Todo sobre mi stendhalazo

Hablamos del momento en que una obra de arte nos impactó tanto que casi estuvimos a punto de quedarnos en el sitio:

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Pues voy a quedar de cateto, pero mi Standhalazo preferido es cuando salgo de la plaza Trocadero , voy caminando y, de repente, aparece la Torre Eiffel tras girar en el Teatro Nacional de Chaillot. La última vez que fui (el pasado febrero), me cayeron las lágrimas por volver a encontrarme con ella. Lo sé, soy fácil de impresionar. Flanny

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Pues lo mío es constante, me da desde con una película de Disney (véase “Coco” que pecha de llorar más grande y que Alegría al mismo tiempo) hasta con una canción nueva de Lola Flores… Pero si tengo que elegir un momento, bueno dos, que para eso soy bipolar: 1. Cuando vi Wicked en Londres… casi me echan del teatro. Y 2: Desayunar todos los días en Time Square, yo solo con un café de aguachirri y un donut y ver pasar la gente a las 7 de la mañana. Ahí si que me dio, llamadme rara. Flor de Pavimento

Agosto, 2014. Por fin hacía el viaje de mi vida, y no porque ir a Roma y Florencia en plena canícula sea lo mejor, sino porque el frustrado estudiante de Historia Del Arte por fin iba a visitar la cuna de la cultura clásica y renacentista… Después de estar tres días pateando Florencia y visitar todo lo visitable, acabábamos el viaje en Roma… Y horas escasas antes de coger el avión de vuelta, después de habernos perdido la noche de antes buscando el Panteón, giramos y lo vimos. Al entrar, me agaché para hacer una foto a la cúpula… Y empezaron a salir las lágrimas… Botticelli, Miguel Angel, Bernini, peregrinar hasta la tumba de Elisabeth Canomori y ahora esto. No podía más. Tuve que apoyarme en el suelo y pared y mientras una guía venía a decirme, amablemente, que no podía estar ahí, el cabrito de Mi Santo se dedicó a hacerme un par de fotos. Yo me reía de las lánguida victorianas que sufrían del mal de la belleza… Hasta que me tocó a mí. Skyzos

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Sobre lo de las obras de arte lo tengo jodido porque he chorreado las patas abajo unas cuantas veces… más que una ama de casa cuarentona, británica y con un pepino en él estreno de 50 sombras de Grey en él vive pero, literalmente, colapsé cuando tuve la oportunidad de estar dentro de la Pirámide de Keops en Giza. David Miralles

 Hace ya cosa de unos 20 años, yendo y volviendo al atardecer, por El Paseo de La Concha de Donosti escuchando a la ida el álbum «If youre feeling sinister» de Belle and Sebastian, y a la vuelta «Un soplo al corazón de Family». * Escuchar unas mil veces la canción «Qué nos va a pasar» de La Buena Vida. Y llegar al estribillo ése de «cuando pase el tiempo conocerás a alguien más y me olvidarás …» conteniendo la respiración. * De pequeñito, no sé con qué edad, viendo en la tele una peli, donde un hombre se subía a un árbol y gritaba:»Quiero una mujeeeeer». Al cabo de unos años, de casualidad, descubriendo que se trataba de «Amarcord» de Fellini. Empecé a amar el cine. * El impacto que me causó «Suave es la noche» de F.S. Fitzgerald. No he querido volverla a leer. * El shock que recibí cuando ví «Viridiana» de Buñuel y saber que existía un genio de tal magnitud. * La belleza infinita que me transmite la forma de rodar de I. Bergman. Sobre todo, viendo «La vergüenza»» y «Fanny y Alexander». * Cuando escucho «Space Oddity» de Bowie.*Últimamente, lo que más me ha impresionado por su belleza ha sido subir al Mirador del Río, en Lanzarote. Ängel del Olmo

Pues mi mayor stendhalazo fue en el museo de Pérgamo de Berlín. Nunca he tenido un sentimiento españolista arraigado, siempre he dicho que me identifico más con la civilización mediterránea y además, siempre he sido un enamorado de la cultura clásica. Por ello, aunque ya me habían avisado de la maravilla que era, tuve un stendhalazo en el museo de Pérgamo de Berlín. Hace unos años entrabas por una puerta pequeñita y salías a una sala enorme donde veías el templo de Pérgamo de golpe y enfrente los frisos. En serio, es algo apabullante, me quedé sin respiración, agobiado, me tuve que sentar en las escaleras del templo mirando hacia abajo para no ver los frisos y conteniendo las lágrimas de la maravilla que tenía enfrente de mí. Tras unos minutos pude recuperarme y disfrutar de lo que creo que es el MEJOR museo de arte clásico del mundo. Para los que no habéis estado, además, está el mercado de Mileto y las “puertas” de Ishtar de Babilonia. Osea, tiene 3 maravillas arquitectónicas dentro del museo, sin contar con un montón de piezas de arte babilónico entre muchas otras cosas. De momento el museo tiene cerrada la sección del Templo por rehabilitación (lleva al menos 4 años y lo que queda) por lo que aunque tengo muchas ganas de volver a Berlín, no creo que lo haga hasta que el museo esté completamente abierto. MuTarr

Recuerdo claramente una escena que presencié en la ciudad de Turín, durante mi Erasmus. Aun estaba instalándome, apenas conocía a nadie y me dedicaba a dar largos paseos en solitario por la ciudad, aprovechando que las clases aun no habían empezado.Estaba sentado en un bar a la hora del “aperitivo”, en la que es típica diversos platos ligeros acompañados de una copa de Spritz.La terraza era bullicio puro, todo el mundo reía, comía y bebía, feliz, ajeno a los quehaceres del día a día. El verano estaba tocando a su fin y el clima era de nostálgica agonía. En mitad de este cuadro barroco, dos chicos que parecían sacados de un anucio de Gucci, coqueteaban y jugaban peligrosamente en la diminuta mesa. Uno de ellos cogió la copa de Spritz y se la dió a beber al otro que, en su graciosa torpeza, se derramó parte del líquido dorado por la barbilla, dando a su compañero la excusa perfecta para lamerle el rostro hasta acabar en un beso.
La erótica belleza de ese momento está grabado en mi mente y mi corazón, junto a la ciudad de Turín, que desde entonces es, una de las más bellas que he visitado. Ibérico Snob

Yo, que soy muy intensita ya de por sí, tendría miles de stendhalazos que contar, pero como no quiero matar a nadie de la sobredosis, me voy a la primera vez que fui al Prado y casualmente acababan de restaurar El descendimiento de Van der Weiden. Lo habían puesto en una sala solo para él, sin más compañía pictórica. Pasé cerca y pensé «anda, están haciendo una obra de teatro; ahora me acerco y la veo». Entonces caí en la cuenta de que era imposible y me acerqué a la sala y vi la maravilla flamenca  en todo su esplendor, llena de filigranas, de colores, de una intensidad y un detallismo como nunca había visto. Y el caso es que hasta ese momento jamás lo había tenido entre mis lienzos favoritos, pero la impresión fue tal que tuve que sentarme, en silencio, con la suerte de que aquel día había poquísima gente y me dejaron disfrutar del prodigio. Era tanta la belleza que acabé llorando y pasé todo el día con una turbación que aún me pone los pelos de punta. MM

 

Dos son los Stendhalazos que recuerdo en mi vida. El primero, con 18 años, recién salido del instituto. Un viaje a Italia para el que pude poner en práctica toda la historia del arte que me había tenido que empollar meses antes para Selectividad (soy de letras puras). Y, dentro de ese periplo histórico-artístico por la península itálica, tener como último destino Venecia, a la cual llegué de noche y con una fina llovizna que desdibujaba las luces ocre y burdeos que emitían sus ventanas y farolas. ¿Mi reacción? pues el síntoma clave de cualquier Stendhalazo: echarme a llorar como un descosido ante tal belleza, ante una ciudad admirada y soñada con devoción desde la distancia durante toda mi vida. Allí estaba, por fin. Era de verdad y la estaba pisando, oliendo y escuchando. Estaba vivo y estaba en Venecia. 

Un día con 16 años decido invertir el poco dinero de mis ahorros mensuales en coger un tren hasta el centro de Madrid y pagar la entrada del Museo Reina Sofía, todo un desembolso para un adolescente sin asignación semanal. No quería perderme ni una sola obra, pero mi corazón latía especialmente acelerado por una en particular que había mirado hasta el hartazgo y estudiado, acariciado y admirado con devoción en un maravilloso libro de obras de arte que descansaba en el salón de mi casa y al que desgasté de tanto sobar: el Guernica de Picasso. Frente a ese lienzo inmenso de 8 x 3 metros, que para mí es la obra maestra pictórica más importante del siglo XX, el gentío a mi alrededor se difuminó y quedé completamente paralizado, con todos los pelos de mi cuerpo enhiestos como espadas. Ese cuadro estaba tan vivo que seguía gritando y era imposible no estremecerse ante la magnitud de esa obra cumbre del cubismo, esa denuncia descarnada que seguía supurando dolor.FakePlasticBoy

Yo que soy un clásico, creo que el mayor mareo que he sufrido ante una obra de arte fue la primera vez que entré en la Mezquita de Cordoba. Senti algo en el pecho que me quitaba la respiración, una sensación que ni el hombre más guapo ha producido nunca en mí, esos me quitan el virgo pero no me ahogan. C del Palote

Tópico pero cierto. Momento vital de quedarte en el sitio (para bien) por lo que estás viendo y que seguramente pocas veces se repetirá (o nunca): puesta de sol en la playa de Phranang Cave en Krabi (Thailandia). Quien lo haya experimentado (es un sitio muy frecuentado por los turistas, pero que curiosamente se puede disfrutar, no como la colapsada playa diCapria de Maya Bay), sabe del momento alucinógeno del que hablo. Como decían, o similar, en Las horas: “Creía que aquello era el comienzo de la felicidad, pero en realidad, era la felicidad.” ₭aòticoƎ

6 comentarios en “Todo sobre mi stendhalazo”

  1. Uno de mis posts favoritos.
    Lagrimones al leer la visita al pantheon, Venecia y El Descendimiento.
    Bravo!

  2. Foto del avatar
    FakePlasticBoy

    Qué maravilla la escena de Turín… A mí también me habría marcado de por vida, en esa edad en que aún estaba buscando la ranura por la que salir del armario.

  3. El mío también fue italiano, llorando en el Baptisterio de Florencia como una magdalena…

  4. Foto del avatar
    Flor de Pavimento

    Pero qué maravilla de post y que sentimentales que somos, si en el fondo somos unos blandos.

  5. El mio fue viendo amanecer en lo alto del mirador con la ciudad de Machu Pichu a nuestros pies. Recuerdo q la luz del sol se colaba entre las nubes, que la falta de sueño y el.mal de altura nos tenian entumecidos, y que aitor comenzo a llorar en silencio, como a camara lenta. Yo me agarre a su cintura viendo como las sombras se alargaban por segundos, entrw los viejos muros y terrazas. Llegaban mas viajeros, impacientes por verlo… y todos callaban en un silencio sobrecogedor. Hubo gente que viajaba en pareja o en grupo que se abrazaban. Y una chica mochilera q viajaba sola y a la que no conociamos de nada me cogio de la mano….y durante muchos minutos no pudimos soltarnos, llorando los tres, en un extraño abrazo….y terminó de salir el sol. Y la VIDA mereció la pena.

  6. Me encanta leer vuestros stendhalazos. Yo he tenido de mojarme las bragas a mogollón pero recuerdo dos muy especiales. El primero en Mérida, cuando después de una borrachera con las amigas volviendo a primera hora de la mañana de repente apareció en el claroscuro de la madrugada y entre bloques poco gloriosos, El templo de Diana y fue cómo Diossss he visto la eternidad. Y el segundo en NY viendo en el MOMA un cuadro de Andrew Wyeth, El mundo de Cristina, que me provocó una jartera de llorar que oye que que agustito me quede, y cada vez me acuerdo me engoñipo eh?.

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