Que igual el Shaming te lo haces tú, te lo digo como amiga

El otro día leí este post -de Facebook, creo, yo lo leí en un Tumblr- y tal y como lo leí, lo pongo:

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Ah, querida amiga VV, cuán equivocada estás. En este texto (poner voz del Chapulín colorado/El chavo del Ocho) ¡No contabas con mi astucia LOS GAYS! Que, otra cosa no, pero los gays somos muy hombres excepto cuando viene el capítulo criticar/quejarnos, que ahí mutamos en porteras.

Todo aquél que me sigue en la maravillosa red social que es Twitter (si no lo hacéis, podéis seguirme aquí) sabréis que diariamente, a partir de mediodía, publico una foto de un chulazo con el hashtag #Elseñordeldía. Este HT, completamente inocente y que no tiene más intención que la de alegrarse la vista, hace las delicias de algunos y las críticas de otros. Porque a cada uno le gusta un tipo de señor y a veces coincide y a veces no.

Lo cierto es que es básicamente mi gusto visual. Pero mi gusto visual, no el sexual. Y no voy a pedir perdón por ello. Si no os gusta, os recomiendo que os hagáis seguidores del Tumblr de @Elperrodetoni, que tiene chulos de los que le gustan a él, que son con pelo y carne.

Hablo de este tema porque no han sido pocas las voces críticas a este hashtag. Principalmente se me acusa de que mis maromos son muy normativos e hipersexualizados. I’m sorry, what? Sí, claro, porque es mi cuenta, es mi hashtag y hago lo que me apetece hacer y pongo lo que me apetece poner. Porque me gusta ver ese tipo de tíos en mi TL. Y buscarlos. Y encontrarlos. Es así de sencillo. Y no por ello es “asqueroso” o “denigrante”. O que no ayudo a romper este hecho.

Pero bueno, es en estos momentos cuando mi educación en Historia sale a la luz y me da por ponerme pedante. ¿Acaso a Rubens le criticaban que pintaran mujeres gordas -no entraditas en carnes, no, gordas-? ¿Conocéis en el Renacimiento movimientos diciendo “El moreno también es bello“? No, queridas y queridos. Se llaman cánones. Cánones que la sociedad va apreciando en su mayoría y se convierten en “normas” de lo que es estéticamente bello y lo que no lo es tanto. En general. No en particular. Que a mí no son los que más me gustan. Me explico.

[ACLARACIÓN: Vive Dios que no quiero decir con esto que los hombres musculados y con pelo sean lo mejor del mundo y los demás debiéramos ir con burka por la calle porque no. No es lo mismo, no os pongáis blanconegros].

A mí me gustan lo que se denominan en el mundo bear “nutrias” o “lobos“. Es decir, pequeñitos, delgaditos, con pelete, con barbita, monos y bien con el pecho formado (wolf) o sin ello (otter). Ni qué decir tiene que mi novio me saca dos dedos de altura y tiene poquito pelo. Pero me pone más que ninguna nutria en este planeta. Y me gustan con pluma, no os vayáis a pensar. Tendríais que ver a mis ex. Que vamos, no se me puede acusar de plumofobia. Estaría bonito, con la que tengo yo, que me da para exportar.

Bueno, para que os hagáis una idea, este es mi estilo de hombre. Nada que ver, normalmente, con los señores del día.

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Los señores del día son para mirarlos y deleitarse. Sinceramente, acostarme con uno de ellos me daría muchísima pereza. Prefiero follar y luego compartir una pizza que follar y tomar luego un Gatorade para reponer fosfolípidos, os lo digo como lo siento.

¿Esto me hace hipócrita? No, esto me hace con ojos en la cara. Y sí, con una mentalidad estética acorde con el canon actual de belleza, vale. Pero no es sólo lo que soy ni todo lo que soy. Y defiendo mi cuerpo como atractivo y lo creo. Y me gustan tíos como yo, también. Pero para follar y para ennoviarme. Para mirar, me gustan más con músculo y pelo. Porque son bonicos. Nada más.

Mirad, os pongo una foto mía para que veáis que no me avergüenzo de mi cuerpo y que, qué coño, estoy para darme muy fuerte. Y al que no le guste, que deje de leer ahora mismo.

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He sido un niño gordo, un adolescente gordo y un joven gordo. Y he sido un niño delgado, un adolescente delgado y un joven delgado. He adelgazado y engordado 20-25 kilos durante mi primer cuarto de siglo, mediante dieta o comer como un animal. Y en los primeros 25 años de mi vida he sido infeliz con mi cuerpo tanto estando delgado (y guapo guapísimo, como decía mi madre) o gordo (recio, como también decía mi señora madre).

La razón estaba en mí. Era infeliz porque no me gustaba físicamente. Ni con lorzas ni sin lorzas. No me gustaba. Y eso me daba unas inseguridades y unas gilipolleces que me hicieron pasar una adolescencia triste y escondida. Pero estaba en mí, no tenía nada que ver con los cánones ni con el anuncio de Coca-Cola lgiht.

Ahora soy un adulto gordo (también lo he sido delgado) y la cosa es diferente. ¡Viva la lorza! ¡Viva el pelo! (¿Cómo podía ser yo tan subnormal como para ir una vez cada 15 días a una esteticién a depilarme el pecho y espalda con cera, con lo que duele eso?). Me veo bien y me gusto mucho. Y kilo arriba, kilo abajo -fantástico libro de @PerradeSatan que os recomiendo y del que tendréis pronto una crítica sesuda- me da igual.

En mi infancia y adolescencia no hacía ningún tipo de ejercicio porque no me gustaba. Y me quejaba de no tener un cuerpo fibrado y musculoso sin hacer ningún esfuerzo y creía que la vida estaba siendo injusta conmigo. Ahora no hago nada y comprendo que, sin hacer ningún tipo de esfuerzo físico, ese cuerpo no se puede tener. Ni genética ni hostias, que yo musculo en seguida. Pero si no hago musculación, no voy a tener músculo. Esto es así de básico y sencillo.

Mirad, no es por chulearme, pero si algo me ha demostrado Twitter y, sobre todo, subir a Madrid en plan single, es que hay gustos para todos. Si estuviera soltero, podría pasarme todo un año follando con un tío diferente cada día y no repetir. Es probable que más tiempo. Y eso, sólo contando con los que me atraen a mí y al mismo tiempo yo les atraigo. Y sin pagar, que os estoy viendo las intenciones. Y ya veis que mi cuerpo no es, en absoluto, como el de los anuncios de colonia. David Gandy y yo no nos parecemos ni en el blanco de los ojos. Ay, mi David…

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¿Qué quiero decir con esto? Que los cánones de belleza son normas estéticas generales que la sociedad en su mayoría considera bello, pero para gustos, colores. Y ya os digo que he conocido a osos peludos y gordos que follan mucho más que cualquier musculado fornido y con todo lo puesto en el sitio que corresponde. Pero mucho de que en su presupuesto mensual del hogar tiene que poner una partida para condones.

“Es que la sociedad me dice que tengo que estar musculado para poder ser atractivo”. No, mira, no. Tú quieres estar musculado porque te crees que así follarás más. Pero conforme estás, ahora mismo, no te ves atractivo y crees que no vas a ligar. Quizá porque resulta que a ti te gustan musculocas y resulta que esas musculocas (no todas, ¿eh? Te garantizo que no todas) sólo se lían con tíos de su misma estética. Como Tom Daley, por ejemplo. Siempre es buena excusa para poner una foto de Tom Daley.

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“Es que las revistas del corazón a cualquier hombre que pasea sus lorzas le ponen de vuelta y media”. Pues sí, porque es que resulta que las revistas del corazón son basura creada por maricas malas que tiene que sentirse superiores por algo y como la maldad adelgaza, pues no tienen lorza. O algo similar. Pero basar tu vida en lo que opinan las revistas es tener una vida muy triste, así te lo digo. *APUNTE: En Twitter comenté el caso de Maxim Huerta y su FatShaming y me pareció terrible. Y sí, dije que yo no iba a la playa por comentarios como estos. Sí, es cierto, no me apetece enseñar mi cuerpo en una playa y que se rían de mí. No significa que no me guste mi cuerpo. Significa que no está hecha la miel para la boca del asno, que no es lo mismo. FIN DEL APUNTE*

“Es que es cosa de la genética y tal”. Sí, está claro que si mides 1.68 no vas poder parecerte al doble de Hugh Jackman por mucho que lo intentes. Y si lo que quieres es ser más alto, chico, pues no lo vas a poder conseguir sin ayuda de alzas, como Tom Cruise. Ahí sí que estoy contigo. Pero no estamos hablando de ser más alto, hablamos de estar más bueno. O lo que tú entiendes por estar más bueno. En lugar de deprimirte por no ser algo, alégrate de que eres más manejable. A mí me gustan así. 1.68 es una medida perfecta para un chico guapo. Y sí, te va a costar más que a otro que tenga una genética más activa (o como se llame), pero si quieres llegar, no quieras llegar en 6 meses. Proponte llegar y ya llegarás. Que tampoco es una cosa de vida o muerte. es cuestión de verte como tú quieres verte para sentirte atractivo.

“Es que yo lo que quiero es que me dejen estar como quiero”. Pero vamos a ver, alma de cántaro, ¿quién te lo impide? ¿La publicidad de perfume? ¿La pasarela Cibeles? ¿Mi tuit diario de #Elseñordeldía? Pues menuda autoestima, querido. Eso es un tema tuyo. ¿Sabes lo que creo que pasa? Que lo que quieres es que el canon predominante sea el cuerpo que tienes tú para ser de los deseados y que los protagonistas de los anuncios sean como lo eres tú para que todos vayan detrás de ti. Y es que así no es, cari. Cada uno tiene el cuerpo que tiene y el que se forma con su día a día. Y si no te gustas tú a ti mismo, tienes dos opciones: o aprendes a quererte -con ayuda o sin ella- o cambias de hábitos. Así de sencillo, simple, claro y apañao. Fácil y para toda la familia. Todo lo demás son lloros. Eso o te metes en los medios de comunicación y cambias el canon desde dentro. O te exhibes demostrando que se puede pesar 120 kilos y que haya gente que quiera follarte. Que la hay. Yo lo hago. Mirad mi Instagram y lo veréis.

“Es que claro, si no tienes que trabajar, es mucho más fácil ir al gimnasio y ponerte buenorro”. Sí, estoy completamente de acuerdo contigo. Y tú, que curras 8-10 horas ininterrumpidamente en un trabajo de oficina aburrido y alienante y luego tienes los santos cojones de irte al gimnasio a darle una hora a las mancuernas aunque lo que te apetezca es cogerte una bolsa de Doritos y una cerveza y ponerte a ver la tele, tienes muchísimo más mérito y tienes todos mis respetos. Pero lo haces porque quieres. Y te costará más que al que va todos los días al gimnasio 4 horas porque resulta que tiene la vida pagada. Pero, repito, los dos lo hacéis porque queréis. No te compares, porque las comparaciones, SIEMPRE, son odiosas.

“No sé cómo dices eso si tú mismo te has puesto a darle a la elíptica y a ponerlo en Twitter”. Es cierto. Y lo hacía (he parado en verano, que me mata el calor) porque me sentía mejor, porque por salud me venía bien -ese colesterol no se va a bajar solo- y porque así me podía tomar dos cervezas mucho más a gusto. Porque si no, me tengo que comprar más ropa y más grande y no estoy económicamente para hacer tanto gasto. Pero no lo he hecho para ponerme buenorro, no te equivoques. Lo he hecho porque me ha salido del mismísimo glande.

Antes de finalizar, y para evitar problemas y críticas del tipo “hablas de un tema pero no nombras a tal porque es tu amigo”, voy a decirlo: el libro de @Pakozoic, #NOHAYEXCUSAS. No lo he leído aún (no me escondo) porque estoy esperando a que le encuentre y me lo firme para hacerlo. Pero me voy a quedar con el título. Aún a riesgo de no coincidir en absoluto con él, ese NO HAY EXCUSAS me viene al pelo para lo que yo mismo estoy diciendo. Yo estoy gordo. Y no me excuso. No hago ejercicio porque no quiero y no hago dieta porque no me da la gana. Y estoy gordo. No me excuso con tonterías. Lo estoy porque como mal y mucho y me muevo mal y poco. Y Pak hace crossfit, entrena a gente, hace entrenamientos exprés y está como un toro. Porque se lo curra. Que no ha nacido así, os lo digo desde ya. ¿Que lo ha tenido más fácil o menos fácil, más bonito o más feo? Eso cada uno que piense lo que quiera. Pero está como él quiere y ha trabajado por ello. No le quitemos tampoco méritos, porque eso serían excusas.

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Por todo esto y por mucho más que seguro que se me olvida y lo tendré que añadir en los comentarios, quería escribir este texto para dar mi opinión. Sin quejas. Sin lloros. Sin dar pena. Porque cada uno está como está. Y a cada uno le gusta lo que le gusta. Y, por tanto, todos podemos ser atractivos para alguien y sólo tenemos que dejarnos de gilipolleces y plantearnos qué queremos en nuestra vida. Para mí es mejor una pizza y una cerveza que unos abdominales marcados. Y mientras mi salud sea correcta, no voy a cambiarlo. Bueno, sí, que hay una camiseta monísima que ya no me cabe y me gustaría ponérmela para estas navidades. Pero eso es lo que me importa a mí. ¿Y a ti?


Sobre el autor

Flanagan R. McPhee

Iba para Reina de la Noche pero se me adelantó Letizia.