The Good fight, 2a temporada. El cinismo “ab initio”

La segunda temporada de la serie norteamericana (declaradamente anti-Trump y anti todo lo que tenga que ver con este sujeto) “The good fight” es, no sólo una declaración de principios en contra del sistema establecido, sino la mejor y más excelente muestra de cómo llevar los casos sociales actuales al mundo de la abogacía; y salir bien parado.

Tras el éxito incontestable de la serie madre, “The good wife“, donde no sabías muy bien si querer u odiar a Alicia Florrick, a la vez que pedías que aparecieran más escenas en chándal de Cary Agos, “The good wife” se planteaba como una dubitativa continuación. No se sabía si el desgaste podría hacer mella en la exhaustiva narración de la nueva serie; nada más lejos de la realidad. “The good fight”, ahonda en los temas vigentes de una actualidad que nos concierne a todos y además los disecciona con un suspense donde el bisturí rasga las telas de la suspicacia, las falsas verdades y las mentiras soterradas.

Todo esto, adornado con unas interpretaciones chispeantes, un ritmo calculado al detalle y una intriga que no traspasa los límites de lo incrédulo.

El racismo, la homosexualidad, la infidelidad, el maltrato, la verdad y la mentira son muchos de los temas que trata esta excelente serie. Todos ellos bajo el manto irrefutable de la sospecha; en la más colorista de sus formas.

Y si a esto le sumamos los modelitos de una espléndida Diane Lockhart…¿para qué queremos más?. Porque ¡vaya estilazo tiene la señora!.

A la cabeza de las mejores series de 2018. Y el capítulo 12 de esta segunda temporada, debería figurar en los mejores comentarios acerca de las series de este año. Porque es una obra maestra del suspense y la intriga que se verán en la pequeña pantalla durante estos meses.

Si alguien acertara a hacer una serie en España de estas características, tendría temporadas para regalar. Lo dejamos en el aire.

Mientras tanto, celebramos que existan series que -como ésta-, respondan de esta manera acerca de los problemas de una sociedad contemporánea, donde los medios de comunicación y las nuevas tecnologías gobiernen nuestras mentes. Y el conjunto, haciéndose eco de estos asuntos, convierte las tramas de abogados, que podrían ser complicadas al espectador, en algo mucho más mundano. Será porque “más discurre un hambriento que cien letrados”.


Sobre el autor

Ángel Del Olmo

Donostiarra de nacimiento, madrileño de adopción. No me aburro (sólo huyo) porque, como decía Leolo -porque sueño, yo no lo estoy-.