“Mindhunter” no es una serie

El nombre de David Fincher lo fagocita todo. Si aparece su nombre, ahí me veréis. “House of Cards” llevaba su nombre por bandera, pero en realidad la base es un remake actualizado de una serie británica (que en su día ya nos descubrió Filmin). Con “Mindhunter” pasa lo mismo. No es un remake pero su autor es Joe Penhall, al que apenas conocemos. No obstante, Fincher es un autor. Es decir, una peli de Fincher se nota que es de Fincher. Y un autor es autor, cuando es imitado o sienta unas bases en alguna disciplina.

“Mindhunter” NO es una serie. Es la introducción de 10 horas de una película muy larga. Porque la narrativa y el diseño de producción no son las de una serie al uso. Está muy por encima de la media y desde una perspectiva personal, más allá de las series de clase A y las de clase B, o lo que es lo mismo, las sesudas con un nivel de producción exquisito o las ligeritas de domingo por la tarde, existen otros productos que juegan en otra liga. Como aquí ocurre.

“Mindhunter” es lenta. Lentísima. Y además en esta primera entrega no pisa el acelerador en ningún momento. Ritmo constante. Su tempo, sus normas. No hay prisa, así que si esperas alguna escena de acción o algo de eso para hacerla más llevadera, puedes ir bajándote de este tren, porque no va a ocurrir pese a estar en una serie de polis, investigaciones y psicópatas.

“Mindhunter” de alguna manera podría ser la suma de “Zodiac” + “The Social Network”. De la primera toma todo lo del asesino en serie, y la temática de la obsesión, mientras que de la segunda toma la constitución de un algo. Pero entonces ¿de qué va “Mindhunter”?

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“Mindhunter”, basada en un libro, explica ese momento a finales de los 70 con sistemas de investigación y policía científica casi primitivos o inexistentes, en que un par de policías (enormes Jonathan Groff y Holt McCallany) consideran oportuno crear unas bases de investigación/departamento que estudie, catalogue y dibuje unos patrones del comportamiento sociópata. Es el origen del concepto “asesino en serie”, o “asesino metódico”, así que aquí veremos un desfile de psicópatas, un montón de conversaciones motivacionales, burocracia, e impacto emocional de este proyecto sobre los protagonistas y sus vidas. Unas vidas y unos perfiles dibujados en un espacio de tiempo muy concreto, al igual que ocurre con las series británicas, y que sirven para no entender solamente a esos personajes por lo que hacen y son, si no por lo que tienen y por donde y cómo se mueven. Recordemos, finales de los 70, con sistemas de investigación casi primitivos. Y detalle, todo lo que se cuenta, ocurrió y los psicópatas existieron. Y detalle, todo lo que se cuenta, ocurrió y los psicópatas existieron.

Pero “Mindhunter” se aleja de todo lo que hayas visto de ficciones sobre psicópatas. No hay un ejercicio de admiración hacia ellos y hacia sus atrocidades. Todo lo contrario. De hecho hay una desmitificación de su figura. Lo mismo con los que incentivaron ese proyecto de estudiar los patrones psicopático  de base sexual, a los que la cúpula del FBI mira con escepticismo aún conscientes de la necesidad del mismo.

“Mindhunter” es una serie compleja de ver. Es incómoda, hay picos de tensión, tiene una fuerte base periodística y no suaviza lo que cuenta. En definitiva, no hay concesiones pero tampoco es pornografía emocional ni del espectáculo. “Mindhunter” se acerca más a “Spotlight”  y “Halt & Catch Fire” que a la primera de “True Detective” sin ser ni tener nada de ellas.

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Sobre el autor

Bellísima Persona

Catalán rojuno y apátrida.