así, año tras año, la industria del cine español seguirá subsistiendo. Entre premios de reconocimiento a las grandes estrellas y directores;  y, de vez en cuando, laureando trabajos que, por su calidad al margen de los circuitos más populares, se pueda captar el interés de los espectadores que giran la cabeza hacia otras formas de hacer cine.

Almodóvar perdió la frescura de su cine hace tiempo. Normal. Estará cansado de tanta peluca, tanto «granganga» y tanto gazpacho. Y le apetece otra cosa. Si le dan algún día la Palma de Oro o el garbanzo de Plata, pues muy bien. Y si no, los franceses le seguirán queriendo. Y, por otro lado, pues otros directores realizarán películas con menos medios que también ganen premios. Y, así, la ruleta seguirá girando.  Aquí, y en muchos países cuya industria cinematográfica es, igualmente, precaria. El cine no muere señores; lo dejamos morir nosotros. Con un gobierno que debería educar el cine en los colegios y estrenar las películas premiadas en los certámenes de cine españoles inmediatamente después de ser proyectadas en dichos festivales. Porque mucho cine se pierde. Sin ser estrenado, sin ser visto. Y queda aparcado, con suerte, en las largas bibliotecas de televisiones de pago. Para luego desintegrarse, definitivamente, en el más allá del fundido encadenado de esos trabajos del otro lado del cine. El que funde a negro las películas sin premios y cuyo mayor logro es el reconocimiento de los círculos minoritarios. Es un nudo gordiano. Y se debería cortar cuanto antes. Porque, si no es así, ya será tarde. Si no lo es ya…


Sobre el autor

Ángel Del Olmo

Donostiarra de nacimiento, madrileño de adopción. No me aburro (sólo huyo) porque, como decía Leolo -porque sueño, yo no lo estoy-.