Cachorro Lozano: El naíf concupiscente

por Juambe Muñoz / fotos: María Caparrós, Alejandria Cinque, Rainier Torrado

 

BIOHAZARD PARA EL CORAZÓN, y el que avisa no es traidor. Traten de leer con distancia. El peligro amainará el día en que al fin lo clonen y quien quiera pueda hacerse con uno por un precio más o menos democrático, pero por el momento se mantiene único e irrepetible. Habrá que tener paciencia. Cachorro Lozano ha hecho BOOM en la escena madrileña infectando inocentes corazones por doquier, saturando el ambiente a golpe de colores primarios primarísimos y al grito de ‘vamos a divertirnos’. ¿En qué escena? Pues en toda, porque cuando Lozano echa en falta lo que sea, él se pone manos a la obra y lo crea.

Instagramer impenitente y enfant terrible del milenio recién nacido, la fórmula para el éxito de Lozano combina varios ingredientes altamente inflamables y que empastan de maravilla entre sí: Color a raudales, sonrisas las justas, act like if y flowers don’t look other flowers; amén de mucho enseñar pero enseñando siempre lo justo.

Le pillamos en Bilbao centrado en su última propuesta plástica, aunque como él mismo se apresura a puntualizar, solo reside en Bilbao “temporalmente”. Cachorro Lozano no para. Tenerle quieto un ratito para acribillarlo a preguntas constituye una auténtica proeza; aunque mi crush es de natural generoso y, al menos por esta vez, sí se ha dejado amarrar sin oponer demasiada resistencia:

«Me parece la gloria eso de que alguien se interese por lo que uno piensa. Yo es que tengo mil opiniones, muy cambiantes, además; aunque soy de las que considera que tampoco hay que estar opinando todo el día sobre absolutamente todo, así que vengo cargadita…».

Y tanto que viene ‘cargadita’. Preguntarle qué anda haciendo ahora es predisponerse a recibir una ráfaga de fuego calcinador, aunque siempre fuego amigo:

«Además del trabajo en el estudio también ando haciendo música para algo que verá la luz este año y que irá acompañado de un imaginario que va a ser maravilla. Un libro, que sería mi propio Sex de Madonna. También escribo mucho. Deseando estoy que venga una editorial y me publique una recopilación de mis dibujos y reflexiones con mis textos y mi tipografía. Y sigo diseñando merchandising. ¡Mil cosas! He pasado de versátil, a hiperactivo».

Al interrogarle sobre el papel utilizado contesta quizá sorprendido, pero franco y sin reservas:

«Generalmente Guarro de 180 gramos, y me encantaría poder decirte que el nombre del fabricante es un chiste, pero no. La cruda realidad».

Las ceras son las Manley de toda la vida, «que ya va siendo hora de que me patrocinen, me parece a mí».

Y la pregunta pudiera parecer gratuita y baladí, pero no lo es, porque la respuesta viene a confirmar lo que yo ya sospechaba: los materiales son tan naíf como el resultado. Pero el naíf de Lozano solo lo es en apariencia. Sus trabajos están repletos de desproporcionadas macrofalosomías que amenazan sin ningún pudor los márgenes, rotundas geografías masculinas captadas con la sinceridad y la inocencia de la mirada de un niño, posturas todas de una obscenidad delirante pero siempre afable y accesible; y toda la alegría, la frescura y la explosión lumínica que pueda albergar el placer sensual para un hombre tan joven como Lozano.

Siendo aún más joven de lo que ahora es, Lozano se gradúa en Arte por la Universidad del País Vasco. Una breve estancia en Paris después, donde bajo la atenta tutoría de la artista cubana Tania Bruguera explora la performance con dos propuestas escénicas que luego se incluirían en el festival Bullshit de 2016, con sede en el Teatro Pradillo. Finalmente Lozano se afinca en Madrid, donde cursará un máster en práctica escénica y cultura visual por el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

—Vale, llegas a Madrid y entonces…, el sexo.

—El sexo estaba mucho antes de Madrid. El sexo estaba mucho antes de ti y de mí, de hecho. El sexo es existir, básicamente. Y para mí, Madrid fue muy importante a la hora de descubrirme en ese aspecto. Madrid es una hoguera que prende constantemente, y su fuego puede verse desde toda la península. Y a mí el fuego me llama, porque fuego soy; y como decía Lola Flores: «yo llego hasta el borde del precipicio, pero luego siempre doy dos pasitos hacia atrás».

—A eso se le llama ‘nadar y guardar la ropa’, sí señor. Y ya que empezamos hablando del fuego…: se dice, se rumorea y se comenta que todos los modelos prueban el tacto de las sábanas antes que el del papel. Falacia o verdad en todo esto…

—No los míos, al menos.  Los hay que lo han hecho, pero no eran modelos, eran amantes. Las lógicas de trabajo eran distintas. Mezclar trabajo y placer tampoco ocurre tan a menudo como pudieras pensar,  y hay muchísima gente que prefiere tener un Cachorro colgado en la pared a tener a Cachorro entre las sábanas, lo cual es un alivio muy grande.

—Pero sí que hubo un momento en el que se intentó plantear la propuesta plástica de Cachorro Lozano como una especie de ‘cuaderno de campo’, algo así como un diario sexual abierto al público. Al menos en esa dirección apuntaban algunas de las entrevistas de 2017 (la que te hicieron para Shangay, por ejemplo) y entonces tampoco te mostraste demasiado incómodo con ese término: ‘diario sexual’. Excuse moi, pero, ¿eso no fue un tanto exhibicionista?

—(Risas) Bueno, así empezó, casi por una necesidad exhibicionista, porque los artistas a fin de cuentas somos exhibicionistas de emociones. Algunas también enseñamos el culo de vez en cuando, pero básicamente lo que hacemos es abrirnos en canal frente al mundo porque es lo único que nos puede salvar de la locura. Pero se ha convertido en algo mucho más complejo, para mí es casi más un estudio de la identidad marica utilizándome a mí como sujeto de estudio. La idea es documentar todas las experiencias y perversiones que se te pasan por la cabeza y exponerlo públicamente. Estamos muy acostumbrados a callar todo lo que tenga que ver con la cama. El ‘morbo de puertas para adentro’ parece ser la idiosincrasia de este país…, ¡pero vale ya de esa moral! Como te he dicho antes, el sexo estaba antes que todas nosotras, así que seamos más explícitas con nuestros deseos.

—En eso estamos de acuerdo, pero si yo me permitiera ahora mismo ser del todo explícito con mis deseos, igual te enfadabas y dabas por finalizada la entrevista. Prefiero ponerte en un apuro: Te llaman para una conjunta y te obligan a decidirte entre dos, a elegir: ¿Los Bravú o Aitor Saraiba?

—Un posado con Saraiba en la cama por los Bravú me parecería lo suyo (risas). No, a ver, a nivel artístico creo que puedo estar más identificado con algunos elementos de los Bravú. Saraiba es maravilla, pero yo es que soy muy bruta, y él es muy delicado con sus cosas. Aunque creo que nos llevaríamos muy bien todes en la fórmula que te he planteado.

EN 2017 LOZANO APARCA EL DIBUJO para marcarse un ínterin pictórico con la figura de un san Sebastián étnico e hipersexualizado como absoluto protagonista en la representación de la lucha LGTBQ. El joven mártir asaeteado al que ya recurrieran en su momento otros artistas como Pierre y Gilles o Tony De Carlo se revigoriza en Los Santos con ecos del Like A Prayer de Madonna, proponiendo una suerte de justicia poética contra la institución que más ha perseguido al homosexual a lo largo de la historia. La muestra tuvo su casa en la sala Umbral de Primavera, un espacio donde Lozano ya ha repetido más veces.

—¿Qué tal se llevan las flechas en lo personal? Porque las flechas son muy evidentes y a veces matan, pero luego están las astillas, las que habitan bajo las uñas o se nos clavan en la yema de algún dedo. Y las astillas es verdad que matar, no matan; pero son más del diario y joder, joden un huevo.

Para mí son fatales. Además hay temporadas en las que soy muy de recrearme en el drama. Otras paso total del drama. Depende como me pille. Pero la verdad es que tiendo a ser una persona de extremos. La estabilidad no es algo que concuerde con mi persona. Entonces, lo que me duele me desgarra, me desangra, me hunde. Pero también soy un poco ave fénix, y el resurgir siempre es un escándalo porque vuelvo con fuerza y más creativo que nunca.

Pues algo así debió ocurrirte el año pasado, porque 2018 fue para ti un año intenso. Incendiaste Zaragoza con Burning. Después Madrid y Barcelona con Vacaciones y What a gay day to be alive! respectivamente. En noviembre saltas el charco para dar más guerra performance en Argentina y Uruguay con Archivo punto Deseo. Euskadi, Cantabria y Mallorca completan la nómina de viajes del año pasado. A ver, que yo te preguntaría por todo, pero todo no nos cabe; así que me vas a permitir que me ponga un pelín pedestre: Tienda on-line de gallumbos curraos con Alexandria. ¿En qué quedó todo aquello?

SemenUp es un proyecto que sigue existiendo, y sigue siendo una especie de estudio de la identidad marica. Y sí, entre otras muchas cosas, había calzoncillos curraos, porque nos interesaba que el hombre también se cosificara y se hipersexualizara sin pudor. Pero también creábamos camisetas solidarias para recaudar dinero para entidades LGTBQ, todo nuestro merchandising era una reinvención de logos mainstream para convertirlos en una sátira queer, seguimos realizando fanzines eróticos para publicar todas aquellas fotos que Instagram nos censura…, es una pena que no tengamos más tiempo para dedicarle. Son mil cosas a las que prestar atención y al final uno va priorizando, pero estad atentos porque seguimos haciendo cosas muy interesantes. Y bueno, 2018 ha sido un año increíble a nivel de trabajo y viajes, solo espero que haya sido la puntita de lo que el 2019 esté dispuesto a meter.

DE LO NUEVO NOVÍSIMO que podemos encontrar en la tienda virtual de su web destacan las cráteras de pollas frescas y las constantes referencias a la Grecia clásica de Aquiles y Patroclo, los doce trabajos de Hércules e incluso algo de zoofilia con un feroz Can Cerbero. Ahora el dibujo se ha abigarrado, el vacío se vende caro y el rabioso cromatismo de trabajos anteriores se ha atemperado en una gama más azul y más suave, cediendo protagonismo a un barroquismo compositivo que impregna de violencia estos últimos trabajos de Lozano.

Cuentan que cuando el oráculo reveló el destino último de Aquiles, su padre trató de desviarlo y lo refugió en el palacio de Licomedes disfrazado de doncella. Por lo visto allí toda la corte le conocía por ‘Pirra’ (la rubia). ¿Realmente sería el padre o sería él mismo quien optase por el peplo femenino antes de lanzarse a la batalla?

Aquiles era muy ‘fuerta’.  Es un personaje que, como Hércules, la historia ha hipermasculinizado para olvidarse de su parte más queer. Y me niego. ¡Nos negamos! Tengo un libro de poesía erótica griega que es increíble, la sutileza y a la vez la brutalidad con la que expresaban su deseo… ¡Eran un par de maricones, joder! Hay que decirlo más. A veces pienso que nos iría mejor a todas en la antigua Grecia.

Pues sí, puede que todas tengamos esa nostalgia por la Grecia clásica incrustada en el genoma, porque ahora que lo pienso, uno de los primeros puñales tenía un poco esos tintes. Me recordó, además, a una peli. Es que, verás; en el año 97 (y fíjate si ha llovido) Manuel Toledano narró la noche neoyorquina en un largo, de corte documental aunque bastante dramatizado, que dio en titular ‘Cuernos de espuma’. El título hacía referencia a la necesidad atávica del ser humano por ser otro que no es, o por ser quien en verdad se es muy adentro; algo que hacemos desde pequeñitos, en la bañera (un lugar íntimo, cálido y seguro). ¿Es eso El puñal dorao?

—Es eso y más. Creamos un espacio para que todas pudiéramos estar y crecernos, empoderarnos. Y todas son bienvenidas, estamos trabajando constantemente en recalcar este mensaje porque queremos ser un lugar de encuentro de raritas y cuerpos disidentes. La idea es convertirte en el circo ambulante que siempre has soñado ser, y que encima te aplaudan por ello y vuelvas a casa volando en una nube de algodón y glitter. Además, que Madrid es muchas cosas, pero le falta efervescencia, y nosotros queríamos darle un poquito de eso.

Hace apenas dos añitos un ecléctico grupo de amigos —acaso más bien familia— decidieron crear una fiesta a la medida de sus propios intereses y en respuesta al hueco que ellos percibían en la propuesta de ocio capitalina. A día de hoy El puñal dorao se ha convertido en ‘Salón del Reino’ para la avant garde más exquisita de todo el panorama queer en Madrid.

REFUGIO PARA IDENTIDADES DISIDENTES y hogar de un corolario de las más diversas subjetividades, una delirante cage aux folles que hasta la fecha ha pasado por ser desde una cena en casa de Trimalción hasta un delirante Jardín de las Delicias o incluso un platillo volante, El puñal dorao se enmarca sobre la base de tres ejes cartesianos que sus creadores no se cansan de repetir: espacio de seguridad, emotividad y diversión. La sordidez es solo aparente, o quizá simplemente se trate de una sordidez amable y acogedora. No existe lugar ni fecha hasta un ultimísimo momento, cada edición ha surgido como el inesperado brotar de una flor tan insolente en su extraña belleza como efímera en su disfrute. Desde su nacimiento como fiesta benéfica en apoyo a las víctimas de la violencia homófoba en Chechenia hasta la última edición celebrada en Zenith, El puñal ha ido adquiriendo una entidad propia y de algún modo independiente de sus tres arrolladoras personalidades gestantes: Cachorro Lozano y Alejandria Cinque (en un primer momento) y con la colaboración de Serbian Bacon ya en la segunda edición. Parece que El Puñal se ha hecho mayor, y El Puñal lo hace su gente, toda su gente.

Commencing countdown, engines on, check ignition y…, despegamos:

Desde ese aire de rave de extrarradio de la primera edición en El Vaciador hasta la pasarela de más de seis metros de Zenith para el Space Oddity, ¿qué echas de menos de las primeras y qué no te gustaría perder de las últimas? ¿En qué ha cambiado El Puñal? ¿Sería posible llenar Zenith de piscinas TOY, por mucha pasarela que tengan?

La primera fue muy interesante por lo atropellado, por la urgencia con la que sucedió y por esa efervescencia de aquello, que fue casi más un happening que una fiesta, y es que la situación lo requería.  Pero hay que hacer un spice up your life, a mí me gusta siempre evolucionar y crecer, y hay espacios que por su naturaleza e ideología dejan de ser interesantes. Y básicamente vamos buscando siempre el lugar más acorde a lo que queremos convertirnos. La pasarela de la sala en la que estamos ahora es una locura, y a la gente cuando le das calidad, se viene arriba, te lo agradece y responde siempre con más calidad. Queremos que eso siga sucediendo. Yo sigo emocionándome cuando, haciendo revisión para que todo vaya bien, salgo con el taconazo y los 300 metros de tul a la calle Atocha y veo esa cola de raritas dando la vuelta a la esquina. Es una Met Gala, pero muy cañí, muy castiza, todo very queer y en la que, además, todas somos Anna Wintour. La sala Zenith llena de piscinas TOY no lo veo, pero os podemos asegurar que una edición de terraceo y agua está planteada, así que desde aquí hago un llamamiento a las piscinas de Madrid: queremos liarla muy bonito, ¡colaboren!

A esa, si se consigue, yo me presento en pelotas. Que, digo yo, ¿se puede hablar de porcentajes? ¿Algo así como…: tantos circos, tantas circas y tantos acuden en bolas? Porque eso no es del todo exacto, o quizá no lo sea en absoluto. ¿No es en realidad una amalgama felizmente indeterminada?

Aquí cada una hace lo que le late. Hay personas que han estado en todas las ediciones y cada vez se vienen más circas, más seguras de sí mismas. Otras llegan a su primera edición tímidas y ni siquiera se trabajan el outfit, y eso también está bien. Lo importante es estar segura y en tranquilidad, disfrutando. Luego estas personas siempre vuelven y cada vez se animan más y más a probar looks interesantes con los que, en muchos casos, ni se hubieran imaginado vestidas… No sé, es un proceso muy bonito, y como te decía, esto es para nosotras, para disfrutar, para aprendernos…

Aprender no sé si llegaremos a aprendernos del todo algún día, pero algo quizá sí ha cambiado: Miguel Bosé en Tacones lejanos es un hombre vestido de mujer. Nos ponemos en 2019 y nos damos de bruces con el Trap de ‘la Dani’, de quien no se puede decir que sea ni una cosa ni la otra. ¿Nos estamos cargando por fin el binario?

—Esto cada una que lo gestione como quiera y, sobretodo, como pueda. Creo que para hablar de que nos estamos cargando lo binario me tendrías que poner otros ejemplos, no esos. Quiero decir, nosotras lo que estamos haciendo es viajar entre los géneros entre los que hemos sido educadas. Hombres utilizando elementos socialmente considerados femeninos siempre han existido. Pero eso no es cargarse el binario,  es jugar con ello, es rehacerlo,  es convertirlo en algo plástico y moldeable. Pero hay una nueva serie de identidades que realmente luchan por ser eso otro, eso que no tiene nada que ver ni responde a los conceptos de masculino y femenino. Eso que entraría en una categoría que no puede responder a definiciones, exactamente por eso, porque es lo ‘no binario’, es lo otro. No se puede categorizar, porque está en constante transformación. Si la sociedad es la norma, es el reconocerse monstruo dentro de ella. Para mí lo binario existe, yo me he educado ahí, y una difícilmente puede deshacer la historia con la que viene educada y cargada a las espaldas, pero sin duda lo que puedes hacer es deconstruirte y reconstruirte. Viajar entre todas las identidades que puedas habitar, que son infinitas. Para mi es mucho más interesante esto que te digo, además siempre nos imagino como identidades viscosas que penetran todos los espacios posibles y que viajan de un lado a otro adaptando su forma a lo que les interesa. Yo ahora mismo tengo unas características (físicas, de personalidad, mis maneras de relacionarme…) que son unas, pero que mañana serían otras, y así iré evolucionando hasta el día que no exista. La construcción de la identidad, que al final no es más que el desarrollar un amor propio, una relación afectiva sana con uno mismo, es lo que nos hace humanos como tal. Si todas viniéramos de casa ya deconstruidas, imagínate la de tiempo que nos ahorraríamos en entendernos y empatizar con otras, otros, otres, otrxs…

Amén. Y oye, me apetece un montón hablar del trabajo entre bastidores, desde el primer brainstorming que hagáis hasta la edición del teaser de cada convocatoria. ¿Cómo os repartís el curro? Sobre quién recae más la dirección de arte, quién es mejor en logística, quién tiene voto y quién veto, quién acata y quién ordena…, todo eso.

Pues varía muchísimo. No es fácil trabajar entre artistas, a veces los egos no caben en la habitación. Entonces hemos tomado una decisión que consideramos fue efectiva y es que el cartel, el video, el estar en la puerta pasando lista… son trabajos que delegamos en otras personas, con las que nos apetece colaborar y a las que nos apetece dar trabajo y visibilidad. Y luego lo demás, pues según vaya surgiendo. Yo soy un poco terremoto así que lo mismo valgo para un roto que para un descosido, y esto me ha enseñado a gestionarme mejor el tiempo y las habilidades. También te digo que la responsabilidad que tenemos hace que seamos dueñas y señoras de nuestro cortijo.

—Te he escuchado decir por ahí que la respuesta y adhesión al dress-code en pasadas ediciones os ha sorprendido muchísimo, y además muy para bien, pero tampoco lo planteáis como un requisito sine qua non en las convocatorias. ¿Hasta qué punto le dais importancia a la estética propuesta? ¿Es feo plantarse a un Dorao vestida de testículo si la fiesta va de comer trigo?

 —Ojalá alguien vestida de testículo en la próxima edición. Lo ideal es que todas podamos convertirnos en la versión más extravagante de nosotras mismas. Pero cada una tiene sus ritmos y su personalidad, y recalco, que todas las identidades disidentes son bienvenidas, sean más o menos excéntricas. Hay gente que nació para ser vista y hay gente que nació para mirar, y está todo bien. Ambas son necesarias y se complementan.

—A las mil maravillas. Y por ir terminando ya, que el ‘dire’ me va a regañar por extensa y por abusiva, háblanos un poco de la música. El techno de cada fiesta viene siempre acompañado de referencias dispares; la copla, por ejemplo, que ya está impresa en el mismísimo ADN de El Puñal, o el homenaje que dedicasteis a Bowie en la última edición. Esa revisión cultural que proponéis en cada sesión ¿responde más a una sincera gratitud o a una nostálgica melancolía?

Gratitud absoluta hacia los referentes que nos han construido. A mí, como maestra de ceremonias, siempre me gusta hacer un pequeño homenaje musical a iconos que me han construido. A la Veneno, a Bowie, a Lola Flores…, y todos nuestros dj’s siempre tienen un componente de similitud entre referentes.

—Y ahora ya sí, terminamos: ¿Qué podemos esperar para la próxima convocatoria? Dame una pista, por Dios, algún tag o lo que sea… O no me contestes si no quieres, pero ya sabes que Ali-Express no es en absoluto exprés con los pedidos, y yo tengo que ir pensando qué diantres voy a ponerme.

Pues tenemos fecha, pleno orgullo, 5 de julio. Y la categoría es, agárrate fuerte…: SANTA INQUISICIÓN. Tienes tiempo para preparar las hogueras.


Sobre el autor

Juambe Muñoz

Plancho hasta la toalla del gato, y por los dos lados