Esas empresas que detestamos

MarcasEl pobrecito consumidor siempre tiene las de perder en este planeta gobernado por las empresas y sus respectivas marcas, cuyos clientes, a fin de cuentas, les importan poco o nada. Hace ya tiempo que nos hemos caído del guindo y sabemos que sus estrategias de venta sólo les benefician a ellas, por mucho que insistan en que te estás llevando dos por el precio de uno, con un gran descuento o que no dejen de recordarte lo afortunado que eres por tener su tarjeta de cliente.

Luego la experiencia es otra, eso sí. Por eso, aquí estamos para aportar nuestro testimonio sobre la tormentosa relación que en algún momento hemos tenido con los siguientes indeseables. Ve anotándolos en tu lista negra, y recuerda que el mayor poder que tenemos como ciudadanos, además del voto, es el de decidir comprar o no determinadas marcas. Sin nosotros, no son NADA.

 

Tiendas de modernos con un falso amor por los perros:

Érase una vez una ciudad. Por poner una, pongamos Madrid. Y érase una vez un cliente, por ponerle un nombre, pongámosle Hilde. Es un cliente que sabe lo que quiere, y que no le importa pagar un poco más por los productos que compra, porque para él el acto de comprar es más que satisfacer una necesidad básica. Hilde busca una experiencia en cada compra. Lleva desde los dieciséis años trabajando en atención al cliente, primero en la tienda de sus padres, y después en diversos puestos, cada día acumulando más responsabilidad y más conocimientos. Y más mala leche, todo hay que decirlo.

Hilde no es un cliente fácil. No se deja engatusar por una cara bonita o una ropa preciosa. Hilde mira a los ojos del vendedor. De hecho Hilde es un cliente muy difícil. Y más de una vez ha montado en cólera con algún comerciante. Siempre sin perder la compostura. “Cuando pierdes las formas, pierdes la razón”, una frase de su abuela, que lleva a rajatabla. Que te dejen de dirigir la palabra duele más que una bofetada.

Bien, tenemos a Hilde en Madrid, y tenemos una tienda de ropa. Pongámosle un nombre al azar. La vamos a llamar, por poner, Chispún. Y vamos a decir que está en el barrio más in de Madrid. Y vamos a decir que el precio medio de una camisa son 100€, y de ahí para arriba. No es una tienda barata, pero la ropa merece la pena. La experiencia merece la pena.

O merecía.

Un día de la semana pasada Hilde salió a pasear con su perro, que está muy bien educado, y se acercó a una tienda a comprar una cazadora para su churri, y de paso, si veía algo que le gustaba, se lo iba a comprar. Era uno de esos días “de visa floja” donde como te descuides terminas gastando el sueldo del mes. Y resulta que vio una maravilla de camisa de batabasta. “ciento setenta euros, vaya. No es barata, pero la camisa lo merece”. Previamente había pedido permiso para entrar con el perro a la tienda, y los dependientes, sin mirarle, asintieron con la cabeza y un gruñido.

El radar de Atención al Cliente (con mayúsculas) se encendió. Pero bueno, son monos, jovencitos, con barbita y gafas molonas, probablemente estudiantes de comunicación. No le demos la mayor importancia. Los dos dependientes siguieron charlando de sus interesantísimas cosas, mientras Hilde y su churri (y el perro) curioseaban en la tienda. Ciento setenta euros…

Entonces el perro se sacudió, y con la sacudida se activó el resorte de uno de los dependientes. Se acercó y, con una educación digna de una comisaría de barrio, pero de la parte de dentro de las rejas, golpeó dos veces el hombro del churri de Hilde. “Eh”, gritó. Si señores, GRITÓ. Y poniendo su cara de asco ensayada en mil millones de discotecas gays, señaló a los pelos que había dejado el perro en la moqueta.

El churri de Hilde se disculpó y se marchó de la tienda. Y Hilde, con su camisa de ciento setenta euros en una mano y la visa en la otra, decidió que esa no era la mejor tienda para dejar su dinero.

Así que… ¿Qué hemos aprendido de todo esto?

Primero: que si tienes una tienda, y quieres ser perro friendly, porque es molón y aumenta tus ventas, pues chato, los perros sueltan pelos. Cómprate un aspirador o no dejes entrar perros.

Segundo: Conoce a tus clientes, quédate con sus caras. Y si no puedes, trata a todo el mundo por igual. Hasta el último de los mindundis que entra por la puerta de tu tienda se merece que dejes de hablar con las amigas y le dediques un segundo de tu tiempo. Un “Buenos días” basta. Si va acompañado de una sonrisa, mejor. Y si va junto con un “¿En que te puedo ayudar?” es la repanocha. No, en serio, esto es lo mínimo que debes hacer. Y si has tenido un mal día, si no has follado o si te acaban de contar que tienes un cáncer terminal, pues te jodes. Es TU TRABAJO. Tu trabajo con mayúsculas.

Tercero: si sucede algo que te molesta, o te incomoda, o te jode vivo, con educación se puede solucionar. En vez de gritar a tus exclientes como una verdulera de posguerra, un “disculpa”, un “perdona”, un “serías tan amable” y tu mejor sonrisa conseguirá que no solo tus clientes vuelvan, sino que un posible punto de conflicto se convierta en un punto a tu favor.

Cuarto: que sepas, querido dueño de la tienda molona chispún, que la camisa me la he comprado online por ochenta euros. Y que te pondré a parir en todas las ocasiones que pueda. Y son muchas. He pasado de ser un cliente fiel a un cliente insatisfecho. Multiplica mi insatisfacción por el 8% de mis amigos y sabrás el número de clientes potenciales que has perdido. Unos cien. A ciento setenta euros por cabeza, has perdido 1700€. Por borde.

Hilde

 

Starbucks:

Yo odio Starbucks, la manera más descarada de robarte por un café bastante normalito, a no ser que lo pidas con todas esas guarradas que lo único que hacen es disimular la calidad estándar a precio de oro de su producto. Por otro lado, sus locales me parecen lo más uniforme que se ha podido crear, pero con ínfulas de moderneo. En realidad, a mi me gustan los bares de toda la vida y, desgraciadamente, cada vez escasean más gracias a todas estas cadenas de comida rápida y sin sustancia donde la grasaza no está en la plancha, sino en la propia mierda que venden.

C. del Palote

 

Mediamarkt:

La tienda que ODIO y a la que no iré a comprar más en la vida es Media Markt. Mi experiencia no raya lo inepto, es que va más allá aún. Pues bien, hace unos años se me rompió la tele, y, aquí uno que compara mucho, encontró la que le gustaba en Media Markt, con la que ya había tenido problemas en el pasado, pero, al estar a muy buen precio, pues allí que me fui.

Resulta que el chico que me la enseñó se equivocó y cogió un modelo inferior (también costaba menos) y me extrañó. Llego a casa, desembalo y veo que no es la tele que quiero. Llamo al servicio de atención al cliente (AaC) y me dicen que lleve la tele; les digo que no, que es culpa suya y que me traigan el modelo que yo quería y que se lleven el erróneo. Me informan de que es más cara la que van a traer; les digo que carguen la diferencia a la tarjeta y me dicen que sin problema, que me la traen cuando quiera (una tarde a partir de las 17).

Cuando me van a traer la tele, el transportista me llama un día a las 10 de la mañana y me dice que está a media hora de mi casa. Como es normal, todos estamos a las 10:30 en nuestras casas y no trabajamos. Le digo que no, que quedé con los de la tienda a partir de las 17 h. El señor transportista me dice que eso no es verdad, que es mi problema, y me cuelga. Llamo hecho un basilisco a la tienda y les digo que vengan a mi casa a llevarse la tele y que se la metan por dónde quieran por llamarme mentiroso. A los 20 minutos me llama el transportista diciendo que se pasa a las 17 h.

Cuando llegó (que llegó tarde) yo ya estaba hablando con AaC poniéndolos de vuelta y media. Llega el transportista, me dice que trae la tele y que si la quiero; al final me calmo y le digo que sin problema. La cambian, se van y mientras termino de hablar con la señorita de AaC, a los 3 minutos vuelven a llamar y es el transportista ¡que me dice que tengo que pagarle 150€ en mano! ¡Yo flipando! Resulta, que el cargo de la diferencia (que me dijeron que sí) se tenía que hacer en mano. Y como es normal, todos llevamos 150€ en la cartera a diario. Pues bien, la señorita de AaC pidiéndome perdón, que era un error y yo diciéndole que el error era la cadena entera: venta, envío, atención al cliente, etc., etc.

Para colmo, se llevaron la tele, y para hacer la devolución del dinero (no era automática) mi marido tuvo que ir a la tienda. No fui yo porque les habría prendido fuego. Y sí, ésta fue mi odisea con Media Markt y nunca, nunca, nunca más voy a volver a comprar allí.

¡Que les corten la cabeza!

Mutarr

 

Caixa Galicia:

Por lo que a mi respecta, con quién más problemas he tenido, y me alegro en abundancia de su casi desaparición, ha sido con Caixa Galicia. Gente más absurdamente prepotente, inepta y maleducada, no la hay. Recuerdo cómo la subdirectora de mi oficina (ojalá esté muerta) me decía que si pretendía que me leyera todas las condiciones de la hipoteca (esto… pues sí, me gustaría saber lo que firmo), a lo que contestó poniendo los ojos en blanco. Además de gestionar como el culo todo lo referente a mi cuenta y a mi hipoteca (por ejemplo, calculó mal la previsión de gastos de apertura, de modo que me cargaron un importe excesivo y me quedé con un descubierto – explicación: “Ay… eres menor de 30 -sí, una vez lo fui- pero no te hemos aplicado el descuento para compradores menores de 30 en gastos de notaría, no lo he visto hasta ahora”. En serio, puta??? Después de pedirme toda la documentación del mundo y alguna de otro mundo también?). Encima de eso, tuve que rellenar un seguro de vida que la muy inepta perdió antes de mandar a la aseguradora y me hizo volver a cumplimentar. Lo sé, debía haber puesto una hoja de reclamaciones en ese momento.

¿Sabéis lo que más me cuesta olvidar? Cuando mi madre me acompañó a la oficina (quería que ella estuviese de cotitular en mi cuenta) y comentó que no entendía tantas comisiones por los servicios prestados. La subdirectora le contestó “Señora, si tuviéramos qué explicar el por qué de estos gastos a todo el mundo que lo pregunta, no daríamos abasto” con una sonrisa de autosuficiencia que me hizo ponerle una cruz en ese momento. La lástima es que esa cruz no fuera de tamaño natural y contase con unos clavos para enganchar a esa inepta maleducada.

Tras las resoluciones que limitan el ámbito geográfico de las cajas de ahorros, Caixa Galicia desapareció aquí en Catalunya y fue absorbida por EVO banco. Sin comerlo ni beberlo, me cambiaron de entidad. Debo reconocer que algunas cosas han mejorado, sobre todo en cuanto a comisiones e intereses, pero a veces la ineptitud del personal -que no tiene nada que ver con los de Caixa Galicia- me enerva. Por ejemplo, tres años más tarde, aún me vienen devoluciones de recibos de servicios que tengo domiciliados y de cuyo cambio supuestamente iban a encargarse ellos. Además me dan rabia esas comunicaciones de “Para mejorar nuestro servicio vamos a…”, porque normalmente siempre conllevan una putada (¿de verdad creen que trasladar mi oficina me beneficia?).

Sores: nunca os metáis a propietarias y nunca firméis nada con un banco.

Un millón de moscas

 

Orange:

Las empresas de telefonía móvil en general y Orange en particular; jamás entenderé como la legislación permite que hagan tantos abusos, barbaridades y disparates y que nunca pase nada. Destaco el servicio de atención al cliente, del que pocas se salvan, donde se descubre que todo lo que se deje en las manos de robots siempre será pa jodernos la vida a los humanos. Quién haya podido darse de baja a la primera de cambio, que levante la pezuña.

MM

 

FNAC:

La FNAC, empresa gala, representa todo lo que detesto de los franceses: su lógica absurda, su empecinada arrogancia y sus abusos en forma de letra pequeña.

Hace un par de semanas me compré allí un portátil aprovechando la oferta del 15% de descuento en Apple. Por supuesto, había letra pequeña (muuuuy pequeña) como no podía ser de otro modo, y ese maravilloso 15% realmente escondía un 10% directo y el otro 5% a reembolsar en la tarjeta de socio.

Pues bien, aprovecho ese dinero para comprar la funda del portátil, pero, en el momento de pagar, la cajera me dice que dicho importe hay que gastarlo en su totalidad en una sola compra. ¿Por qué son tan hijos de puta al hacerlo así? Porque es muy muy improbable que adquieras algo que valga el mismo importe que tienes en la tarjeta. En el 99% de los casos, lo que ocurre es que, para poder hacer uso de ese dinero, acabas rebasando dicha cantidad y les tienes que abonar la diferencia. Así que, una vez más, gana la banca!

Por lo tanto, al no alcanzarme sólo con la funda para liquidar ese importe de mi tarjeta, decido pillar también un libro que está un par de plantas más arriba. Y es aquí cuando la estupidez de la lógica francesa se despliega en toda su magnitud: no puedo pagar en la caja donde se encuentra la funda para el portátil (que era donde me esperaba la cajera del principio) ese libro que había adquirido dos plantas más arriba porque está la salida de por medio. Solución idiota: una dependienta me tiene que escoltar hasta la planta -1 para que pueda hacer el pago de los dos artículos juntos.

Por si eso fuera poco, le comento a la cajera que no he recibido junto al portátil que me mandaron a casa unos auriculares que incluía la oferta y hasta cuyo color podías elegir en el momento de compra. Me pone en contacto con atención al cliente donde me dicen que dicha promoción expiraba el día anterior al de mi compra. Mi respuesta: entonces, por qué coño la seguís ofreciendo un día después??

Conclusión: ya no vuelvo. ¡¡Ahí te pudras, FNAC de mierda!! ¡Vas a timar y a abusar de tu puta madre!

Fakeplasticboy

 

Tiendas modelllnas de Barcelona:

Yo odio las tiendas modeLLLnas que no sabes qué venden, y en las que cuando entras no hay nadie. Sólo un mostrador al fondo con un cretino en un MacBook Pro al que saludas pero NO RESPONDE. También hay prblemas con los estancos, que además de vender ¡¡MUERTE!! son rancios tipo chungo. En las tiendas de cómics, si no tienes ni puta idea, te miran con desprecio y coleccionan ojos de clientes que van ilusionados a comprar regalos y buscando consejos para el amigo (nosotros) friki de turno. También una queja a El Corte Inglés antes de declararse públicamente homófobos: ¿por qué? porque ponen el DVD de “Las Vírgenes Suicidas” en sección comedia. ¡Ajá! Las tiendas de skaters también son gilipollas si vas sin Vans, o no llevas una gorra ladeada y una camiseta tamaño batamanta mojada. Y bueno, en Barcelona nos llevamos la palma con los camareros GILIPOLLAS. Los que ni saludan, los que te atienden sin simpatía, los que pasan de tu puta cara si entran colegas al local. Sin resquemor ni acritud alguna os lo digo.

Bellísima persona


Sobre el autor

Atroz Con Leche

Podríamos empezar diciendo “Bienvenidos a este blog” pero mentiríamos cual bellacos. También podríamos comenzar con las palabras “Esta es una nuevo modelo de red social” pero ni de coña y tampoco hay ganas. Esto es… Atroz…No hay palabra que mejor lo defina. Bueno sí que hay otras, pero si las escribimos no podrían leerlo niños y además ustedes se van a asustar.