Vanitas vanitatum, omnia vanitas y olé

Sé lo que van a decirme: «Qué necesidad…»

Pues sí, la hay. Y les pido que nos den una oportunidad a mí y a mi momia, se lo ruego encarecidamente. Les aseguro que el muchacho tuvo días bastante mejores, y me parece muy feo juzgar a un hombre por su hipotrofia muscular. Un hombre es más que músculo y vello; algunos, además, son sus fans, y tal es el caso que hoy nos ocupa: Les presento a Ötzi. Y sí, me declaro fan total.

Ötzi es italiano, más concretamente natural de Velturno, provincia de Bolzano, en la región de Trentino-Alto Adigio, y tiene la friolera de 5.274 años; sí, sí, con sus bisiestos y todo. Bueno, perdón, en realidad tiene 5.320; se me estaba olvidando sumar los 46 años en que los pies de Ötzi caminaron las agrestes tierras de la Italia de la edad del cobre, y prefiero enmendar el error ahora que estoy a tiempo, antes de que venga alguno a levantarme el dedito. Ay, los deditos…

A la vista está que Ötzi no se ha hecho famoso por su cara bonita ni por su admirable físico. Ya les digo que el chico tuvo tiempos mejores. Tampoco ha sido una voz portentosa, ni su forma de besar, ni cómo se mueve cuando hacemos el amor lo que le ha lanzado al estrellato. Lo que hace especial a Ötzi, es que el colega es la momia humana natural más antigua de toda Europa, o al menos ostenta ese honor por el momento. Veremos qué pasa el día en que Dios decida acoger en su seno a Jordi Hurtado, que esperemos no sea hasta dentro de otros 130 años y podamos seguir disfrutando de ‘el Reto’ como hasta ahora sin mayores sobresaltos.

Pero centrémonos en Ötzi. Lo de que Ötzi sea italiano y natural de Velturno no lo sabemos por su bigote encerado ni porque tenga un hermano de nombre Luigi. Tampoco por el lugar donde fue encontrado, en el año 91 del siglo pasado y a una altitud de 3.200 metros sobre el nivel del mar, en algún lugar de los Alpes, en una región fronteriza donde el musical país austriaco linda con la adinerada Italia del Norte de Salvini.

Lo de que Ötzi sea Velturnés — y que los dioses me disculpen si no acierto con el gentilicio— lo sabemos gracias a los pólenes, al polvo y la composición isotópica del esmalte de los tres o cuatro dientes —y disculpen de nuevo esta imperdonable inexactitud, no sé si son tres o cuatro los dientes— que le quedan al bueno de Ötzi.

Pero la magia forense no se queda ahí, para nada; en realidad no ha hecho más que empezar. Los análisis efectuados sobre los granos de polen, partículas de polvo y esmalte de los dientes de la momia, no solo revelan que Ötzi es natural de Velturno, sino que además puntualizan que solo vivió en la región durante su más tierna infancia. Una vez que Ötzi superó la pubertad —ya saben, esa edad en que nos salen pelitos por todas partes y la tribu nos obliga a matar un cochino jabalí a mordiscos y dentelladas sin ayuda de arma alguna— o sea, al volver de la mili, dicen los pólenes que se mudó a vivir a un valle a 50 kilómetros de allí; quien sabe si para buscar una esposa o porque le echasen del pueblo a pedrada limpia por haber confundido una vena con una arteria. Qué, ¿cómo se quedan con lo que viene siendo la disciplina forense? A mi casi me revienta la ‘arteria’ yugular de la emoción.

Pero esperen, no se marchen todavía, que están leyendo de gratis y aún tengo para ofrecerles más, muchísimo más; y además por el módico precio de… ¡sí! cero euros. Ya les digo que no he hecho sino empezar. Y fíjense si soy generoso, que hasta regalo silencio cuando alguno de ustedes me lee y me pone a caer de un burro, pero a los amigos no. A los amigos que no me los toquen. Que es muy fácil criticar aquello que no hemos sudado, así como agradecer lo que sí se ha disfrutado. Pero allá cada cual con su mezquindad y su tan poco envidiable y muy cicatera actitud. Otras hemos nacido generosas, mira, y agradecidas y emocionadas —además de guapas, por qué no decirlo—, y toda vuestra ruindad la compensan las risas que nos echamos en la redacción. Ay, qué jartón de reírnos, muchacha. ¡Y lo que me pone a mí una vena bien gorda, Antoñito de mi alma! Se llame como se llame la vena de las narices, el caso es que haga pum, pum. Ay, ya salió la lista que todo lo sabe: ¿Que las venas no tienen pulso? ¿Que el pulso solo lo tienen las arterias? Pues mira, guapis, perdona. Es que ese día Antonio y yo nos fumamos la clase porque habíamos quedado en los billares con dos manojos de venas y arterias que mejor no te lo cuento, no sea que te dé un parraque malo de la envidia y te quedes más tiesa que la momia esta de los cojo… Vale, vale; tienes razón, Antonio, es preferible dejarlo estar. Mejor vamos a lo que vamos. Centrémonos en la momia y en su análisis forense. Les aseguro que es fascinante.

¿Por dónde iba? Ah, sí, el polen. Pues el polen —en este caso polen de carpe negro, que florece en primavera— también nos cuenta que nuestro chico la debió de espichar entre abril y junio del año 3.255 a.C. Y también el polen revela que horas antes de espicharla, Ötzi realizó dos ingestas separadas por al menos dos horas de diferencia entre la primera y la segunda, habiendo realizado esa segunda y última ingesta al menos ocho horas antes de la muerte. ¿El menú? Enseguida se lo digo. Déjenme consultar el análisis intestinal un momentito, no sea que me equivoque con alguna especia y cometamos un anacronismo o alguna incoherencia geográfica y terminen por cerrarnos el chiringuito. El menú, sí, aquí lo tienen:

En su penúltima comida Ötzi degustó una deliciosa carne de gamuza, y lo último que masticó fue carne de ciervo rojo. Y por favor, les ruego que no tomen el color del ciervo en toda la literalidad, saturación y pureza cromática del pantone 032c. Lo de ‘rojo’ no es más que una licencia en la nomenclatura común de la especie cervus elaphus, a veces también conocidos como venados, de pelaje ligeramente cobrizo —de ahí lo de ‘rojo’— en comparación con el pelaje más grisáceo de la especie cervus elaphus hippelaphus, quizá algo más grande que el ciervo rojo o venado, y de carne más dura y bastante menos sabrosa —aunque en esto cada quién tendrá sus gustos particulares. Faltaría plus—.

Ambas comidas fueron acompañadas de espelta —que es un cereal, no te piques y entiéndeme, que no estoy hablando de ti. Tú, lo que eres, es una experta como la copa de un pino, que da gusto escucharte corregir y que tienes un arte y un salero que no se pueden aguantar, ozú, y ole tú y tu moño negro, pero yo lo que digo es espelta, muchacha, que eso es un cereal, como los corn flakes—.

«Pues en la Wiki pone escaña ¿eh? No es por nada, es solo para que lo sepáis ¿vale?».

Ay, pues claro que sí, guapis. Mírala qué maja ella. Pero es que la espelta es una variedad grande de escaña, una milenaria variedad de trigo cuya nomenclatura taxonómica es triticum spelta, una planta hexaploide que a su vez proviene de la escanda (o escaña, sí) salvaje, digo silvestre, joder, quería decir silvestre; y a la cual ya hace referencia la conocidísima abadesa Hildegarda de Bingen cuando describe a la espelta en su Liber simplicis medicinae como un  grano aún más nutritivo que el propio trigo común con el que se fabrican las hostias como panes que te vas a comer como no me dejes de tocar los huevos niña que te estás poniendo muy pesadita y así no hay quien avance, joder. ¡Ay qué chicharra, copón!

¿Por dónde íbamos? Ah, sí, el análisis intestinal. Bueno, pero es que no solo están los pólenes y el análisis intestinal…, ¡es que además está el ADN!

Vale, vamos a empezar con todo lo del ADN. ¿La tenéis amordazada? Es que al final no terminamos nunca y ya empiezo a estar de la momia esta un poquito hasta los güebers. Ya me ha jodido toda la tensión narrativa. A ver ahora cómo mierdas lo levanto…

Bueno, bueno, bueno… ¡Y qué decir de ese ADN que tiene la momia! ¡Miren qué ADN, por Dios! ¡Es que da gloria de verlo, todo así de trenzadito! Admiren la elegancia del diseño. Pues por el ADN sabemos que Ötzi tenía los ojos castaños. O por qué no tomarnos la licencia, ahora que por fin la tenemos amordazada: Mejor diré que tenía los ojos color avellana, que así queda más pintón y muchísimo más lírico.

Y por el ADN también sabemos que el grupo sanguíneo de nuestro Ötzi era el O+, que era intolerante a la lactosa, que era genéticamente proclive a padecer problemas cardiovasculares y que ya padecía artritis, enfermedad de Lyme, caries y parásitos intestinales. Lo de la caries y las lombrices no se ve en el ADN, que ya la estoy viendo venir. Eso se ve al microscopio o con una lupa gorda y no hace falta complicarse tanto.

Y no es que yo sea forense ni bióloga ni arqueóloga ni genetista ni paleontóloga. Yo lo único que tengo es una licenciatura en Gramática Parda por la Universidad de Lavapiés, amén de un máster en saunas y cuartos oscuros y de hacer un venado con chocolate que se te caen las bragas en cuanto lo pruebas, por estas. Pero no, tú no lo vas a probar, porque eres una cansina y una estomagante y porque antes de sentarte a ti a mi mesa prefiero chuparle el pijo a un muerto.

Yo es que todas estas cosas las sé porque están en la Wikipedia, y en la era de internet, ya ha quedado demostrado lo inútil que es almacenar datos y datos como si fueses una maldita computadora, hija mía. Y luego además hay cosas que una computadora jamás podrá almacenar, cosas como por ejemplo el sentido del humor o la sensibilidad compositiva necesaria para confeccionar un texto que emocione hasta la médula; y cosas también, por qué no, como la educación y el respeto, y la gratitud hacia lo que se nos brinda por puritito amor al arte y de manera absolutamente filantrópica y desprendida. No, querido, no; esas cosas no las almacena un ordenador ni las enseñan en las escuelas, esas cosas le vienen a una con el charm que traiga de serie. Pero es que charming, cariño, o se nace o no se nace. Lo de la educación sí, mira, eso a lo mejor te lo podemos arreglar entre todas un poquito; pero de lo del charm mejor te vas olvidando, porque tú has nacido bosquimana y bosquimana te morirás, con menos glamur que la momia esta de los cojo… Vale, Antonio, ya lo dejo; mejor es dejarlo estar…

 

Lo dejamos, va, y a ver si terminamos de una vez, que ustedes tendrán sus cosas que hacer y yo he quedado con Randy. ¿Dónde nos habíamos quedado? Ah, sí, sí; la Wikipedia, ahí quería yo llegar. ¿Por qué? Pues porque el análisis forense reveló en su momento un secretillo de Ötzi que no van a encontrar ustedes en la Wikipedia. Bueno, ni en la Wikipedia, ni en la revista Science, ni en el National Geographic, ni en el Muy Interesante ni en ninguna otra parte por mucho que lo busquen; porque ese dato sobre la momia se ha estado ocultando de manera deliberada y sistemática desde que se descubrió. Y no es un dato que carezca de interés. Al menos a mí me interesa bastante, seguro que a ustedes también; y desde luego nos va a interesar mucho más que saber si Ötzi se comió un ciervo, una gamuza o lata y media de mejillones ocho horas antes de morir congelado.

El caso es que, al parecer, Ötzi albergaba restos de semen en su cavidad anal. ¡¡¡YASSS!!! ¿Lo pueden creer? ¿Ven de qué malísima manera se tergiversa hoy la historia? Pura homofobia científica, señores, esto es del todo indignante. Es que mira que son nazis. ¡JA! Pues os jodéis, que lo hemos descubierto. Un manchurrón de esperma como una alberca de grande, un corridón de concurso que como ya imaginarán, después de haber sido analizado y vuelto a analizar yo qué sé ya cuántas veces, al final se determinó como no perteneciente al propio Ötzi, sino proveniente de algún otro alguien que, fíjate tú que cosas más raras pasan, resulta que no era Ötzi. Pero vamos, que tampoco hacía falta ser un Arsuaga de la vida para haberse dado cuenta. Eso se lo podríamos haber dicho cualquiera de nosotros a los forenses y se hubieran ahorrado un análisis de ADN seminal. Que me dirás que cien pavos no van a ninguna parte, pues vale; pero mira, un lomito de venado al chocolate para dos, con una botellita de Ribera del Duero la mar de digna, que tampoco es tan poca cosa, y más si se comparte en amistad y armonía. Buen rollito.

Yo es que a probar el mío no pienso invitarte, cuchi, porque me has caído mal, y el buen rollo me lo guardo para invitar a la gente chachi; pero por tan solo cien pavetes te lo pone César Martín con mantel de hilo en Lakasa, ¿Qué en qué casa? Pues la de César Martín, muchacha, cuál va a ser, Raimundo Fernández Villaverde 26, y se te curan todos los males.

Qué, ¿cómo te quedas? Quién te lo iba a decir de semejante momia tan fea, ¿verdad? Ötzi murió congelado y horripilante, pero feliz; y tú tan viva y tan amargada, jo. Pues ya te he dado yo la receta, guapis; un buen platito de caza y luego a deshacer bien la cama, verás qué poco te importan después las gambas de los demás. Y no se deben, de nada, aquí estamos para servirle a Dios y a usted.

¡Ah, lo olvidaba! Seguro que te quedarás más tranquila si te facilito la fuente que me ha puesto al tanto de este delicioso chisme científico-histórico. Faltaría más, cariño, si por mí fuera yo te la daba, pero me parece que no va a poder ser. Verás, el caso es que, te vas a reír, pero resulta que todas las publicaciones que en su momento derrocharon titulares anunciando a bombo y platillo la mariconería de la dichosa momia, enseguida se apresuraron a borrar de sus webs todas esas publicaciones en cuanto la doctora Angela Gräfen desmintió al fin la noticia. Y es que al parecer, no fue semen lo que los investigadores hallaron en la cavidad anal de Ötzi, sino semillas. Por lo visto, en alemán, la palabra para semen y para semilla es la misma. Fue un error de traducción. ¡Y cayeron como moscas! El País, el ABC, el Mundo, la Vanguardia…, TODOS; metieron la gamba hasta el corvejón. Para que veas que hasta el más pinturero se equivoca algunas veces. Todo el mundo menos tú, claro está, porque imagino que esto tú ya lo sabías, nadie lo duda; como también sabrás alemán, además de medicina.

Si es que seguro que te dejamos un nudo gordiano y nos lo desatas en lo que yo me pido un Trina. Pero qué lista es mi niña. Ah, y por cierto, antes de que te apresures a comentar te diré, que no es cuestión de corrección, sino de formas. No es la puntualización que le has hecho a Antonio lo que a mí me ha molestado, que siempre es de agradecer, sino tus formas cutres y tú malísimo mal rollo, que de verdad espero que te lo mires y te lo cures.

Un besito, guapis, y a seguir aprendiendo cositas, ¿eh? Luego te pasas por aquí y nos las cuentas, porfa.


Sobre el autor

Juambe Muñoz

Plancho hasta la toalla del gato, y por los dos lados