Poppers: ¡a ver si te vas a quedar ciego!

Ya nos lo decía aquella catequista solterona, evidente experta en todo lo relacionado con el sexo: “deja de darle al manubrio, niño, que te vas a quedar ciego”. En eso consistió gran parte de la educación sexual de las generaciones que nos precedieron y ahora, en pleno siglo XXI, la cosa no es que haya avanzado mucho.

poppersDe lo que no éramos conscientes es que no solo pelársela produce ceguera, sino que también follando se puede quedar uno como Rompetechos. Follando mal, se entiende. Véase si no este titular de una noticia aparecida en El Español:

La droga que puede volver ciegos a los gais

Se refiere a los poppers. A la droga, se entiende, no al encantador matrimonio formado por Karl Popper y su mujer Josefine.

Me pide nuestra abadesa, la reverendísima Madre Superiora, que ofrezca mi visión de Científico Loco sobre la noticia. Y yo, fiel a mis votos de probreza y obediencia (el de castidad, no me sale), he de ofrecer mi contribución como reputado experto. Es esta que aparece a continuación:

No soy un reputado experto.

Lo único que sé de medicina es que hay que hacer caso de lo que te dice tu médico, que es el que realmente sabe del tema, y que nunca jamás hay que recurrir a Yahoo Answers ni a Forocoches como fuentes de información acerca de una cuestión médica, ni de ninguna otra índole, ya puestos.

Yo, personalmente, uso poppers de vez en cuando, pero no frecuentemente. El motivo es sencillo: me bajan la erección y eso, siendo como soy activo, es considerado un inconveniente por todas las partes implicadas. Pero sobre todo no los uso porque tengo en la familia un historial alarmante de problemas cardiovasculares, con parientes muriéndose todo el rato de todo tipo de derrames, infartos, trombos y aneurismas, y el popper, aparte de ser vasodilatador, provoca unos bandazos de tensión que no son para tomárselos a risa. Ya bastante me la juego con los torreznos, y no es plan de echar más leña al fuego.

De lo que sí que estoy capacitado para hablar, por profesión y vocación, es de estadística. El articulito de El Espapol hace referencia a un informe aparecido en la revista BMJ Case Reports. Es, como el propio nombre de la revista indica, un case report. En cristiano, un caso clínico.

Conviene hacer notar la diferencia que hay entre un caso clínico y un estudio muestral (“survey sampling“). Lo primero es algo más bien anecdótico (se informa de un caso particular), lo segundo es un estudio estadístico de casos en una población. Un caso clínico bien documentado tiene valor científico, pero hay que tenerlo en cuenta en su justa medida. Es difícil hacer extrapolaciones a partir de un caso clínico.

La moraleja de esto, en relación al articulito de El Español, es la siguiente: que no cunda el pánico. No parece probable que vaya a haber una oleada de cegueras por usar poppers. Ya deberíamos estar todos que no veríamos tres en un burro, y no es el caso.

Y ahora, la pregunta del millón, la que se habrán hecho los lectores más avispados o quisquillosos de Atroz. ¿No acabamos de publicar, hace apenas una semana, un post bastante duro (y polémico) creando conciencia a partir de otro case report? ¿En qué quedamos? ¿Por qué la semana pasada nos poníamos serios y ahora le quitamos hierro al asunto?

Pues mira, ahora sí que viene bien sacar a colación al otro Popper, Karl. Me viene al pelo.

Como decía antes, es difícil extrapolar conclusiones a partir de un único caso clínico. Sobre todo en medicina, donde la cantidad de factores que pueden influir en un suceso dado es tan grande que es enormemente difícil desentrañar causas aisladas. Incluso una pequeña cantidad de casos clínicos coincidentes pueden no significar nada. Si una única persona que fuma desarolla cáncer de pulmón, no puedo afirmar que una cosa cause la otra. Si reúno datos de miles de personas que a lo largo de años han tenido el mismo caso, puedo empezar a hablar en serio de causas y efectos.

Hay una notable excepción a esta regla, y es el contraejemplo (“falsación”, como decía Popper). Si yo enuncio una teoría (por ejemplo: si suelto una piedra, sin ejercer ninguna fuerza sobre ella, desde mi mano, ésta caerá al suelo por su propio peso) y encuentro un solo caso en la que ésta no se cumpla (por ejemplo, la piedra sale volando sola, mágicamente), la teoría deja de ser universal y válida (puede resultar ser válida pero no universal, pero eso ya es otra cuestión).

Es fácil y rotundo falsar una teoría. Basta encontrar un caso que sirva de contraejemplo. Por el contrario, no se puede probar una teoría con un único caso.

Los dos case reports de los que hablamos, éste de hoy y el de la semana pasada, están en niveles completamente distintos. El case report bien documentado de que un individuo que seguía con plena adherencia tratamiento PrEP ha contraído el VIH desprueba la teoría de que la PrEP proteja perfectamente contra la transmisión del virus. Lo que no puede hacerse con este caso clínico es extrapolar para predecir el ritmo al que se van a producir nuevos casos de transmisión (que se producirán, vaya si lo harán). Por contra, el case report bien documentado de que un individuo se haya quedado ciego tras usar poppers no prueba la teoría de que los poppers causen ceguera.

Lo cual no quita que tenga toda la lógica del mundo pensar que usar un vasodilatador sin prescripción médica pueda acabar jodiéndote los capilares. Ya empecé esta parrafada diciendo que, a la vista de las formas horribles de morir que tienen a gala mis familiares, considero de sentido común no ser usuario habitual del nitrito de alquilo.

Y por último, pero no menos importante (y mucho más en la línea editorial de Atroz) me queda despacharme a gusto contra los irresponsables, sensacionalistas y chapuceros periodistas y editores de El Español. ¿Qué mierda de titular es “la droga que puede volver ciegos a los gais”? ¡Como si los heteros no usaran poppers! El titular es como mínimo tendencioso: otra vez los viciosos maricones, metiéndose de todo y haciendo “cosas chungas” de esas de pervertidos. ¡Por favor! Iros todos a tomar por culo, hombre ya.

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Tomo prestada esta genial viñeta de “Un Mundo Raro”


Sobre el autor

El Cientifico Loco

Siempre he querido ser un doctor maligno... pero el alquiler de bases secretas en islas con forma de calavera está por las nubes últimamente