Te veo y no te veo. Así siento lo nuevo de The xx

“I see you” es el disco de moda. Es la gran esperanza blanca; el resultado de un trabajo mimado al máximo por sus hacedores que demuestran que son un bloque bien compactado a pesar del precedente éxito en solitario y colaborativo de Jamie XX que preveía un posible liderazgo del proyecto más acentuado que el de sus compañeros de fatigas. Y no, aunque es culpa suya que el disco suene a cristal tallado; tan cegador como frágil.

PORTADA XX

A Jamie se le nota que se ha sumergido entre tiburones electrónicos, y sin jaula, y que sus “experimentos”, por cuenta propia, le han servido para producir un discazo de notable alto. Hemos leído que mientras él se aventuraba por otros derroteros, sus compañeros; Romy Madley Croft y Oliver Sim iban tejiendo las composiciones del álbum a la vez que sus vidas iban dando un vuelco, en positivo, que también se refleja en la luminosidad del mismo. Es imposible apartar de golpe las señas de identidad del trío británico: melancolía, guitarras más que reconocibles, bajos tan potentes y retorcidos como delicados y un par de voces que casan perfectamente con unas melodías que dan un paso hacia delante. Y eso es lo que se hace notar desde las maravillosas trompetas del arranque, “Dangerous”; un avance en el sonido y en el concepto global del proyecto; aunque servidor no lo ve tan arriesgado y drástico como la prensa especializada vende estos días. Siguen abundando los medios tiempos: “Test Me”, “Brave for you”, “A violent noise” (con su perenne intento de subidón) o la tribal “Lips”, para mí lo mejor del disco. Pero si a esto le unes la parte que, a buen seguro, sonará en Los 40 Principales, como Old Hon (que ya lo hace y que tiene a sus talifanes muy cabreados), no podrán pasar desapercibidas piezas como la machacona “I daré you”, la bellísima “Replica” o la mencionada “Dangerous”. Brutales todas. 

Y veo este tercer disco de The xx por todo eso: porque el repertorio me ha capturado muy rápidamente, porque no hay canción que no entre a la primera, porque no hay escucha nueva a la que no le encuentre un nuevo significado o un matiz distinto. Porque, por mucho que otros no lo digan abiertamente, yo sí veo el reflejo de Everything but the Girl, algo más que la sombra de Tracey Thorn y no solo por el parecido razonable con Romy, tanto física como vocalmente.

THE-XX

 No lo veo porque me da que, una vez pasado el atracón, el disco me hará bostezar. De hecho ya empieza a aflojar su marcha. Sufre, por mucho que insistan en el GRAN cambio, de un poso lineal, marca de la casa también, del que parece que no se pueden desprender. Será por la forma de cantar y la escasez de registros vocales, sobre todo de él, lo que hace de The xx un producto con tendencia a aburrir pronto. “Coexit” me pareció tan soporífero que me hizo tener no pocos prejuicios con su vuelta al ruedo. De momento hay amor, lo que no sé es cuánto durará éste.

 


Sobre el autor

Mocico Viejo Official

Amante y amigo. A punto de abrazar la fe, pero a punto a punto. Viajero incansable y buscador de tesoros. Mocico andaluz y rabioso.