Un soñador con sierra mecánica

 

¿Sabéis lo que es la perfección? La perfección son las piernas del único chico que va a mi clase de pilates. Y no, no os confundáis, aún no he llegado al punto de ver qué horarios tiene para coincidir con él a propósito. Esas cosas las dejo a la casualidad, que aún no me he convertido en un acosador… Aún.

Los espejos de la clase me ayudan a disimular mientras le miro de reojo cuando se estira e, instantáneamente, imagino que me roza con alguna parte de su cuerpo. A veces pasa, sobre todo cuando hay mucha gente y poco espacio, pero de normal solo me topo con piernas que no me interesan, nunca las de él.

Quizá el profesor debería de añadir algún ejercicio nuevo a la tabla, algo sencillo, práctico y efectivo como, por ejemplo, que pasara sus piernas y las pusiera en mis hombros o puede que algún frotamiento rítmico porque, joder, eso tiene que ser bueno para tonificar las piernas y, claro, para mí también.

El resto de él es lo más normal del mundo: moreno, ojos marrones, cara ordinaria, cuerpo estándar, actitud invisible y andar insulso. Si fuera por mí, todo a la basura. Lo dejaría en el contenedor, con las piernas en alto, e iría y se las cortaría a la altura de la cintura. Acto seguido, me las llevaría a casa y las metería en un macetero cada una.

Si pudiera, me dedicaría a coleccionar partes sueltas de diferentes sujetos. Tendría, por ejemplo, un torso peludo, torneado y de pezones grandes para colgar la ropa a modo de percha, una espalda generosa como tabla de planchar, un culo respingón y más bien grande para poner los CD, un ombligo bien redondito que sujetara el incienso sin caerse, unas manos fuertes y cuidadas para sujetar la ropa del tendedero y, para terminar, un pene en la puerta del frigorífico para abrirla siempre que me hiciera falta. Y, bueno, lo del cerebro y la cabeza sería para ponerlos en una urna cerrada con candado y rodeada de velas para poder rezar cada noche, agradeciendo ese hallazgo tan inusual.

Ser un Frankenstein de la vida. Un soñador con sierra mecánica.


Sobre el autor

Antonio Sánchez Bejarano

Navego por mis abismos internos en busca de una salida. También cuento historias en primera y en tercera persona; reales o inventadas. ¿Qué más da? Son historias, al fin y al cabo, que es de lo que estamos hechos.