Iván Ferreiro: Cena Recalentada. Un homenaje a Golpes Bajos

En 2014 varios miles de fans de Iván Ferreiro se agolpaban en Portamérica para ver un concierto de su ídolo. En el escenario, si alguno de ellos se hubiera fijado, había una caja de ritmos que no era habitual en los conciertos del de los Piratas. Entonces sucedió esto:

El autor de himnos generacionales como mi coco, el mundo de Wayne o promesas que no valen nada, y de joyas preciosistas como Turnedo o Días Azules, esa noche de 2014 se olvidó de todo su repertorio y tocó, en riguroso orden de publicación, las canciones de todos los discos del grupo vigués por excelencia, Golpes Bajos. Por el escenario, bajo el ala protectora de Pablo Novoa, desfilaron reclusas, vírgenes locas, moscas y santos de devocionario. Y aquella procesión de ayer se convierte hoy en un disco de diecinueve canciones, diecinueve versiones de las canciones más grandes de aquellos Golpes. La portada, un Iván Ferreiro pequeñito, muy pequeñito, ya de por sí es un homenaje a aquellos años ochenta vigueses de después de la reconversión naval.

Nadie ha sabido plasmar tanto la miseria adolescente, la desesperación de provincias, la grisura infinita de la enfermedad mental como Germán Coppini y los suyos. En sus canciones no hay espacio para la ternura, para el brillo, para la luz. Y eso se conserva en las versiones de Ferreiro, con un pero. Y el pero es que Iván está cuerdo, y eso se nota, sobre todo en canciones como colecciono moscas o a santa compaña. Se nota la impostura en su voz. Nadie gritaba y susurraba como Coppini. Y solo otra voz personalísima podía salir casi airosa de la comparación.

Hay canciones que, a mi gusto, mejoran. La virgen loca es una de ellas, y en general todas las que se despojan de los elementos “salseros” y los sustituyen por unas bases digamos, con mucho respeto y muchas comillas “más funkys”. También mejoran por la capacidad de Ferreiro de añadir unos coros y segundas voces acertadísimas y unos barnices electrónicos que en algunos casos abrillantan y en otros ensombrecen las canciones. Travesuras de Till, La reclusa, y la infame Come Prima (odio esta canción con todas mis tripas) mejoran. En otras, sin embargo, la producción es mero atrezzo prescindible.

Conclusión: Iván Ferreiro lo ha clavado. El homenaje es efectivo. Germán Coppini, allá donde esté, estará satisfecho. Teo Cardalda no, a pesar de su solo de guitarra en escenas olvidadas. Pero se consolará viendo como crece su cuenta bancaria.


Sobre el autor

Hilde

Soy hipocondriaco, paragnósico, ateísimo y me tiro pedos.