Killing Eve : Mátalos suavemente

Acaba de finalizar la primera temporada de la serie norteamericana “Killing Eve“, basada en las novelas de la escritora y crítica de danza de The Observer, Luke Jennings. Sus ocho episodios han culminado en una puerta abierta (¡cómo no!) a la persecución entre una detective y una psicópata de manual; de esas que no tienen empatía y que anteponen sus intereses al del resto de las personas y organizaciones. Y así, todo estaba listo para agudizar el ingenio de lo detectivesco, el suspense y la incertidumbre.

La asesina en serie es una rubia de armas tomar; de esas que con la mirada ya sabes que van a matar, o al señor que tiene en frente o a la mujer que pasa con el carrito de la compra; que le da igual “arre que so”, vaya. Y con esas, pues el miedito está servido y pasa casa capítulo esperando, no ya cómo se desenreda la trama, sino el interés por ver por dónde nos va a salir la loca de la rubia. Cuando te mira con cara de haba, ale, coge lo que tiene en la mano y estás finiquitado. Luego, ser ríe, y como eso da más miedo, te quedas alelado y enganchado, a la espera de por dónde le sale la manía a la chica. Que esos días, cuando termina cada episodio,  escondes los cuchillos de sierra y cortas el pan con el de la mantequilla.

Ella tiene un rollito mezcla Sharon Stone con algo de Kathleen Turner, pero sin esa ironía, que la hubiera hecho mucho más perversa y con un punto de sarcasmo que se hubiera agradecido. Tampoco digo que tenía que haber matado con un muslo de pollo, como en la genial “Los asesinatos de mamá”, pero esa mordacidad le faltaba a esta serie.

Cierto es que en sus primeros episodios, la historia y el suspense están muy bien conseguidos. Pero poco a poco, y a expensas de esperar un relato que cumpla con las expectativas que se le deben exigir a una intriga policíaca con más entidad, todo se desvanece a favor de la atracción que pueda haber entre las dos mujeres. Y yo ahí, ya no me lo creo todo. Me puedo creer que no haya policías que aparezcan en cada esquina cuando se realizan estos asesinatos. Que el hijo de la mujer seria y sabionda, sepa un montón de ordenadores y cada vez que lo encienda le aparezcan por gps, así de cachondo, dónde están los asesinos, que están comiendo y dónde echando la siesta. Que todo sea un secretismo audaz, efímero y espeluznante; pero de ahí a dejar un final abierto, alegremente, hay un tramo bastante largo.

Me parece muy bien que los personajes masculinos salgan de escena igual que aparecen (el marido de la detective, sin ir más lejos). Pero no hagas que participen personajes en una historia si luego vas a pasar de ellos como Robert Smith del country.

Y ellas, pues están muy bien en sus papeles. Sólo faltaría. La serie la sujetan las dos protagonistas. Que si no, la serie no hubiera sido lo que es, ni de lejos.

Pero podía haber sido una serie mucho más negra, que es como empezó. Después, ese tono de novela policíaca se diluye en detrimento de ofrecer una forzada atención sobre cómo es la personalidad de la protagonista. ¿Y todo lo anterior que hemos visto?. ¿Para qué?. Hay cosas que se quedan en el aire, no se terminan de cristalizar. Aún así, si: no deja de ser una serie para pasar el rato. Pero, de ahí a estar hablando de una de las series del año, nos queda un medio menos loco y más sabio para llegar a hablar de ello.  Al final, no pidas un cañón para matar un gorrión.


Sobre el autor

Ángel Del Olmo

Donostiarra de nacimiento, madrileño de adopción. No me aburro (sólo huyo) porque, como decía Leolo -porque sueño, yo no lo estoy-.