Rompiendo Armarios

Hay temas en estos posts comunales (como nosotros los llamamos) en los que nos podemos sentir más o menos identificados, pero claro, tratando el tema de “Nuestra salida del Armario” en esta Jaula de grillos o Cage aux folles que es nuestra redacción, no podía darnos más de lleno.

Ser adolescente es difícil, pero ser adolescente y del colectivo LGTBIQ+ es un horror. A ningún heterosexual se le ha obligado a “salir del armario”. Es una experiencia a veces suave, reconfortante porque refuerza muchos vínculos familiares y de amistad; pero muchas veces es traumático, rompiendo relaciones, dejando cicatrices emocionales, incluso con violencia ya sea externa o autoinflingida.

Por si no lo sabéis, el colectivo LGTBIQ+ es el que mayor tendencia tiene al suicidio, primero planeándolo (34,9% vs.11,9%) y luego intentándolo (24,9% vs.6,3%)*. Por eso queríamos compartir nuestras historias, para que si algún adolescente LGTBIQ+ o padre de uno o simplemente que conoces a alguien que lo sea, veáis lo que es pasar por esta fase y que NO estáis solos. Y después de esta perorata, agarraos los machos!

Cuando crees que nadie lo sabe pero hasta Madonna se ha dado cuenta.

Hilde:

Yo no salí del armario, a mí me sacaron. Básicamente porque me pillaron follando con 16 años. Ya no recuerdo ni con quién. Después estuve otros 16 años sin hablar con mi padre. Mi consejos si quieres salir del armario son los siguientes:

  • Tú eres más importante que ellos: ser honesto contigo mismo es mucho más importante que lo que pensarán tus padres, familiares o compañeros.
  • Si no te aceptan después de salir del armario, a lo mejor es que no te merecen. Que te vas a quedar sin tuppers de croquetas porque tu madre no hace croquetas para desviados, pues aprendes a hacer croquetas, y punto.
  • No se sale una sola vez, se salen muchas: yo, que ya peino canas, y no solo en la cabeza, sigo saliendo del armario de vez en cuando. En el trabajo, con nuevos conocidos, prácticamente todos los días.
  • Pide ayuda: a tus amigos, a profesionales o a asociaciones. Si necesitas, pide ayuda.

DMalignus:

Lo mío sucedió por oleadas aunque, desde que tengo noción sexual, he sabido que me gustaban los chicos.

Empecé muy pronto a tener escarceos: algún compañero de colegio, vecinos y amigos. Todo muy de proximidad. Con 11 años más o menos ya hacía de todo y tenía cinco «contactos fijos» que mantuve hasta los 18. El caso es que hasta esa edad el sexo era mecánico sin aderezos emocionales. Pero hubo una persona nueva que, en lugar de hacerme y dejarse hacer, me besó por primera vez.  Aquello fue como un despertar y supe que mi vida necesitaba tomar un nuevo rumbo. No es que me enamorase al uso, pero todo cambió.

Me cagué de pánico porque ya no soportaba mi vida anterior y no sabía qué hacer ni por dónde empezar. Comencé por buscar mi propio espacio (mi familia es numerosa, soy el hijo mayor y ya no me veía conviviendo con ellos). Mi madre notó el cambio y comenzó a preocuparse mucho, sobre todo cuando le comenté que me iba a vivir a un piso compartido con otros amigos. Se puso descompuesta, no entendía nada, discutimos y entonces se lo dije.  Se quedó sorprendida, me pidió que no me marchara así y mucho menos por eso. Lo que sucede siempre: ella lo sabía sin más, una madre siempre sabe las cosas. Me dijo que ella comprendía mi necesidad de espacio pero que no lo hiciese a lo loco, que tuviese cuidado y etc. Lo que una madre siempre dice. No hemos vuelto a hablar de ello ni falta que ha hecho.

Con mi padre jamás traté este tema ni ningún otro que no fuese algo práctico y básico: era una persona hermética. Ni siquiera sé si mi madre se lo llegó a decir.  Falleció hace un par de años.

La segunda oleada fueron los amigos «de siempre». Yo mantenía mi vida perfectamente compartimentada y con mis amigos cercanos jamás tuve roce sexual de ninguna clase.  Entre estos estaban los amigos del barrio/colegio/instituto por un lado, los amigos de la sierra por otro y los de la playa por otro. Con ellos mantuve mi secreto hasta que conocí a mi primer novio oficial: había llegado el momento de quemar las naves. Reuní a todos los que pude por mi 22º cumpleaños y expliqué mi asunto a los que acudieron.  Luego les presenté a mi novio.

Las reacciones fueron muy variopintas: unos con total normalidad, otros con incredulidad, otros con recelo y molestia por no haber compartido algo tan importante con ellos. Otros se apartaron en silencio y tardaron en aceptarlo.  Al cabo de los años puedo decir que aún conservo buena relación con todos ellos. Excepto con aquel primer novio que resultó ser un psicópata y salió de mi vida rápidamente.

Y esto es todo, muy concentrado y resumido, claro.

David Miralles:

Mi salida del armario fue forzada…a eso de los 18/19 me sentó mi madre y me dijo:  «¿hablamos o aún no?» Y yo haciéndome el sueco … Pero se ve que lo de tener vídeos porno escondidos en mi armario y otras mil mariconadas más que llevaba haciendo desde el día que nací… Vamos que me sacaron del armario, como a Ricky Martin.

MM:

Si pude salir del armario con dieciséis años es porque tuve suerte. Me había rodeado de una pandilla de gente tan guay, cariñosa y verdadera que me dio vergüenza mantener el rollete falso de «es que me gusta esa chica y soy timidón». Dentro del armario, sentía que los estaba traicionando así que un día se lo dije a una amiga (bueno, se lo escribí en un bloc porque no me atrevía a decírselo a la cara) y luego a otra, y luego a otro…Lo que me sorprende es la angustia que tuve esos días pa morirme, con lo fácil que fue y lo liberado que me sentí una vez dicho.

A mi familia no le dije nada porque no lo creí necesario de lo evidente que me parecía. Un día, ya talludito, llevé a mi novio a una comida súper-importante familiar y todo el mundo lo dio por supuesto, así que había juzgado a mi familia bien.

Mi consejo para quien quiera salir del armario, no es un consejo, es una certeza; TODO MEJORA.

Antonio Sánchez Bejarano:

Mi salida del armario fue a la tierna edad de veintidós años. Estaba yo en la Universidad de Murcia estudiando Psicología y tan callado dentro del armario que ni las polillas sabían que era gay. Por aquellos tiempos pensaba que era el único gay en la faz de la tierra (¡ay, iluso de mí!), hasta que un día me armé de valor y se lo confesé a un compañero que creía que también era de mi bando. Cuál fue mi sorpresa cuando me dijo que no lo era (el tiempo me dio la razón cuando, meses después, me lo encontré en un bar de ambiente). Él me dijo que una compañera (y actualmente amiga) era lesbiana. A partir de ahí todo vino rodado. Me costó salir y poner un pie en un bar de ambiente (los prejuicios de mi mente por aquellos tiempos me jugaban malas pasadas), pero gracias a ella y a otro amigo me ayudaron, me convencieron, casi me arrastraron de los pelos para que les acompañara a un bar y al colectivo de gays y lesbianas de mi ciudad. Tuve suerte porque, poco a poco, me acepté con naturalidad, arrinconando a las polillas de dentro del armario, al igual que a mis miedos y mis dudas.

C. del Palote:

Lo mío fue fácil, a golpe de pregunta maternal directa y sincera con 19 añitos, hace ya una era: ¿Yo creo que a ti te gustan los hombres, no? La respuesta fue lacónica pero también sincera: «Sí». Unos lloriqueos leves después me dijo que quería conocer a mi novio, y cuando cita mediante vio lo responsable y guapo que era se quedó tan tranquila y convencida de que no podía haber hecho mejor elección. Esa misma tarde lo de mi padre fue mucho más emotivo, me vino a buscar a mi habitación, me pregunto si lo que decía mi madre era verdad y ante mi afirmación se acercó, me dio un abrazo muy fuerte y me dijo que yo era su hijo y que me quería tal como era, que mientras que no fuera drogadicto… Y así de chulo fue todo, nunca podré dejar de agradecerles el porrón de años de sufrimiento y mentiras que me han ahorrado y el sentirme aceptado en mi familia sin prejuicios ni moralismos absurdos.

El Científico Loco:

Mi salida del armario estuvo patrocinada por “Farmacia de Guardia». Corría el año 1994 y los dinosaurios dominaban la Tierra. Yo, a la sazón, era un joven y nada prometedor estudiante en la Complutense. Había abandonado una pequeña vida de conservadurismo y capilla en provincias para instalarme en una pequeña vida de conservadurismo y capilla en la capital y, decidido dar ejemplo en mis carnes de aquel proverbio apócrifo que dice “quod natura non dat, Matritum non praestat”(Lo que la naturaleza no da, Madrid no lo otorga), me dedicaba a dar la espalda a las lujurientas calles y tabernas de Chueca para seguir conservando mi pertinaz represión.

Era una época, recordemos, en la que aún no existía Netflix y en la que, por tanto, los jóvenes teníamos que buscarnos entretenimientos por otra parte. En mi caso, hallé incontables horas de diversión en el melodrama. Me lo pasaba como un enano sufriendo por todo: en particular, sufría por la idiotesca situación de sentirme un nefando pecador que no practicaba el vicio nefando. Ya puestos a sentirme culpable por algo, lo lógico y lo sencillo hubiera sido sentirse así por algo que hubiese hecho, a ser posible muchas veces y en todas las posiciones, pero a mí no me valían las soluciones sencillas. No, yo era todo un sibarita de la angustia, así que opté por experimentar todos los entretenidísimos matices del sentirme mal por mi mariconez sin disfrutar ninguna de las ventajas de practicarla. Pero había algo que me impedía regodearme por completo en mi cuidadosamente cultivada miseria: no tenía a quién contárselo.

Porque, admitámoslo, la autoconmiseración es como el sexo: está muy bien practicarla a solas, pero la experiencia suele mejorar cuando se hace acompañado, ya sea en dúo o en grupo. Pasarlo mal pierde mucha de su gracia cuando nadie más que tú se entera de ello. Así que iba siendo hora de abrirse a alguien con el noble fin de darle la brasa.

El problema es que no me atrevía hacerlo con mis amigos hetero, no sea que se me fueran a averiar. Pasado un tiempo, se me ocurrió una solución novedosa: buscarme amigos en mi lado de la acera. Pero en vez de conocer gente mediante el procedimiento clásico (consistente básicamente en eyacularle a alguien en la cara, como hace la gente normal), opté de nuevo por la vía difícil y me apunté al COGAM.

Empecé a frecuentar las reuniones de los sábados por la tarde del grupo joven del COGAM. Allí conocí a un montón de gente maravillosa e inolvidable que habrían sido grandes amigos míos hasta toda la vida si no fuera porque me parecían todos gente horrible y porque les olvidé a absolutamente todos casi de inmediato: en el fondo, no estaba aún preparado para dar el paso y relacionarme con otros gays de una forma sana y natural (es decir, con eyaculaciones en la cara).

Pero al menos echaba el rato una tarde a la semana con otras personas casi casi tan patéticas como yo. Y aquello NO cuenta como salida del armario, evidentemente. Pero fue un paso necesario, porque fue una noche de sábado, tras salir de una tarde de proyección de vídeos en el grupo joven del COGAM, cuando por fin me planté delante de mi mejor amigo hetero y salí del armario con él.

Algo había visto en ese cinefórum que me removió todo por dentro y me hizo sentir la necesidad de sincerarme con mi amigo. Un metafórico rayo de luz que me hizo sentir deseos de ganar en libertad y convertirme en mejor persona. ¿Qué fue aquello que vi que tanto me conmovió? ¿Sería la refinada atmósfera británica del “Maurice”de James Ivory? ¿Tal vez el agridulce sentimentalismo de la “Trilogía de Nueva York”de Harvey Fierstein? ¿O al menos los potentísimos pezones de Brad Davis en “Querelle? Pues no. Lo que había visto aquella tarde fue el capítulo de “Farmacia de Guardia”en el que Pablito, el mejor amigo de Quique, le contaba a su amigo que era homosexual. Ahí queda eso. Y luego dirán que las series españolas no educan a la juventud.

Sr_Skyzos:

Que todos tenemos derecho a nuestro momento «drama», es más que evidente. Y con los antecedentes que tenía en mi círculo de conocidos de salidas de armario (desde un «prefiero un hijo muerto a un hijo maricón», pasando por el «coge tus cosas y vete de casa»), creía que lo mío sería algo parecido. Os ubico: familia humilde católica, con cierto tufillo de derechas (por la parte paterna) donde lo más rojo que ha entrado eran las fresas del mercado de los viernes… Así que, ni me lo plantée en su día. Nonono, salir del armario, no way… Hasta que te sacan.

En mi defensa he de decir que mis hermanos lo sabían, en esos momentos de arrebato fraternal donde se abren los siete sellos y dejas salir los secretos más inconfesables… O lo que viene siendo, en la barra de un bar, un domingo, esperando a que saliera todo el mundo de la enésima comunión de la familia… ¿Cuál fue su reacción al comentarle que ese chaval que entraba en casa no era mi amigo, si no que había sido mi primer novio? Decir simplemente «ah, con razón venía tanto y ya no lo vemos»… Death drop on the floor o como se ha dicho siempre, QUÉDATE MUERTA.

Con este colchón salvavidas y después de confesarles a mis hermanos que ya no era mocita pero estaba soltera, llegó mi madre preocupada por mi «fase puta»… Todo el mundo sabe lo que es una fase puta: hacer lo que haría cualquier protagonista de «Sexo en N.Y.» pero elevado a la enésima potencia. Salir de fiesta todos los días que se pudiera y follarse cualquier cosa con rabo… En mi caso, me volvía con el rabo entre las piernas (el mío, malpensada), pero salir, salía. Hasta las mil… Primero de Farrah sólo, después de Farrah Fawcett con Mutarr y Mi Santo, que ya entró en escena en dicha época. Y claro, mi madre, que no veía «Hermano Mayor» porque no estaba todavía en parrilla, pero sí que vio en su día «El pico» o se había puesto en modo repeat «La madre» de Victor Manuel, me arrinconó un día para preguntarme que si me pasaba algo… Le faltó mirarme las pupilas a ver si estaban dilatadas o buscar indicios de pinchazos en los brazos… Tras ese momento peliculero, me quedé sin argumentos y le dije:

-Mamá, tengo algo que deciros.

-Qué pasa, ¿qué eres gay? Si tu padre y yo ya lo sabemos, sólo queremos que seas feliz. Ante este argumentario ya no sabía si saltar de alegría y dar abrazos llenos de purpurina arcoiris o quejarme de que me hubieran quitado MI GRAN MOMENTO DRAMA QUEEN…

MuTarr:

Pues mi salida del armario fue bastante ordenada y sin aspavientos. A los 16, tras encontrar un grupo de amigos en plan “El club de los 5” en el que todos nos sentíamos incomprendidos incluidos: el deportista, la chica guapa del instituto, los empollones (un servidor), la pasota, etc. Pues con ellos fue natural, aún me acuerdo cuando mi amigo Jorge (el deportista, casi profesional) que fue el último en saberlo me dijo que era un imbécil y que se sentía dolido por ser el último ya que él me quería como amigo y punto.

El siguiente paso fueron mis hermanos, a mi hermana se lo conté a los 19, cuando rompí con mi primer novio-rollete del disgusto que tuve y con mi hermano un poco después cuando le presenté al que fue mi primer NOVIO formal.

Con mis padres fue ya otro tema, arrastraba una piedra desde los 12 años y era algo que me impedía contárselo a ellos. A los 21, con novio casi dos años en plan subterfugio; desapareciendo todos los fines de semana (me iba a su casa a dormir) pues la situación se hizo insoportable. Por un lado mi novio, de 34 añazos, estaba hasta las narices de aguantar estar en la sombra y por otro, mis padres me decían que usaba la casa como un hotel para comer y poco más.

En esa época me eché un grupo de amigos con quien salir por el ambiente, todos casi de la misma edad, todos en el armario con los padres… Y tras dos pilladas a dos de mis amigos en las que los padres se enteran sin querer, malas reacciones, incluso con psicólogos de por medio (para el hijo, cuando quien lo necesitaba eran los padres…) me dije: “Cuando veas las barbas de tu vecino cortar…”

Pues bien, ahí me planté una noche en casa. Mis padres estaban viendo la tele cuando salí al salón y les dije que si podían quitarla que tenía que contarles algo. Pues bien, les dije que las razones por las que casi no estaba en casa;  que la comunicación no era fluida y la tensión que había era básicamente porque era gay. Y aquí me quité la piedra lanzándosela a mi pobre padre. Le dije “Si me vas a pegar una hostia que sepas que te la voy a devolver”. A continuación les dije que tenía novio. Y mi madre agregó “Y es XXXX” ¡CORRECTO! Si es que las madres siempre lo saben. Y mientras mi padre estaba en shock. Me preguntó por qué le había dicho lo de la hostia y le dije, que cuando tenía 12 años en una comida con sus amigos dijo “Aceptaría que un hijo me saliera homosexual pero la hostia inicial no se la quitaba nadie”. El pobre no sabía dónde meterse, le dolió mucho haberme hecho ese daño y que lo llevara ahí durante todo ese tiempo.

La verdad que los siguientes años no fueron fáciles, mis padres usaron la política del “Don’t ask, don’t tell” y tuvimos unas cuantas broncas sobre el tema, pero poco a poco se dieron cuenta que lo que importaba era mi felicidad. Mi padre falleció unos años después y siento que no hubiera podido conocer a mi marido, mi madre es su fan número 1. Y para que veáis cómo puede cambiar la cosa. Cada vez que vamos a visitarla le compra todo lo que a él le gusta y pasa de mí. Un día le dije “¿Se puede saber por qué no me cuidas tan bien como a mi marido?” Y me dijo: “Cariño, a ti te tengo ganado, es a él a quien me tengo que ganar”.

Así que, lo importante es vuestra felicidad. No os lo guardéis, no os escondáis, no estáis solos y nunca lo estaréis. Y es verdad, TODO va a a mejor.

 

 


Sobre el autor

Atroz Con Leche

Podríamos empezar diciendo “Bienvenidos a este blog” pero mentiríamos cual bellacos. También podríamos comenzar con las palabras “Esta es una nuevo modelo de red social” pero ni de coña y tampoco hay ganas. Esto es… Atroz…No hay palabra que mejor lo defina. Bueno sí que hay otras, pero si las escribimos no podrían leerlo niños y además ustedes se van a asustar.