Yo he sufrido homofobia

Aquí en la redacción (de mayoría GAY) somos muy pro-defensa de los derechos de todo el mundo: ya seas mujer, gay, transexual, refugiado, inmigrante o de color verde. El otro día habló MM sobre varias noticias homófobas que increiblemente aún ocurren en pleno siglo XXI en nuestro “tolerante” país. Lo que es más chocante, es que durante los últimos años, los delitos de odio contra el colectivo LGBT han ido en aumento; y la única forma de parar esto es denunciar y hacer frente a los agresores. Desde la redacción, nos hemos querido solidarizar con la gente que sufre o ha sufrido violencia verbal, física o discriminación por tener una orientación sexual diferente; y por ello vamos a contar nuestras experiencias.

MM

El mejor ejemplo que tengo de sufrir homofobia fue mi infancia, en general, lo contaba en este post. Peeeeero, ya de adulto, también me he visto en más de una situación. Sitúo al personal; yo tenía un blog donde hablaba de muchas cosas, entre otras de pollas, chulazos y demás. En su momento, tuvo muchas visitas y funcionaba bastante bien, aunque intentaba mantener mi identidad bajo pseudónimo porque estaba trabajando para un ayuntamiento, digamos pelín facha.

Cual sería mi sorpresa cuando mi jefa por aquel tiempo me llamó a su despacho y yo inocente, llegué con una sonrisa. En el despacho, al verle la cara de perra rabiosa tras haber mordido una guindilla, ya supe que algo no iba bien. Le dio la vuelta a la pantalla del ordenador y señalándome mi blog con la foto de un pedazo pollón en primer plano, me suelta: “¿Esto lo has escrito tú?”.

homofobia-938x421Me sentía muy orgulloso de aquella tontá blogueril porque había muchas horas detrás y mucho trabajo, y sin problema y sin miedo le dije que sí. Bueeeeeno, como se me puso la tía. Me dijo de todo, me gritó y dio varios puñetazos a la mesa “Lo peor no son las…pollas (lo digo con asco, la tía tonta), lo peor es esa manera que tienes de hablar del sexo tan…tan… tan asquerosa, tan cerda, tan antinatural”. Increíblemente, yo estaba muy tranquilo. No es que sea la Juana de Arco de los maricas, pero tuve claro que si sucumbía y entraba en sus chantajes, mi vida no valdría nada y me avergonzaría de mí mismo. Aquello no era valor, era el convencimiento de que si un trabajo me condicionaba toda la vida, incluido mi tiempo libre, ese trabajo era una puta mierda y no me servía de nada. Me dijo (recuerdo perfectamente hasta la última palabra) “Encima de escribir esto lo reconoces sin vergüenza. ¿Y ahora que hago yo contigo? ¿Te despido? ¿Informo al concejal?”. Y con una tranquilidad pasmosa, fui capaz de decirle “Mira; creo que mi trabajo, para el que me habéis contratado, lo hago bien y nadie tiene problema conmigo. Si lo que intentas decirme es que en mi vida privada debo llevar cuidado y esconderme para no perder mi trabajo, prefiero quedarme sin trabajo”.

Se quedó muerta. Supongo que esperaba que le suplicara o que llorara. No me despidió, porque la podía haber denunciado por improcedente, entre otras cosas. Ella era más sutil y prefirió hacerme un acoso laboral  cada vez más potente, hasta que un año después, fui yo el que dejé el trabajo. Pero oye, miro atrás y nunca un despido me dio tanto orgullo.

El perro de Toni

Lo cierto es que me considero un afortunado porque nunca he sido agredido físicamente por ser gay y nunca he sufrido otra discriminación que no sea la que afecta de manera general a todo el colectivo LGTB.

Mi única anécdota desagradable fue hace unos 10 años, en Madrid. Yo estaba pasando el fin de semana con un crush de la época y a veces paseábamos cogidos de la mano, especialmente por Chueca y aledaños. Aquel día en concreto, creo recordar que un sábado por la tarde, había convocada una de las múltiples manifestaciones que las asociaciones de víctimas del terrorismo usaban como excusa para criticar al gobierno de Zapatero. Aquel día creo que la había convocado el Foro de Ermua. Ya finalizada la manifestación, por casualidad, cruzamos la Gran Vía (que estaba cortada) y nos encontramos de golpe con un grupo de señores y señoras, ya mayores, que llevaban banderas de España (y algunas del pollo). Uno de ellos, al vernos cogidos de la mano, dijo “Mirad qué maricones”. Yo flipé bastante, porque creo que era la primera vez que me pasaba algo por el estilo. Seguimos caminando, ellos en una dirección y nosotros en la nuestra, y la cosa no fue a más. Siempre me he preguntado si aquel tipo habría soltado la misma frase si, en vez de ir con cuatro o cinco personas más, hubiese ido solo.”

Flanagan R. McPhee

Pues la verdad es que la última amenaza (casi agresión) homófoba la conté aquí mismo, pero la cosa no viene de nuevas.

noticias_file_foto_672603_1374592199Aunque me considero un niño privilegiado, era el “maricón” del cole (sí, ÉSE era mi “mote”). Y eso me supuso insultos, vejaciones, ridículos, enseñarme muchas pollas (esto no fue tan malo, ahora pensándolo con la falofilia que me ha dado el tiempo)… Cuando estás en un colegio católico el primer acoso te lo haces tú, con lo que los acosos externos no hacen más que hundirte un poco más cada día. Pero insisto, he sido de los niños “privilegiados” en este ámbito. Y, aunque vino después, me guiaba por la máxima de Dori: “Sigue nadando”.

Mr. Fluffer

Aparte de los típicos maricón o nenaza que hay que aguantar en el colegio y en el instituto (me gustaría ver a más de uno de aquellos que ahora se comen pollas como ballenas), lo único que recuerdo ya en mi edad adulta es hace poco, que estaba dándome besos con mi chico en la entrada de un parking, y un jovenzuelo decía ‘oye, oye!’ hacia nosotros. Un amigo nos dijo que era porque nos estábamos dando mimos. Como estábamos en eso, dando mimos, los oye eran puro ambiente; le ignoramos y no le dimos ninguna coba.

C de Palote

12834969_951770218238022_1827086062_nYo siempre andaba jugando con niñas, detestaba el fútbol y la verdad es que me encantaba jugar a la goma. Con ese panorama lo normal es que recibiera insultos verbales, pero a mi no me importaba, además tenía un par de compañeros que eran iguales que yo y las agresiones entre tres eran mucho más llevaderas, lo pasábamos fenomenal y nos importaba poco lo que dijeran los machitos de turno. Pero una vez un par de ellos me arrinconaron a mí solo en el baño del colegio y me dieron un par de empujones y puñetazos, como siempre tuve bastante genio no me quedé parado y me defendí, y aunque no pude devolverles los empujones percibieron que no iban a poder conmigo y no lo volvieron a intentar. Afortunadamente esto no me creo ningún trauma y siempre he disfrutado de mi sexualidad con tranquilidad y relajación, supongo que también por la comprensión en casa de mi familia y de mis buenos amigos y mejores amigas.

MuTarr

Pues como el resto, soporté algún mariquita, nenaza o cosas así en el colegio y en el instituto, pero la verdad que no me han dejado mucha mella. Bueno sí, consiguieron que a pesar de mi tamaño “mini” desarrollara una mala hostia y una boca que dejaba en ridículo al primer subnormal que se dedicaba a insultarme.

Lo peor lo he vivido en mi vida de adulto; tras un episodio de acoso sexual-laboral, cuando reventé y lo conté todo; el jefazo del OPUS me dijo que era mejor que me fuera. Todo porque yo era gay y el jefe-acosador era de otro grupo cristiano.

religion-catolicismo-evangelismo-cura-homosexualidad-lgbt-peru-unioncivil-matrimonioigualitarioAdemás de eso, me han insultado desde un coche (muy valientes) cuando he ido cogido de la mano con marido por la calle. Una vez un individuo del Este (no sé exactamente de qué país era) de 2×2 intentó pegarnos. Nos libramos por la mínima, porque mi marido se encaró y yo dije que iba a llamar a la policía, pero ha sido de los mayores sustos de mi vida.

Lo último ha sido un jefe que me hizo moobing, me aisló profesionalmente cuando se enteró que era gay. Pasó de colegas a casi ni dirigirme la palabra durante semanas o dejarme sin recursos. Ha sido una experiencia muy dura, ya que no hay violencia verbal ni amenaza física. No entiendes lo que pasa porque no quieres pensar mal y no sabes si eres tú el que está paranoico. Poco a poco te anulan como profesional y es muy difícil salir de ese pozo de mierda. Suerte que me enfrenté a la situación y aunque no hay una admisión directa, al menos conseguí liberarme y mira, ahora soy mucho más fuerte y feliz.

CartelObservatorioEspañolContraLaLGBTfobia-724x1024Por todo lo anterior, queremos deciros que NO estáis solos; que aunque tengas miedo hay que  denunciar si has sufrido o sufres odio o discriminación. Creemos que es muy importante luchar por nuestros derechos, por una normalización en la sociedad y que nadie se merece ni éste ni ningún tipo de discriminación u odio.

 

 


Sobre el autor

Atroz Con Leche

Podríamos empezar diciendo “Bienvenidos a este blog” pero mentiríamos cual bellacos. También podríamos comenzar con las palabras “Esta es una nuevo modelo de red social” pero ni de coña y tampoco hay ganas. Esto es… Atroz…No hay palabra que mejor lo defina. Bueno sí que hay otras, pero si las escribimos no podrían leerlo niños y además ustedes se van a asustar.