Diez canciones (de diez) que no me entraron a la primera

Con el estreno del maravilloso videoclip, del no menos maravilloso temazo de The XX, “On Hold”, me han venido a la memoria una serie de canciones que forman parte importante de la banda sonora de mi vida pero que no llegaron a llamarme la atención en sus primeras escuchas, algunas, incluso, se hicieron imprescindibles para mí años más tarde de su publicación. Son esas canciones de digestión lenta, cargadas de matices en sus músicas; arreglos o letras, que se van convirtiendo, muy lentamente, en himnos enormes en el universo propio aunque ya lo hayan sido antes para el resto de la humanidad. Os propongo una relación de diez canciones que llegaron para quedarse, por y para siempre, y que por muchos años que pasen por ellas siguen sonando actuales (para servidor) y muy repetidas veces en todos mis aparatos reproductores.

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On Hold. The XX. Como la actualidad manda y porque me acabo de enamorar, la primera de la lista es esta preciosa pieza de pop elegante y de sonido fácilmente reconocible por obra y gracia de The XX. Reconozco que hasta varios días después de su publicación no le presté la más mínima atención ya que se me atragantó muy mucho su segundo largo, ‘Coexist’, la lógica continuidad del álbum debut de los londinenses pero que me aburrió hasta el infinito. No le presté atención a la cacareada evolución del concepto y la ruptura en su sonido y todo lo que está vendiendo la prensa especializada hasta que le di la primera escucha completa, la segunda, la tercera y esta actuación en directo que me ha terminado de reconciliar con ellos.

La forma de cantar de Romy Madley Croft y Oliver Sim y un Jamie XX en estado de gracia hace que espere con ansiedad el nuevo álbum. Si éste viene con la misma luz bailable del single podríamos hablar ya de uno de los discos imprescindibles de 2017.

Drive. REM. Después de que “Losing my Religion” se convirtiera en el mayor mazazo musical que me dieron a mis tiernos 22 años estaba como loco por conocer por dónde irían los tiros del esperado “Automatic for the people”. “Drive”, single adelanto, fue otro mazazo pero para mal. ¡Qué canción más rara! me decía una y otra vez. Aun así me compré el susodicho álbum y al descubrir su contenido seguía pensando lo equivocados que habían estado al elegir “Drive” como apertura y avance del disco. Como lo compré en vinilo el Lp sonaba entero en mi equipo así que, poco a poco, esta historia de muchachos que buscan su propio camino me fue enganchando. La forma de cantar y lo que canta el bueno de Stipe, las guitarras/carretera y esas cuerdas maravillosas hicieron el milagro y “Drive” es la canción que más veces me ha hecho llorar…o una de ellas.

Hyper-ballad. Bjórk. Aquí me pasó algo parecido a lo anteriormente expuesto con REM. Tras el inmenso “Debut” esperaba este “Post” con expectación y tras el adelanto industrial de “Army of me” aún más. Con muestras más evidentes de su locura musical y avances en su sonido hacia el trip hop o el jazz, esta hiperbalada me pasó completamente desapercibida. El gran estigma de comprar en cd es poder pasar las canciones hasta con un mando a distancia y casi nunca llegaba a ese final progresivo de esta joya de la electrónica. Un día llegué y se me puso el vello de punta o puede que ese día me pillara así de entregado, no sé. El caso es que desde entonces, jamás de los jamases he dejado de escuchar una canción entera (de un artista que me interese, claro) y esta, en concreto, que habla de parejas que arrojan basura y sentimientos desde lo alto de una montaña sigue siendo mi favorita de Björk. Y este directo ya es demoledor.

Paranoid Android. Radiohead. Con Radiohead siempre he tenido una relación de amor/odio importante. Excepto la icónica “Creep” la carrera de los británicos como que me daba igual (y me sigue dando salvo trabajos muy contados). “Ok Computer” llegó a mis manos vía regalo y decidí darle una primera escucha. Enseguida me enamoré perdidamente de “Let down” y creo que durante meses fue la única canción que escuchaba del álbum. Pero un día de melancolía máxima me lo puse entero, sin pasar canciones, dejándolas fluir y reparé en lo maravilloso de todo el contenido de este disco, referente de cualquier moderno/indie que se precie. Musicalmente a años luz de sus coetáneos y de la lírica ya ni hablamos. Igual de intenso que frágil, de sonidos tan densos como elegantes, con una estructura tan atípica como la de esta maravilla, Paranoid Android, que aun así no ha conseguido superar a mi favorita, pero que entró y muy bien, ya lo creo.

Little 15. Depeche Mode. A estos les adoré hasta su “Exciter”. Y ya. Esta canción, y su marcado minimalismo, me tiró para atrás durante mucho tiempo pero ese piano tan oscuro y una secuencia de sintetizador, mil veces repetido durante todo el tema, también obró el milagro. Yo, que puedo recordar mi vida entera por las canciones que escuchaba en cada uno de mis momentos más melancólicos, recuerdo perfectamente el día en el que entró este “pequeño quinceañero” hasta lo más profundo de mi ser y sin vaselina. Noche de confesiones con bien de tristeza, amores no correspondidos y tequila. Y de fondo este tema tan triste, tan extraño como bello y con ese punto de fatalismo que necesitaba en aquel momento. Por canciones así echo tanto de menos a Alan Wilder…Aquí os dejo uno de sus innumerables remixes.

Hotel Illnes. The Black Crowes. Sorpresa. A mí las guitarras me han gustado de siempre, de toda la vida, pero no así el rock sureño ni los melenudos, más allá del propio Dave Gahan en sus tiempos de fe y devoción. En los primeros noventa compruebo, ahora que hago retrospectiva, que primaban las guitarras a los sintetizadores en mi discoteca. Este disco,  “The Southern Harmony and Musical Companion” (discazo), me lo compré más por la inercia de su single “Remedy”, que me encantó desde el principio, que por lo que me pudiera encontrar dentro. El resto casi como que me daba igual, la rabia del primer adelanto me bastaba. Así que durante mucho tiempo no pasaba de las tres primeras canciones. Hasta que un día escuché “Hotel Illnes” en un pub de moda y esa armónica hippie que inicia un medio tiempo arenoso cantado por un Jesucristo, puesto hasta las trancas, me volvió loco. Hasta hoy.

Faith. The Cure. No sé si la llevarán en su repertorio actual- los que habéis tenido la suerte de verles en directo, estos días en España me lo diréis-pero si así hubiese sido yo me habría puesto a llorar y mucho. A The Cure les empecé a hacer caso mucho más tarde del lanzamiento de este álbum y de la canción que le da título. Creo que fue en el 85 con la edición de “The head on the door” cuando me paré con ellos y comencé a hacer la correspondiente retrospectiva sobre su discografía. Retrocediendo en el tiempo esta canción tan espiritual e intensa me pasó desapercibida hasta que alguien me escribió una carta en la que me mandaba la letra traducida, solo eso. Un tema de casi siente minutos que habla de oscuridad, de fe perdida y de niños bautizados en sangre. Por aquel entonces yo ya era un pelín siniestro y todo ese maquillaje demacrado y esos ritmos mortuorios hicieron de mí un ser atormentado…porque sí.

A Little Respect. Erasure. Mis amigos eran mucho más adictos a Vince Clarke y Andy Bell que yo. Antes de que este single sonara en nuestro pub favorito Erasure contaba ya con todo un rosario de hits que bailamos hasta la muerte y que no hace falta que enumere. Sin embargo esta canción me tocó el corazón muchos años más tarde de su publicación, así como diez. Sobre 1998 un viaje hacia ninguna parte de tres amigos, en un coche cargado de tiendas de campaña, macutos y demás parafernalia liberadora, encendió la llama ya  que esta canción formaba parte de la banda sonora del viaje, en su correspondiente cinta de cassete. Desde entonces no puedo recordar la de veces que la he escuchado y la de veces que la he llorado, no por lo que cuente, si no por lo que me imagino que me quiere contar si no tradujese la letra. Cualquier versión o remix, todo lo que caiga en mis manos pasa varios días instalado en mi cerebro. Por ejemplo:

O por ejemplo:

Y…

Cut the World. Antony And The Johnsons. En este caso (que no el único) tuvo más que ver el videoclip que la propia canción. A mí esta señora me carga mucho y su intensidad me hace no soportar más de tres o cuatro canciones suyas, a lo sumo. Bastantes meses después de la publicación de este disco descubrí el videoclip, dirigido por NABIL, y protagonizado por  Willem Dafoe y Carice van Houten de una bestialidad visual tal que me pegó un tiro directamente en la frente. Así que reparé en la canción, en su barroquismo y orquestación, en sus formas de mujer ensangrentada y en la voz tan peculiar del artista. Con todo su tremendismo y fatalidad en cualquier caso se quedó ahí para siempre.

Muero de amor. La Bien Querida. Aunque podría hacer otro monográfico con la misma temática pero sobre canciones de grupos españoles, para cerrar esta pequeña compilación he decidido meter esta joyita del pop patrio de los últimos años. Me reconozco profano en la materia y poco experto en las excelencias de esta gran señora del indie nacional. Fue en un concierto, junto a los insoportables Hidrogenesse, cuando otro redactor nuestro y gran amigo me abrió los ojos. Así que me puse a escuchar sus discos, empezando por la trilogía última que conforma su “Premeditación, nocturnidad y alevosía”. Y en este “Muero de amor” lo vi todo: la épica, la voz tan particular de la muchacha, esos teclados tan modernos mezclados con la sencillez de la melodía y la aparente simplicidad de la letra. Desde entonces hasta hoy, con ella/ellos ha sido un no parar.

Conclusión: casi todas las canciones han sido grandes éxitos, así que por lo tanto yo no andaba muy desencaminado aunque haya sido muy a posteriori.    

 


Sobre el autor

Mocico Viejo Official

Amante y amigo. A punto de abrazar la fe, pero a punto a punto. Viajero incansable y buscador de tesoros. Mocico andaluz y rabioso.