Cinco películas de terror intocables

Hay cosas que  no deberían ser mancilladas. Hace muy poco un amigo/lector de nuestro Atroz con leche, Germán, se hacía eco de una noticia que, aunque no es actualidad, nos despertó un drama interno que tenemos que exorcizar como sea ¿Un remake en 3D de Jaws de Steven Spielberg? ¿Nuestro Tiburón de 1975? ¡Pero qué invento es esto!

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Esta noticia-rumor salta a la palestra cada cierto tiempo y viene acompañada por algún aniversario del film original o por el estreno de alguna nueva entrega de sus coetáneas, caso de la aclamada (por mí mismo, dicho sea de paso), Piraña 3D (2011), peliculón éste imprescindible para todo  buen amante del cine sin pretensiones; el divertimento puro y duro y un mucho de sangre en el agua. Mucho cuidado con esta escena…escalofriante. 

Pero es que hay recuerdos que quedan en nuestra memoria marcados por siempre con buril y a los que le damos una pátina de barniz que los conserva intactos. Quizá  muchas de esas escenas de películas míticas,que vivimos en primera persona cuando fueron estrenadas en nuestros cines de barrio, hoy en día ya no tengan validez para muchos; se vean desfasadas, demasiado antiguas para cerebros acostumbrados al efecto digital, estruendoso y casi real. Pero no hablamos hoy de efectos especiales en películas de terror clásicas, aunque en su época (años 70 y 80) fueran lo máximo. A estas cintas no les hacía falta efecto rocambolesco alguno; el mazazo mental nos lo insertaban, vía intravenosa, a través de la historia en sí y, sobre todo, en su manera de contarla. Prevalecía, sobre el efecto propiamente dicho, la mirada de unos ojos amarillos, una voz cavernosa, una cabeza que gira 180 grados,un niño que golpea el cristal de una enorme ventana, una cámara al nivel de la superficie del mar, una boca de payaso, un triciclo por un pasillo…Detalles que fueron dentelladas para nuestros tiernos 8, 10 o incluso 20 años. Ejemplos de cómo se puede provocar mucho miedo sin mostrar sangre alguna o una violencia gratuita. Los niños de aquella época no queremos que hoy nos toquen las pelotas nuestros juguetes.

Y como nos encanta un ranking, discutamos pues:

Nota: en nuestra lista vamos a mencionar hasta tres veces a Stephen King, pero es que entonces era el amo absoluto de nuestras peores pesadilla.

 It de Stephen King (Tommy Lee Wallance, 1990). Esta me pilló algo talludito pero jamás se me olvidará la primera vez que vi a Tim Curry caracterizado como el payaso Pennywise. Filme que van a tocar, vaya que sí. Hace años que se rumorea un remake a la altura de la historia de King, ya que la película original no era para tirar cohetes. En su día la disfruté en cine aunque en Estados Unidos se estrenó en televisión, así que las pretensiones eran escasas. El estreno de la nueva versión, si no sufre más retrasos, podría producirse en 2017 y esperan que tenga una calificación no apta para menores de 17 años, algo que nos hace tener esperanzas aunque si atendemos a quién la dirige, el argentino Andy Muschietti, la cosa se desinfla. Me creé demasiadas expectativas con su cinta “Mamá” que luego resultó ser un bluf, otro esperpento más del tan poco apetecible género del cine de terror en la actualidad. Como prevemos que va a ser más de lo mismo, mejor nos quedamos (spoiler) con la sonrisa macabra, afilada y amarillenta del payaso/araña que engatusa a niños para merendárselos.

El Misterio de Salem´s Lot. (Tobe Hooper, 1979) Serie de televisión en Estados Unidos que en España se estrenó en cines, en versión reducida, bajo el equivocadísimo título “Phantasma 2”. Años más tarde sí que tuvimos la oportunidad de ver la serie completa en nuestras televisiones. La cosa es que muchos de mis amigos y yo  fuimos a ver la película de marras atraídos por el tirón de su supuesta predecesora, Phantasma (Don Coscarelli, 1979. Menudos cabrones, la cinta no tenía nada que ver ni con hombres altos ni con bolas metálicas asesinas. Aquello fue otra historia, una que nos tuvo sin dormir mucho, mucho tiempo. Hoy en día esta adaptación de otra de las novelas de Stephen King, puede causar hasta cierta risa; los maquillajes y unos efectos demasiado a la vista no han hecho que envejezca bien. Pero nada se podrá comparar con la aparición de los niños en las ventanas, llamando a sus amigos, con esos ojos muertos y la avaricia de sangre escrita en la frente. Imposible no mirar detrás de las cortinas antes de irse a dormir por si aparece de repente el señor Barlow, que en esta peli era una suerte de Nosferatu de una presencia  tan contundente que solo lo vemos tres veces en pantalla, aunque tampoco  necesitaba mucho más, en su día ya dejó su firma bien escrita en nuestra memoria. Hubo una adaptación en los 90 pero fue tan desastrosa que es mejor olvidarla. Por mucho que intente recuperar este clásico ya nada podrá quitarnos de la cabeza a David Soul rezando y haciendo una cruz con dos palitos de los que usan los médicos para mirarnos la garganta.

El resplandor. (Stanley Kubrick, 1980) El clásico por excelencia de King llevado al cine por un Kubrick en horas bajas. Hoy en día me parece un despropósito, sobre todo por un doblaje sobrecogedor. La voz de la protagonista, Shelley Duvall (acá Verónica Forqué) hace hasta daño al oído. Quitando eso, la cinta refleja perfectamente  todo lo que la novela  nos quería transmitir, o casi.  Es el  gran baluarte de las películas de terror psicológico. Sin artificios más allá de la incuestionable interpretación de Jack Nicholson, sin ser éste  su papel más relevante (a mí este señor me carga mucho).  Fue nominada a los Razzie en las categorías de Peor Actriz Principal y Peor Director. Aun así son impagables las escenas de los pasillos, las gemelas y el niño con su triciclo. Hubo una revisión en forma de serie en el 97, y se anuncia precuela y secuela. Mal vamos, porque por muy mala que fuera la original, cualquier cosa (actor) que veamos aparecer tras una puerta rota con un hacha nos parecerá ridícula. La sonrisa de Torrance/Nicholson  es y será por siempre historia viva del cine.

El Exorcista (William Friedkin, 1973) La película de terror por excelencia está basada en la novela de William Peter Blatty. El resultado no pudo ser más extraordinario y aún hoy nos sigue impactando por su mezcla entre cinta de género y documental. Su estreno provocó los aplausos unánimes de crítica y público. Tuve la oportunidad de verla mucho más tarde de su pase por los cines pero reconozco que me impactó tanto que me tuvo muchas noches sin dormir. Incluso el reestreno del año 2000 (montaje del director con escenas nuevas e impagables) provocó no pocas pesadillas. Ayudaba mucho el que se hablara de que la trama estaba inspirada en un hecho real acontecido en los años 40, aunque se trató de la supuesta posesión de un niño de 14 años. Regan MacNeil es un icono del cine de terror y lo será para siempre jamás. Fox anunciaba recientemente su versión televisiva, en forma de serie con toques muy modernos, nos dicen. Mucho tendrán que afinar la puntería porque sus secuelas y precuelas varias ya provocaban un desinterés brutal y va a ser casi imposible volver a plasmar el ambiente de la película original, su estética setentera tan dada al susto, sus diálogos endemoniados y esa niña de voz cavernosa diciendo aquello de; “fóllame padre  Karras”.

Tiburón (Steven Spielberg, 1975). Y aquí sí que pinchamos en hueso y no porque seamos adoradores máximos de la película. Aceptamos todo tipo de propuestas del subgénero de tiburones, es más nos encantan. A  los pobres escualos ya los han ridiculizado hasta tal punto que nos podemos tragar cualquier cosa con tal de ver una aleta surcar el agua en busca de víctimas. De momento, y por muchos rumores que haya, nadie se atreve con la original y mira que el film tiene fans incondicionales, sobre todo entre directores jóvenes. Amenábar, sin ir más lejos, la cita como su película favorita. Como el tiburón mecánico de la época no funcionaba el joven director echó mano de la imaginación creando una ambientación angustiosa y copiada hasta la saciedad. Miedo a lo que no se ve, al que le acompaña una música que es el propio tiburón asesino. Con el arranque más impactante posible, inicio que ya nos mete el terror en el cuerpo para el resto del metraje. Jaws era además una película de aventuras marca de la casa. Supuso, sobre todo, un fenómeno social que hizo del bañarse en el mar una de la principales pesadillas durante décadas. Si hubiera algún director que se atreviera a perpetrar un atraco a mano armada a esta joya, ¿cuál sería el más adecuado?

No están todas, hay muchas más películas intocables que darían para un segundo artículo (La matanza de Texas, Las colinas tienen ojos o La profecía, entre otras mil). De momento nos quedamos con estas cinco. 


Sobre el autor

Mocico Viejo Official

Amante y amigo. A punto de abrazar la fe, pero a punto a punto. Viajero incansable y buscador de tesoros. Mocico andaluz y rabioso.