Érase una vez un mundo perpendicular

Ahora que se llevan tanto eso de las "series distópicas" para plasmar mundos paralelos, donde se intenta crear más inquietud sobre lo que se intuye que sobre lo que se cuenta, el estreno de la cuarta temporada de "Black mirror" le venía de campanillas a Netflix para anunciar, con maracas y panderetas, que su serie -marca de la casa- era la auténtica, innegable e incontestable heredera de una "The twilight zone" para el Siglo XXI. Y como se están exprimiendo hasta el límite los guiones, cuando ves series de este o cualquier otro tipo, te arriesga a que, en el caso que nos ocupa, el que sea dirigida por diferentes realizadores, pueda crear sospechas sobre la calidad y hegemonía del conjunto. De esta forma, es lo que ocurre con la más que irregular, a pesar de su interesante premisa argumental, "Room 104". Una serie donde, en un mismo escenario por capítulo, se van sucediendo la más variopinta de las ocurrencias; y todo se paga. La serie va bajando en intensidad dramática y narrativa, y se ahoga en su propia ansia de discurso hacia el asombro. Otra cosa sería la multipremiada "El cuento de la criada". Auténtico estallido televisivo del año pasado. A mi juicio, sobrevalorada serie, que se podía haber acortado en tres o cuatro capítulos menos y donde se aprovechan de un desfile de ambientes tenebrosos y angustiosos, para estirar el sufrimiento de los personajes y forzar así la atención del espectador. En una historia alargada, que te deja exhausto y con ganas de ver pasar a los Hermanos Marx por algún rincón de tu casa. Como la segunda temporada siga por este camino, a Bergman lo dejan chupando una piruleta. uss callister   La cuarta y recién estrenada "Black Mirror", se anunciaba como la gran serie de principios de año. Y no podía empezar de la peor manera. Su primer capítulo, "USS Callister" es una tontería de historia espacial vintage, donde se juega a que añores esas series de cuando éramos niños para no contar nada; o muy poco. Pero como a todo el mundo le gustó "Stranger things" (no me miren a mí), eso de que enseñen juguetes de los ochenta, venía muy bien para hacer arrancar la serie tirando de la memoria colectiva y poniendo al público objetivo de la serie pegado a la pantalla con ganas de más. Algunos pensábamos en lo peor; esto es, en que el espíritu de la serie se vendía al traste. Por suerte, no fue así, y algunos de los capítulos, elevan mucho el nivel del conjunto y conservan mucho de los inicios de la idea que les vio nacer, allá por diciembre de 2011. Ocurre con "Arkangel", "Hang de Dj",- bonito guiño a The Smiths-,  y "Black Museum" (esta última, un hermoso cuento tenebroso al más puro estilo "La Dimensión desconocida"). Tres episodios donde se pone en cuestión, con imaginación, ingenio y una ficción televisiva con idea de captar la atención desde el primer momento, la influencia de las nuevas tecnologías y las relaciones personales, humanas; y, en definitiva, el futuro de una sociedad abocada a la extinción de la comunicación interpersonal, a favor de un mundo paralelo que nosotros mismos hemos elegido. hang the dj   Estos tres episodios dan muestra de la capacidad de existir de una serie. Porque el resto se quedan a medio camino, sin profundizar en el verdadero espíritu de una colección de episodios que, en su conjunto, tienen un importe seguro en la televisión de nuestros días. Esperemos que, tanto las siguientes temporadas si se suceden como las copias que seguro que llegan, guarden el alma que da rienda suelta a esa esencia de desazón que produce lo que, en un tiempo no muy lejano, puede llegarnos a ocurrir. Porque eso, queramos o no, es lo que da más miedo.


Sobre el autor

Ángel Del Olmo

Donostiarra de nacimiento, madrileño de adopción. No me aburro (sólo huyo) porque, como decía Leolo -porque sueño, yo no lo estoy-.