Canciones Para Robots Románticos: Desguace Emocional de Ciencia Ficción

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Desde la publicación de “Naturaleza Muerta” y, más en concreto, con el lanzamiento de “No sé qué me das”, Fangoria se reconcilió con el gran público, es decir, “volvió a escuchar a Alaska, ahora con el pelo colorao”, ya no se trataba de sinlges sueltos (“ah, pero, ¿Alaska sigue cantando?”) que de vez en cuando se escuchaban por los de siempre (y que mantuvieron vivo al dúo) o por gente que se los encontraba por casualidad y no comprendían del todo tanta modernidad. Fangoria ha sabido con el paso de los años adaptarse a los nuevos sonidos comerciales pero adelantándose a ellos, imprimiendo su sello en letras deliciosamente repipis y sin embargo siempre por el sendero del estribillo fácil y pegadizo. Ese es su secreto: Ser uno mismo pero pensando en todos. Dicho esto, y tras el no para todos los gustos “Cuatricomía” (y Policromía), tachado de obra maestra, tachado de experimento insufrible, se nos presenta tres años después “Canciones para Robots Románticos”, con una gran portada que homenajea a las Stepford Wives de vida aparentemente perfecta en la que oh, cómo no y tratándose del universo de Alaska y Nacho, hasta los robots tienen quebraderos de cabeza, corazón y sufren, sufren mucho y como Geno. O mucho más.

El haber sido producido únicamente por dos personas responsables de dos de los colores de Cuatricomía, esto es, el azul y el negro, anticipa que este nuevo trabajo va a ser una mezcla de sonrisas y lágrimas. Pues no. Las canciones de Guille Milkiway se asemejan a las de Klein y se han hermanado de tal forma que solo en determinados momentos distingues una producción de otra, y es que todo es melancolía en este cd, todo son decepciones, desilusiones, arrepentimiento, condenas eternas, redenciones y siempre con letras pedantes. Maravilloso. 100% Fangoria, es una vuelta de tuerca a “El Extraño Viaje” pero ya (a Dios gracias) sin tintes de western postapocalíptico, ahora con más guiños al baile de fin de semana, o de tarde de limpieza en casa, como podemos ver en el subidón de “Iluminados” o en la “Geometría Polisentimental” al completo. El pop electrónico más ligero y elegante, tanto en la producción como en la letra lo podemos encontrar sin duda en “Manual de Decoración para Personas Abandonadas”, ideal para esa copa a la salida del cine, en plan ambiental. Es destacable también en esta línea “Disco Sally”, una canción casi perfecta y tal vez el corte más bonito, tranquilo y con mejor gusto de todo el álbum, casi sin ningún parecido con el resto de las composiciones del álbum y muy acertadamente colocado como pista 1, como “Discoteca” de Pet Shop Boys comenzando su “Bilingual”. Y, cómo no: El himno mariquita que nunca falta en sus álbumes, la canción de megadespecho, megadespiadada y megamevasaoírcachoperra que en este caso no llega al nivel de “Desfachatez”, pero que tiene una letra que TELA MARINERA, “La Marisabidilla, el Escorpión y la que quita la ilusión”, toda una declaración de guerra a las malas lenguas alrededor de una relación, a la marica mala y envidiosa. Destacar, y digo destacar con mayúsculas, “La Nostalgia es una Droga” con esa letra hiperrealista, casi de autoayuda, ese estribillo de ritmo tan ochentero y que retorna a la electrónica oscura… En fin, una maravilla. Como colofón tenemos “Delirios de un Androide Cardado”, un título absolutamente imposible que nos trae los ritmos fúnebres, circenses y tragicómicos, en definitiva de “Lo tuyo no es Normal”, el último tesoro incomprendido de “Cuatricomía” y con guiño descarado a su “Lo Siento” de 1.989 y a Blade Runner, claro está.

En conclusión, y contra todo pronóstico, “Canciones para Robots Románticos” no me ha decepcionado. Es más, me ha gustado, y mucho. Oscuro como él solo, en él cabe de todo: Desde hablar en japonés, menciones a Le Corbusier y a Barbara Cartland (mencionan sus pestañas y me caigo de culo), el panfletismo podemita en contra del amor de “Fiesta en el Infierno”, hablar de Matrix y del Señor Spock (ya sabéis, trekkies, “Larga Vida y Prosperidad” para cuando estéis hartitos de vuestros churris) hasta comparar los tambores de una procesión con la Marcha Imperial, supongo que de Star Wars. Solo falta mencionar al Bender Rodríguez de “Futurama”, a Terminator y a los Transformers, y tendríamos reunido a todo el famoseo con aleación de hierro y titanio de fiesta por Chueca. Un gran trabajo con una producción sobresaliente que viene a decirnos, siempre con el estilo entre lo grandilocuente y falsamente minimalista propio de Alaska y Nacho, que hasta para un robot La Procesión va por Dentro. Bravo.

 


Sobre el autor

Ay Manuel Manuel

Pajarraquista Absoluto.