El que es digno de ser amado

A veces los libros son como un cuerpo humano, tienen vísceras, ojos, piel, manos. Uñas que crecen y axilas que sudan. A veces los libros se dejan acariciar y te acarician, te devuelven el interés y te cuentan una historia amable, interesante, que deja un poso ligero en tu intelecto y te permiten recordar sus páginas con la media sonrisa de haber pasado una noche tranquila. Y luego están los libros que debajo de sus páginas esconden un lobo.

El libro de Abdelá Taia (Salé, 1973) esconde un lobo terrible. Habla de lo que habla, de un hombre y su incapacidad de amar a otros hombres sin destruirles hasta el tuétano, igual que hizo su madre con su padre, dejando un rastro de cadáveres por el camino. Pero hay una sombra detrás, otra historia mucho más profunda, mucho más desasosegante, mucho más incómoda que la ya de por sí incómoda verdad que se ve a primera vista. Habla de ocupación, de perder el origen, de que te roben la identidad. Habla del amor y de la patria. Explica, en palabras que no son, los últimos veinte años de la existencia. Y todo esto envuelto en una literatura de francotirador epistolar, cuatro cartas de cuatro personajes heridos por el pasado, el presente y un futuro que enseña los dientes.

Los libros de la editorial Cabaret Voltaire no son fáciles. Recuerdo el momento en el que leí la primera página de “Canción Dulce” de Leila Slimani. Cerré el libro y pensé “No puedo leer esto, es demasiado duro”. Este libro, con la foto de la portada, el autor desnudo, tapándose el hueco donde suponemos está su corazón, te hace pensar en una historia completamente distinta. No te equivoques, lector. Es una historia necesaria, imprescindible, pero no fácil. Es una historia que debes leer. Que te invita a actuar.

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Sobre el autor

Hilde

Soy hipocondriaco, paragnósico, ateísimo y me tiro pedos.