¿Es Wonder Woman “queer”? Depende ¿Te molesta que lo sea? Pues entonces, sí, lo es

Esta semana se ha montado una buena polémica en torno a Wonder Woman, pero para entenderla hay que tener en cuenta que hay un problema mayor en la manera que los medios tradicionales tratan a los personajes de cómics. En este momento en que Batman, Superman, Spiderman y toda la panda han atravesado la barrera del cómic y están en el discurso mediático cotidiano se intenta hablar de ellos como si fueran creaciones originales, únicas y cerradas, como si de un personaje de serie o novela se tratara. Pero es imposible, no se puede hacer. Aunque esto es aplicable a muchos otros, hablemos de Wonder Woman, que para eso me han llamado.

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Diana de Themyscira es un personaje creado hace 75 años (feliz cumpleaños, amiga), aún en activo y más fuerte que nunca. Lo que significa que, cada quince días o cada mes, se han tenido que publicar historias que añaden, contradicen, adaptan y aumentan el mito original, con lo que imaginad el lío que tenemos entre manos. Añade un par de pelis de animación, series variadas como Justice League, apariciones en otros cómics, etc. ¿Qué tenemos? Un follón. Un follón al que cada autor encargado de “Wondy” se ve obligado a dar forma y sentido. El autor encargado del follón ahora mismo, Greg Rucka, es el protagonista involuntario de esta polémica.

Greg parece un buen tipo, y su Wonder Woman es lo mejor que le ha pasado al personaje en años. Por eso dio una entrevista a un pequeño medio especializado en cómics (Comicosity). En esa entrevista le preguntaron si Wonder Woman era queer (o sea, si dentro del canon oficial del personaje entran las relaciones afectivo sexuales con otras mujeres). ¿La respuesta? Que sí, y que no. Y se ha liado.

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Wonder Woman tiene una historia de origen complicada e increíble (aunque muchos hayamos aceptado como creíbles las historias de Batman o Superman, pero ese es otro tema).

Hace milenios existía una nación guerrera exclusivamente femenina compuesta por amazonas. No eran las de la mitología exactamente, ni se cortaban un pecho (¿para qué, eso ayuda a tirar con el arco? ¿En serio?) ni odiaban a los hombres, ni mataban a su progenie masculina. Al contrario, vivían según un código de honor muy estricto hasta que fueron traicionadas por un semidiós –Heracles- que mató a la hermana de la reina y luego violó a la propia regente de las Amazonas, Hyppolita, encarcelándolas a todas, de paso. Al final consiguieron liberarse y resolvieron no volver a someterse nunca más al yugo del hombre. Los dioses, generosísimos y un poco avergonzados, les concedieron sus deseos en forma de Isla Paraíso (o Themyscira, según la versión), un lugar apartado del mundo, al estilo de Ávalon, donde podían vivir en paz. Y allí se quedaron, una nación-estado de mujeres inmortales, entrenadas para la guerra pero viviendo para la paz, el estudio, la ciencia y sus dioses.

La reina tenía un último deseo: una hija. Los dioses la volvieron a escuchar (habían pasado un par de milenios y se volvían a sentir rumbosos) e insuflaron vida a una estatuilla de arcilla modelada por Hyppolita. De esta arcilla nació Diana, que se convirtió en la princesa de la isla y en la única hija de las amazonas. Esa niña crecería y llegaría a abandonar su hogar para luchar por el mundo vestida con algo que, por suerte, cada vez se parece menos a un bikini hecho de la bandera de Estados Unidos.

Este es, a grandes rasgos, el origen comúnmente aceptado de Diana. Contiene mitología, ingenuidad, contradicciones y feminismo por todos lados. A lo largo de su historia ha sido de todo: damisela en apuros, salvadora de hombres, súper-espía sin poderes, secretaria de la Sociedad de la Justicia de América (¡en serio!), azote de los nazis, reina de las amazonas, diosa de la verdad, diosa de la guerra, embajadora, etc. ¿Pero ha sido queer?

Es pertinente apuntar que el propio Marston incluyó entre las frases típicas del personaje el “suffering Sapho!” (Sufridora Safo) y que, a lo largo de los años, la orientación sexual de las amazonas, como sociedad, ya se había definido como bisexual (la madre de Diana, por ejemplo, tiene una relación estable con Phillipus, la comandante del ejército).

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Esto es lo que le preguntaron al bueno de Greg Rucka, y su respuesta es la única que podía dar siguiendo la lógica interna del cómic. Diana se ha criado en una isla en la que todas las relaciones se establecían entre mujeres, es potencialmente queer, pero no se definiría como tal, porque en una isla fuera de la heteronormatividad no existirían esas etiquetas.

Esto es lo que contestó Greg, y ha servido para que los medios se hagan eco con titulares tan variados como “Wonder Woman ES queer.”, “Wonder Woman NO es queer.” o “En la película de Gal Gadot, Wonder Woman será lesbiana.”. Y claro, a Greg Rucka le han caído por todos los lados; que si los autores queer se estaban apropiando de todo (no tengo ni idea de cómo se define Greg Rucka a sí mismo), que si “Gay Agenda”, que si no respondía claramente, que si evitaba el tema, etc.

Las cosas como son: Wonder Woman no es queer, pero potencialmente lo es. Si te molesta que lo sea, mala suerte. Es la consecuencia lógica de sus orígenes: mujeres inmortales encerradas en una isla durante milenios, no se van a mantener castas porque a ti te parezca mal.

Si te molesta que no lo sea explícitamente, que es una reivindicación justa, tranquilo, DC (la editorial que publica los cómics) está haciendo un esfuerzo enorme para fomentar la diversidad en su universo con autores como Gail Simone, Steve Orlando, James Tynion IV o el propio Greg; y con personajes como Batwoman (es la prima lesbiana de Batman) Apollo y Midnighter (gays hiper-poderosos que se llegaron a casar y a adoptar una niña que era la personificación del siglo XXI, ¡ahí lo llevas!) y muchos más.

Un apunte: en la misma entrevista Greg Rucka pide que no se defina a Wonder Woman en cuanto a sus relaciones sentimentales, si no en cuanto a su heroicidad y capacidad de sacrificio. Pero ya vemos hacía dónde han ido las cosas. Para concluir, si me preguntas si Wonder Woman es queer, mi contestación será que en este momento de la continuidad no, no lo es, pero podría serlo sin problema. Si veo que te alegras demasiado por ese no, te diré que perdona, que me he equivocado y que es más lesbiana que la sufridora Safo.

Porque así nos comportamos los amigos de “Wondy”.

Besos.

Carles Cuevas vive en Madrid, es actor y friki de los cómics, ambas cosas se le dan muy bien. Puedes seguirle en @carlescuevas


Sobre el autor

Atroz Con Leche

Podríamos empezar diciendo “Bienvenidos a este blog” pero mentiríamos cual bellacos. También podríamos comenzar con las palabras “Esta es una nuevo modelo de red social” pero ni de coña y tampoco hay ganas. Esto es… Atroz…No hay palabra que mejor lo defina. Bueno sí que hay otras, pero si las escribimos no podrían leerlo niños y además ustedes se van a asustar.