El lado derecho del costado (carta de amor a Germán Coppini)

Me escondí como me dijiste que hiciera. Inventaba enfermedades para no salir de mi cuarto. No quería, ni sabía el porqué. Sólo sé que hubo un antes y un después de todo aquello, de esa estrofa tan siniestra: “no mires a los ojos de la gente, me dan miedo siempre mienten”. Y a mí me daba miedo la gente. Mucho, además. Para un adolescente, sólo tenía 14 años cumplidos, fue como una lanzada liberadora en mi costado derecho de cuya herida empezó a brotar, mezclada con agua y sangre, la esperanza. Alguien me entendía. Ya lo sentí con otros contemporáneos tuyos como Eduardo Benavente (Autosuficiencia) o Fernando Márquez (Para ti), pero no estuvieron a la altura. Eras el único. Por ti comprendí, en toda su extensión, el significado de la palabra devocionario. Creo recordar que hasta rezaba. Me vestí de ti, me acomodé en las cremalleras de tus cazadoras de cuero, en tu pelo cardado. Me subí a tus  buggies y con ellos recorrí más de tres años de mi vida. Cumplí los 16 venerando a una virgen loca cuyo mensaje me recordaba a esa Tía Tula de Miguel de Unamuno.

Y es que eras literatura cantada. No recuerdo una lírica tan exquisita y mágica. Calaba hasta los huesos. Pero yo no quería salir de mi habitación, habían sido demasiadas decepciones. Mis amigos no me entendían. Era muy raro, demasiado oscuro para ser tan joven. Tú eras raro y la gente te adoraba, te adorábamos, así que no podía ser tan malo eso de mirar al mundo con unos ojos velados por una tristeza impuesta. Las pocas veces que me atreví a respirar con otros muchachos volvía a casa, entre arcadas de lo bebido y convulsiones nerviosas, pensando que este mundo, del que era el único testigo, no era para mí. Irrumpiste en mi vida a una edad muy temprana y difícil: una etapa clave en la que ya se gestaba el conflicto interior del que ama distinto. Hasta que entendí que eso no era ni malo ni bueno, solo lo normal, pasaron muchos años más. Tú aún no te habías ido pero ya portabas una pesada mochila de cierta indiferencia, en lo profesional, por parte de la industria. Respetado, sí, pero los cánones musicales de los 90 y los 2000 ya no casaban con tus flechas negras y aquel intento de volver a ser lo que fuimos con el álbum “Vivo” del 98 demostró que la magia entre tú y Teo Cardalda se había extinguido para siempre. Un tándem de desconocidos. Pobre Till.

Cumplí la mayoría de edad junto a ti y a Nacho Cano, enamorado hasta las trancas de Pepito Grillo y haciendo solitarios playbacks frente al espejo de mi cuarto. Aún seguía apoyando mi cabeza sobre tu pecho a pesar de que renegaste del chupito de amor que te brindó el joven Mecano. Aquello me dolió un poco.

Mientras yo revolvía ropa negra en mi armario, buscando algo de color, te fui olvidando. Sí, así de simple y de natural. No hay historias de amor eternas. Tú de eso sabías bastante ya que le cantabas al desamor, a la desidia, a la angustia, a la muerte de la pasión, como nadie. No te llegué a recluir para siempre en olvido. Que va. La llama extinta se convirtió en un hilillo de humo, casi transparente y perpetuo, que se ha mantenido visible desde todas las etapas que vinieron después: la aceptación de uno mismo, el poder verbalizarlo todo, la vida normalizada, el amor verdadero…

Y ahora llega el bueno de Iván Ferreiro y hace lo que nadie: resucitarte. El gallego quiere que las nuevas generaciones sepan de ti y para ello ha grabado todas las canciones a las que le diste vida junto a Cardalda, García y Novoa en un disco doble titulado, “Cena Recalentada”. Éste último implicado hasta el fondo en el proyecto. Si supieras lo que te ha respetado…Si supieras lo maravilloso que es escuchar unas canciones que con otros arreglos no se entenderían. Si supieras de la fiebre que se ha levantado alrededor de Golpes Bajos en 2018.

Pero ya no estás. Mientras los demás envejecemos, enfermamos, nos lamentamos de los malos tiempos, bailamos al son de un saxo envuelto en miradas de cristal, buscamos a nuestra Gretel, a nuestro Hansel…tú te haces eterno como si hubieses sido atravesado por la lanza de Longinos.

 


Sobre el autor

Mocico Viejo Official

Amante y amigo. A punto de abrazar la fe, pero a punto a punto. Viajero incansable y buscador de tesoros. Mocico andaluz y rabioso.