Mujeres en cómics, mujeres en Twitter… Se ha vuelto a liar, gente (¿Qué ha pasado con Mockingbird?)

 

Vamos a empezar contextualizando un poco. Mockingbird nunca ha sido un personaje muy importante; es una de las pocas superheroínas casadas (con el vengador Hawkeye), jefa de una sección de los Vengadores, espía, agente de SHIELD, científica, asesina en defensa propia e incluso, por un breve periodo de tiempo, telépata.

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De repente, el personaje de Bobbi Morse (su nombre real) se abrió paso en la serie de televisión “Marvel’s Agents of SHIELD” y, como viene haciendo últimamente, la editorial decidió aprovecharse del impulso de MCU (Marvel Cinematic Universe) para crear una nueva colección de cómics. Sobre la peculiar manera de trabajar de Marvel y de sus desastrosos resultados hablaremos otro día si os parece. Pero os digo, en confianza, que los ocho números de “Mockinbird” han sido de los más sonados aciertos.

Para esta colección, en Marvel decidieron contar con Chelsea Cain, una autora de thrillers con un buen número de best-sellers en su haber, y oye, antes de que se liara la que se acabó liando, os puedo asegurar que muchos de los lectores estábamos disfrutando como locos con esta versión de Bobbi.

La serie contaba con un primer número desquiciado que acababa así: “No habréis entendido nada, lo siento. Prometo ir explicándolo todo.”. La primera parte era una locura, con espías, organizaciones secretas, superpoderes y problemas con el seguro médico de SHIELD; la segunda parte con un crucero, un asesinato y un corgi (un perro, se llama Ka-Zar, uno de los primeros novios de Bobbi), vamos, un gozo.

A lo largo de los años el personaje de Bobbi fue definido en relación a los hombres de su vida: Ka-Zar, Hawkeye y un supervillano aprovechado y secuestrador al que ella acabó matando. Pero en esta colección, como le llevaba pasando en su última época a la superheroína (además de molarlo todo), se acababa definiendo a sus secundarios masculinos por el tipo de vínculo que establecían con Bobbi. Es decir, estaba siendo una heroína feminista.

La tormenta se avecinaba.

Lo curioso del caso es que todo esto estaba pasando bastante desapercibido: la serie se desarrolló en los números acordados (no vendió mucho ni poco) y se llegó hasta el 8, el último. Con este número llegó también su portada, y con la portada la tormenta (tuitera) estalló.

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Una portada en la que veíamos a una protagonista empoderada, sexy, bebiendo un daiquiri y con una camiseta cuya leyenda era: “Ask me about my feminist agenda.”. Oh, claro que la serie se llevaba desarrollando de esta manera desde el principio, pero hasta que no se dice negro sobre blanco y en portada no se despiertan los trolls.

La tormenta descargó en Twitter, donde las críticas a Chelsea arreciaron; insultos, amenazas y revelación de datos personales, es decir, algo muy parecido a lo que sufrieron las gamers en su momento o la protagonista de la nueva Ghostbusters, Leslie Jones. Todas son mujeres que toman el centro del escenario en unos medios muy específicos y tradicionalmente masculinos (los videojuegos, los cómics y en el caso de la buena de Leslie, un reboot de una peli que por lo visto significó mucho para hordas de internautas furiosos).

Chelsea ha abandonado Twitter, como lo hiciera Leslie en su momento (aunque ya ha vuelto, menos mal), por la misoginia de siempre: los que consideran que el feminismo es un ataque contra sus derechos, los que consideran que sus derechos abarcan controlar todo lo que les gusta, los que creen que una mujer debe restringirse a espacios determinados y no traspasarlos, etc. O sea, por escribir un cómic feminista, que además se autodesigna feminista, le han amenazado de muerte, vejado, y la pobre, claro, ha alucinado.

Era su primera incursión en el mundo de los cómics y ella misma ha señalado que, aunque sus libros tienen un alcance mucho mayor que la pequeña aventura de esta superheroína, la respuesta ha sido mil veces mayor y mil veces más desagradable.

Autores como Brian Michael Bendis, que se llevó lo suyo por incluir razas y orientaciones sexuales diversas en cómics (¡pero que nunca ha sido amenazado con una violación!), y Gail Simone, una de las autoras más divertidas, macabras y claro, feministas, con más de diez años de experiencia en el sector, ya han mostrado su apoyo a Chelsea. Dejan claro que el mundo de los cómics ha cambiado. Las autoras y los autores queer y todos sus amigos y amigas estamos aquí para quedarnos. Lo que ha pasado con Chelsea nos avergüenza a muchos, a la mayoría incluso. Pero no podemos olvidar que hay otros que se han alegrado. Muchas autoras de cómic han hablado estos días, muchas han dicho que han tenido que abandonar el medio por los mismos motivos, y eso, no lo podemos permitir.

Lo que sí ha quedado claro es que vamos a ganar esta batalla y buen ejemplo de ello es que, mientras escribo estas líneas, la recopilación de “Mockingbird” se ha convertido en el libro más vendido en todas las webs de cómics.

Nosotros, aquí, esperamos que Chelsea vuelva a Twitter con los brazos abiertos y un daiquiri.


Sobre el autor

Carles Cuevas

Vive en Madrid, es actor y friki de los cómics, ambas cosas se le dan muy bien.