¿Que habrá sido de ese chico tan mono?

Es una pregunta que nos hacemos muchas veces cuando, pensando en las batuecas, se nos aparece alguien lejano y empiezan las reflexiones de duermevela «la verdad es que era muy mono» «quizás estaba como un poquito crudo todavía» «no sé, tenía pinta de tenerla pequeña» «pero esos morritos de calentorro…» y, de repente, te ves rebuscando por las internetes.

Según hurgas te das cuenta de cosas como lo que supone para algunos cargar con la estela familiar. Muchas personas con proyección pública y mayor o menor mérito propio conocen bien el peso de los apellidos. A nadie se le escapa que todos somos presos de los nuestros en muchos aspectos de nuestras vidas: no podemos evitar ser hijos de, sobrinos de, nietos de…

Realmente, este norma es un arcaísmo arrastrado desde los tiempos en que no existían registros escritos de la identidad de las personas y se precisaba tirar de linaje para hacerlo, aunque es cierto que cuando eres pequeño es fundamental saber “de quien eres” para poder recurrir en caso necesario.

Quizás toda persona debería tener la libertad de dar forma legal a la identidad propia prescindiendo de los ancestros si así lo prefiere. Hoy día puede uno cambiar el nombre y el orden de los apellidos e incluso montarse un nombre artístico como hicieron las hermanas Emma Penella, Terele Pávez y Elisa Montes ¿Que no sabias que eran hermanas? pues ya lo sabes: se cambiaron nombres y apellidos por motivos muy jodidos. Eso si: en sus DNI figuraban los de curso legal.  Ahora, ¿crear unos nuevos de verdad? me temo que es necesario pasar por el trago de ser un sujeto protegido por el estado para poder contar con una nueva identidad.

Bueno, que me escoro con estas reflexiones de viaje en Metro. Yo venía aquí a hablaros de un chico muy achuchable que desapareció casi de repente sin dejar apenas rastro.

Pongamos las cosas en contexto: en el universo artístico de eshtepaish existen ciertas sagas que, como las de los dioses olímpicos, parecen revestidos de un poder que les abre las puertas a determinados espacios vetados o de muy difícil acceso al resto de los mortales aunque claro, a un precio que muchos no pueden soportar.
Me vienen a la memoria apellidos como Ladrón de Guevara, Rivelles, Larrañaga, Gutierrez Cava, Isbert, Flores, Molina, Guillen-Cuervo, Bardem, Rabal, Bosé… Luego están las otras: Ordoñez, Campos, Rivera, Pantoja… pero prefiero dejar la charcutería para otro tipo de meriendas.

El caso es que muchos recordaréis al mas joven de los Rabal por su papel en Carne Trémula y su coronación como chico Almodovar: Liberto.

Este muchacho, hombre hecho y derecho ya, es un claro ejemplo de la desaparición casi instantánea.
Desde niño comenzó a realizar pequeños papeles en series de TV y películas mas o menos relevantes aunque Los Santos Inocentes se puede calificar de obra maestra y en ella aparece junto a su abuelo, el gran Paco Rabal. Liberto fue creciendo a la par que su carera hasta que alcanzó la cima cuando fue nominado al Goya como mejor actor revelación en 1996 por Tranvía a la Malvarrosa donde, además, figuraba en solitario: por primera vez ningún familiar estaba directa o indirectamente implicado en el filme. Aquel premio se le escapó de las manos a causa del exitazo de Tesis y el enorme papel de Fele Martinez.

El caso es que al año siguiente, por una disputa entre Jorge Sanz y Pedro Almodóvar, llegó de rebote al papel que, lejos de afianzarlo en el Olimpo, lo arrojó al vacío desde allí arriba: el de Victor Plaza en Carne Trémula. Se habla también de la Maldición Almodóvar, pero eso es otra historia.

Liberto llegó, triunfó y pagó por ello: tanto la crítica como el público se mostraron inflexibles y se ensañaron hasta el punto de hacerle ganador de los Anti Goya (premios YoGa) al peor actor protagonista. Estoy seguro que si su nombre hubiera sido Liberto Pórrez y hubiese venido de cualquier escuela de Arte Dramático su evolución hubiera sido otra muy distinta y mucho mas positiva.

Tras el papelón almodovariano -a mi tampoco me gustó- su estrella se fue apagando a pesar de que continuó trabajando en algunas exitosas series de TV.

Dejó paulatinamente de aparecer en las pantallas pero no para dedicarse a instalar pladur: siguió nadando en las artes escénicas subiendo a las tablas con su abuela Asunción para homenajear a su abuelo en Queridos Poetas y en un Tenorio.  Participó en algunos filmes de producción italiana y otras nacionalidades.  Luego se puso tras las cámaras para dirigir su ópera prima: Síndrome, con la que obtuvo cierto éxito en los festivales de Locarno y de Málaga. Después vinieron otras obras filmadas bajo su dirección y también reconocidas en distintos festivales.

El caso es que no ha dejado de trabajar en ningún momento siempre dentro del mundo de la interpretación pero, tras los chascos recibidos por el peso de su estrella, jamás se ha vuelto exponer a los filos de la fama, tan zalamera como despiadada a la hora de tratar a los portadores de ciertos apellidos.

Diréis que estoy un poco perturbado, pero me parece mucho mas apetecible ahora que en aquellos años.

Ay esos morros y ese gesto de necesitar un inmenso abrazo instantáneo marca A.C.M.E.

 

 


Sobre el autor

DMalignus

No te pases de lista, que te vas a Diego de León......