De como Paloma Chamorro me hizo un hombre de bien

Hay quién dice (los menos) que fue una periodista mediocre, un poco avispada pero nada más. Hay quién la encumbra estos días como la gran diva de la modernidad de nuestro país cuando éste empezaba a ver las cosas en tecnicolor. Antes de la mítica “La edad de oro” ella ya era moderna, ya hablaba de arte o de literatura. Programas, que yo no recuerdo sinceramente, como “Imágenes” o “Trazos” que solo se podían entender en una televisión que era única y sin pretensiones de audiencias que reportaran dividendos, vía publicidad, porque no había competencia.

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En los años 60 y 70 la tele era en blanco y negro. En mi casa no entró el color hasta el año 82 vía Telefunken  (que mi padre detestaba porque decía que en la tele en color no echaban los mismos programas que en la de blanco y negro). Solo de pensar en esas noches de cena/mesa camilla y en las frases sabias de mi padre se me saltan las lágrimas. Pero volvamos a Paloma Chamorro; apartada, olvidada, denunciada y hoy recuperada por obra y gracia de su desaparición de la parrilla de la vida. Y hay modernos de entonces que hoy se rasgan las vestiduras por su fallecimiento y hay modernas de mierda (de hoy), que nunca supieron de aquel ayer, y que también se rompen las uñas escribiendo cosas del tipo: “fue un icono de la modernez”, “su pelo era EL símbolo de La Movida”, “ella sí que sabía de música y de pintura y de cómics”, “gracias Paloma por enseñarme lo que es la vida”, “sin ti no habría sido nada”. A algunos me los creo, a otros les digo que se vayan un poquito a la mierda con tanta hipocresía y postureo en redes. Su “Edad de oro” fue un “programón” de mucho cuidado cuyos mimbres no sirvieron para volver a hacer, nunca jamás, algo parecido. PUNTO.

 

¿Dónde, y con quién, se han vuelto a ver esas entrevistas de barra de bar; fumadas, bebidas o puestas hasta las cejas?

 

¿Quién trataba, de tú a tú, a tan grandes artistas?

¿Quién era capaz de decir un: “qué pasado vas Nazario” y quedarse tan ancha?

¿Quién mezclaba, en un mismo programa todas las vanguardias, habidas y por haber, en cada una de sus disciplinas?

¿Quién fue capaz de mostrar a un crucificado con cabeza de cerdo que le costó que la tacharan y juzgaran por blasfema? Eran otros tiempos mejores, sin lugar a dudas. Hoy pienso la de veces que su trabajo se habría hecho viral de existir entonces las redes sociales, aunque hoy en día no tendría cabida tanta libertad de expresión y locura colectiva porque ni daría tiempo a digerir tanta cosa nueva y transgresora, más que nada porque no la hay. Antes de pensar en el porqué de las cosas serías flagelado en la plaza del pueblo del Twitter. Se hacían locuras que vistas hoy no tienen justificación, claro, como aquella frase imposible de “mi marido me pega” y un Millán travestido de mujer maltratada en un programa que veían millones y millones de personas. Salvo excepciones, como la mencionada, todo lo demás era luz; el resultado de haber vivido sometidos al gris durante décadas.

Yo la descubrí a los 14 años, en el 83, cuando se estrenó La Edad de Oro. Vi el primer programa y me quedé medio tocado. Desde su cabecera a la puesta en escena y, sobre todo, por esa caterva de seres tan extraños a los que yo me quería parecer desde ese mismo momento. Porque un año antes me había vuelto loco con el primer disco de Mecano y ya conocía, por radio y alguna aparición en televisión, a Los Pegamoides, Casal o Parálisis Permenente, pero fue con el programa de la Chamorro con el que aprendí a ser diferente. Ni moderno, ni postmoderno, palabras que no entendía en el 83, simplemente quería ser como ellos, vestir como ellos, bailar y cantar como ellas. En un pueblo pequeño y a tan tierna edad pocas vías de escape había, así que me tocaba lidiar con tormentas internas sin posibilidad alguna de exteriorizarlas. Llegó ella y comencé a recolocarme. A mi hermana le gustaban Pimpinela, Pedro Marín o Azul y Negro (y a la mayoría de mis amigos/as también) y yo babeaba con German Coppini, Eduardo Benavente o Ana Curra (Alaska nunca me dijo nada), con Aviador Dro, La Mode o con Danza Invisible.

 

Todos y cada uno de ellos pasaron por el programa, además de Lou Reed o The Smiths. Eso en la parte musical que era la única que me interesaba por entonces. Y lo viví todo en silencio porque no eran pocas las risas y las burlas cuando, en un ataque de locura, me daba por abrirme las carnes y hablar de mis gustos personales.

No pretendo que esta sea una carta de amor a una periodista a la que dejé de seguir una vez terminó el programa, en el año 1985. No recuerdo ni me he preocupado de indagar en su vida profesional posterior. No voy a ensalzar la figura de un icono de una Movida de la que reniegan sus propios “hacedores”. Más que nada porque entonces no entendía el concepto. Fue una etapa de mi vida con una edad en la que era habitual ir experimentado cambios…hormonales. Punto. Como soy muy dado a la nostalgia, al ver la noticia sobre su fallecimiento me vinieron todos esos recuerdos de golpe y me apetecía compartirlos.

Eso sí, jamás he vuelto a tener esa sensación de babeo, ilusión, apertura de mente (llámalo x) para con un artista (o concepto) nuevo y modernísimo, a la altura de entonces, hasta estos últimos meses…

 


 


Sobre el autor

Mocico Viejo Official

Amante y amigo. A punto de abrazar la fe, pero a punto a punto. Viajero incansable y buscador de tesoros. Mocico andaluz y rabioso.