“Di Mi Nombre . . . ” / Pepe Rivas

Pepe Rivas

Que bonito ha escrito siempre José González Rivas, por todas conocido por Pepe Rivas, amante en el uso de analizar las escenas cotidianas ingeniosas con talento y que experimente la innovación en casi cualquier brazo de la cultura plástica o sonora con etiquetado de ‘avanzado’. Yo estoy muy nerviosa, a la par que entusiasmada y sobre todo agradecida, porque haya sacado este tiempo para “Atroz con leche” y escribir este reto intelectual en forma de artículo para el portal, donde no se nombra, donde invita a nombrar, donde es fundamental el nombre, pero, el nombre lo pone el/la lector-a. No sé como le va a sentar esto, pero me voy a apropiar y arriesgar utilizando el guiño cómplice de su candorosa abuela con él; ‘Gracias Pepito‘.  

“Di mi nombre . . . “

Me dispuse, me senté y desconecté del exterior; algo que suelo hacer con facilidad. Estoy, pero como si no estuviera, porque estoy en mi. Me abstraje, una condición muy humana, de la realidad y otra vino a mí.

De momento sonó una guitarra flamenca, casi oxidada por el tiempo. Aquello sonaba como lo hacía la bocina de una gramola. Pero, ¿Quién está ahí? “El niño Ricardo” recuperado de un antiquísimo disco de pizarra a 78 revoluciones por minutos. Y sonó esa voz, y sonó a Huelva: a Fandango de Alosno, casi diría. Y de repente se trastoca y emergen bulerías, alegrías de Caí. Y el revuelo, que no es tal, porque todo está tan medido y aunque parezca decaer, no lo hace; en ese momento todo gira y hay una inflexión, que huele a dixieland, al sentimiento de raíces de otro sitio y época.

Pero está quién es; es posible que con esta música de raíz íbera, por la península, sea capaz de aunar, con buen gusto y elegancia las culturas antiguas musicales del mundo (Jazz y flamenco).

Hay que tener mucho arrojo de hacer lo que hace, y bonito. ¿Un producto?, pues tal vez. Pero hay un trabajo detrás, que para sí quisieran muchos músicos de medio pelo, o pelo entero.

Cómo se puede musicalizar un texto del mismísimo Juan de la Cruz (Santo para los católicos, grandísimo poeta para los demás), sin inmutarse. Todo esto suena a otra época, dominada por Lole Manuel, Bambino, Camarón, e incluso, Las Grecas (siempre espectaculares); todos ellos dieron al flamenco una nueva y particular dimensión. En esta ocasión, al final de la segunda década del siglo XXI, es el principio de hacerlo con entusiasmo, con tecnología, sin rubor, sin prejuicios y con poder absoluto.

Vívelo como quieras, pero estamos ante un acontecimiento de orbe. Y yo, por supuesto, lo voy a disfrutar y quién no quiera, o lo vea… pues eso.

Posdata personal y reiterativa:  “Gracias Pepito” 

 


Sobre el autor

Donna Semen

¡Guerra a la vulgaridad!