De nuevo fui a un concierto por amor: los Jesus & Mary Chain

Escribo estas líneas desde la más profunda de las resacas, un pozo negro insondable del que no consigo salir ni con la habitual combinación de ibuprofeno, café y litros de agua. Así que no esperéis un discurso coherente o inspirado. En estos momentos odio profundamente ser una persona responsable y cariñosa que se debe a mi público. Os odio. Mucho. Muy fuerte. Con todo mi ser. Pero bueno, aquí va. Pero como siempre mi marido os ha contado el concierto, y yo ahora os contaré la verdad. O la posverdad, como queráis llamarla.

Lo primero que tengo que destacar es que los fans de los Yisus se mantienen muy pero que muy bien. Muy bien en el sentido de que la mayor parte de ellos conservan el pelazo y las barriguitas incipientes dentro de un orden. Aquello parecía una mezcla entre el madbear y el afterwork de un congreso de profesionales de publicidad. Mucha camiseta con slogan, algunos más raros que otros, y de vez en cuando algún punki trasnochado que no se ha dado cuenta que ya peina canas en los huever y que las crestas, como las bicicletas, son para el verano.

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Cuando entramos, en una cola ordenadísima, porque al fin y al cabo los fans de los Yisus son gente de bien, lo primero que hicimos fue dirigirnos al puesto de merchandising. Por allí estaban con la visa floja la cantante de Amaral, monísima con un vestido marinero de rayas, y uno de los componentes de Murciano Total, que no lo conozco pero me lo contaron que estaba por allí, y que debe ser más majo que las pesetas. En el escenario tocaban unos chicos con mucho arte y mucha distorsión, pero yo andaba más preocupado en conseguir mi objetivo: un buen sitio en la barra, cerca del grifo de la cerveza, donde amorrarme y hacer el cuñao lo que durase el concierto. Porque sí, mi objetivo para la noche de ayer era tajarme hasta puntos imposibles, ¡Y vaya si lo conseguí! Lo que no conseguí es mantener la dignidad: es muy difícil mantener la dignidad cuando eres cuarenteenager y llevas atado a la cintura el plumas y una chaquetilla que te has llevado no porque haga frío (que lo hacía) sino porque te disimula las lorzas. Pero bueno, el caso es que bien provistos de líquido elemento nos fuimos un poco más pa lo hondo, que empezaban a tocar los Yisus.

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¡Y, chica, qué poderío!¡Qué sonido!¡Cómo se me movía la ropa a cada guitarrazo! La música de los Yisus, por si no la conocéis, es la que suena en los CSI las Vegas cuando van a un local de estriptis de esos que les metes billetes de a dólar a las mozas en el tanga (dorado, a ser posible). Así que claro, allí me veis a mí contoneándome cual estudiante de sororidad americana que tiene este trabajo no para mantenerse sino porque tiene que pagar el crédito universitario. Esas que luego terminan enterradas en el desierto. Pues yo igual, pero sin estar enterrada, y con un montón de ropa atada a la cintura, que parecía un hipopótamo de los de fantasía. Eso sí, en la Riviera hay un escalón muy chungo que casi me esmorro viva varias veces.

Otra cosa que hay que contar de los fans de los Yisus: algunos huelen a jabón y otros huelen a digestión de cortezas de cerdo. Si vas a ir a un concierto, por favor, preocúpate de colocarte al lado de los que huelen a jabón. Te lo digo como amiga. Estuvimos con el cantante de Salvador Tóxico y el de Capitán Sunrise que huelen maravillosamente y son mejores personas.

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Pues el caso es que con tanto mini de cerveza a precio de tinta de impresora me entraron ganas de ir al baño y allá que me fui. Nada relevante, salvo que entre el baño de chicas y el de mastuerzos había una señora plantificada vendiendo bolsas de patatas y gusanitos, que era como muy de posguerra. Lo que sí me contó mi señor marido es que cuando fue él al baño le vio la colilla a un famoso (que no vamos a decir quién es) y que era una piltrafilla digna de mención, lo que nos llevó a mantener una conversación interesantísima sobre sangre o carne que entre pitos y flautas (nunca mejor dicho) pues se acabó el concierto y tan ricamente.

 

¡Prueba superada!

 

 

 


Sobre el autor

Hilde

Soy hipocondriaco, paragnósico, ateísimo y me tiro pedos.