El bar de las grandes esperanzas

La verdad es que “El bar de las grandes esperanzas” ha generado mucha ilusión entre los lectores. Yo mismo, hace unos días, lo viví en mis cibercarnes cuando pregunté que libro me tenía que leer. Estaba entre Dickens, Salinger, ese que dicen que es el nuevo Harry Potter para adultos, y este. Varios de mis amigos de Facebook, con buen criterio, me recomendaron que empezara por este. Bueno, la portada es chula, el tipo es un premio Pulitzer con un nombre impronunciable, como el mío, así que nada podía salir mal. ¡Un premio Pulitzer! Quiero decir, si alguien tiene un Pulitzer y una dentadura como el señor Moehringer, tiene que ser interesante.

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Cuando comienzas a leer “El bar de las grandes esperanzas” una de las primeras imágenes que te vienen a la mente es el bar de doña Rosa, de “La Colmena”, esa maravilla que odiamos todos los que sufrimos la EGB, el BUP y el COU. Los que, como yo, han tenido la suerte de poder volver a coger esa novela otra vez, librándose de los complejos y la inexperiencia de la adolescencia, descubrieron la esencia de la puñalada literaria, el poder que tiene un adjetivo bien colocado, una frase a medio terminar que te da más información que cien páginas de periódico. Y esto es precisamente lo que le falla al libro del señor Moehringer. Los libros no se tienen que leer, se tienen que oler, tienes que empaparte de la lluvia que moja al protagonista, poder compartir el miedo del que sabe que va a morir, y sin embargo este es un libro que no huele, que no sabe, donde las conversaciones de bar podrían ser de sala de espera de dentista. Una gran trama, que bebe, y nunca mejor dicho, de la Ilíada y la Odisea, con sus héroes y sus personajes malditos, pero con una prosa tan descafeinada que hace que pase sin pena ni gloria. Personajes detallados hasta la náusea, y sin embargo planos.

Quizás pase, como con otros libros, que se ha infectado del virus de la traducción apresurada. No puedo opinar, no tengo ganas de volver a leer la misma historia en inglés. Pero de la misma manera que como libro no me merece la pena, con un buen director será una película espectacular. Y se nota que hay un poquito de ese objetivo en toda la trama. Señor Scorsese, tome nota.

Yo mientras tanto, he empezado con los nueve cuentos de Salinger. Ya os contaré.


Sobre el autor

Hilde

Soy hipocondriaco, paragnósico, ateísimo y me tiro pedos.