La serie que me parió

Como buenos nostálgicos que somos, o bien que nos gusta atufar a naftalina, apostamos por traer a la mente, y a la vista, aquellas series de los 70S, 80s y los 90s que fueron todo un trallazo televisivo. O no tanto. Así que haremos un repaso, sui generis atrozconlechiano, a todas esas tramas que nos lanzaron desde la pantalla del salón, a la espera que te remueva un poco la vesícula, si es que la conservas, y aportes tu mejor recuerdo.

ALF

El protagonista de Alf era un perro grande que hablaba con mohín raro y tenía el flequillo de Justin Bieber. El gachó amaba los gatos fritos con tomate y las birras a más no poder. Llegó a una familia donde el padre no se enteraba de nada y la madre tenía el pelo que le habían engañao con la caja del Farmatint. También había dos hijos, un chavalito que luego tuvo que vender los dos brazos para pagarse la terapia de ser amigo del perro hablador, y una nena que ya había pagado dos abortos en Londres pero iba a misa de 11. El amigo Alf se pasaba el día persiguiendo al gato de la familia, pero lo respetaba en el fondo, no fuera a ser que lo pasaran a él por la freidora. A todo esto, tenían que esconderlo de la gente siempre por si lo capturaban y lo ponían en el Port Aventura a vender palomitas en la Polinesia. El extraterrestre, en verdad, quería pimplarse a cualquier hembra que se le pusiera a tiro, y, de hecho, compró varios cupones descuento del “Muñequitas”, pero a última hora se le achicaban las ganas por no dar la talla terrícola y que lo sacaran en el ANDA YA! con la prueba de los novios.

LOS BRADY

Nos vendieron los Brady como la historia de una señora y un señor que se arrejuntaban y aportaban tres vástagos cada uno a una gran familia y eran muy felices. Tribu decían ellos. Condones pinchados, decimos nosotros. Se complementaba el grupo con una chacha con cara de haberle hecho alguien una trepanación con una cuchara del Yoplait. Además, la tenían engañada y no cobraba, desempeñando sus labores a cambio de un bocadillo de chopped con la cara de Popeye. Los Brady eran como muy amenos, un pelín castos, mostrando la conciliación y la resolución de los problemas convivenciales, pero lo que no salía eran las anfetas que repartía la rubia de las trenzitas. Sí, la que ceceaba a causa de una pelea con un narco de Barranquilla. Los chicos tenían las manos callosas de hacerse pajillas pensando en la estatua de la Virgen María y fue un drama cuando la hermana mayor tuvo su primera menstruación (recordemos que nosotros tuvimos el capítulo “Bea ya es mujer”, un himno del celuloide patrio a la menarquía en Verano Azul”).


Sobre el autor

Fon Cole

De los Cole de toda la vida.