El difícil humor del mundo romano

Hace un tiempo, cuando escuchaba el proyecto de alguna serie española, me echaba unas risas pensando en que seguro sería un desastre ¿Una serie de viajes en el tiempo por la historia de España? Juas! ¿Una historia de presas imitando a OITNB? Rejuas! ¿Una historia de atracos que transcurre en unas horas? Me meo…

Pero ya no. Ahora si me entero de que Movistar estrena telecomedia que tiene como fondo la civilización romana y no me río. Al contrario. Corro a ver si sigue la buena racha de la ficción española y copón, así es. Y entonces sí que me río, pero no porque dé vergüen ajena, si no porque es una telecomedia y funciona. Hablo de «Justo antes de Cristo» y lo mejor que puedo decir de ella es que se me ha hecho cortísima. Quiero más, necesito que me aseguren varias temporadas porque lo visto hasta ahora me ha sabido a poco. De los creadores de «Camera Café» (Montero y Maidagán), algunos episodios han sido dirigidos por gente como Vigalondo o Cobeaba y tiene un reparto en estado de gracia, donde todos los secundarios tienen su momento de gloria. Puede que si sólo le echas un vistazo al primer episodio, no te hagas a la idea de lo que te espera. Ten paciencia, dale una oportunidad y cuando acabe esta primera temporada te aseguro que unas buenas carcajadas habrán caído.

«La vida de Brian» marcó un hito tan importante a la hora de abordar el humor del mundo antiguo  y claro,  uno espera que sigan por esa línea. Sin embargo, han sido muy inteligentes y muy cucos  para no sucumbir a los cantos de sirena de los Monty Phyton. Tanto, que son capaces de crear una manera única y personal de hacer comedia, con un aire que se diría que mama de los clásicos de la dramaturgia latina, un Plauto ibérico y surrealista. Huyendo de las facilonas bromas con la actualidad y manejando parámetros de aquella sociedad, se tiene la sensación de que si un habitante del imperio romano la viera, también se reiría, me cago en la loba. La higiene, la sexualidad sin pecado y sin represión, el papel de la mujer, las intrigas, la superchería, el clasismo y las relaciones de poder son parte de esta propuesta que va de menos a más. Al acabar la temporada te darás cuenta de las inmensas posibilidades que tiene (si Movistar la deja unas temporadas más, claro)…¡Que firmen ya!

La ambientación está tan cuidada que hasta se perdonan los muy cutres efectos que aporta el ordenador. El protagonismo recae en un Julián López que seguramente haya hecho uno de los papeles de su vida; afinado, sutil y con olfato para hacer que el espectador empatice con ese ser patético  y absurdo que es Manio. Pero tengo que insistir en lo impresionantes, talentosos y conjuntados que están los actores y actrices que participan en la serie. Hay algunas escenas corales con tanta dificultad de realización, ritmo y gracia que sólo gente muy preparada podría haberlas conseguido con un resultado satisfactorio. Esas escenas sólo podía conseguirlas Berlanga y aquí hay algunas que están a la altura.  Imposible nombrarlos a todos pero quiero destacar al que para mí es un descubrimiento: Xosé A. Touriñán. Su papel de esclavo leal y más listo que los ratones coloraos está tan bien construido que casi le roba todas las escenas al pobre de Julián López.

También anda por ahí Manolo Solo, ese tío que es un camaleón y que aquí hace a un militar con muy malas pulgas. El penúltimo episodio de equívocos sexuales donde Manolo Solo se convierte en coprotagonista, es, directamente, una de las cosas más descoyuntantes que he visto en años. En serio; lloré de la risa. 

Ah, que también sale nuestro Sergio Torrico, muso del Atrozconleche de toda la vida.


Sobre el autor

MM

Venida de otro Planeta, el Murciano más concretamente.