Hable con ellas. Lali Soldevilla

El día 12 de septiembre de 1979, España entera se quedó conmocionada con la muerte de Lali Soldevilla (vamos, sus cuatro amigas, la familia y poco más). Para entonces Lali no era más que otra de las actrices que copaban las producciones cinematográficas de la época, un poquito menos agraciada que otras, pero ya está. Sin embargo el milagro de la resurrección se hizo realidad en ella y ahora, bajo el pseudónimo de Kim Jong-un, controla el imperio del terror sito en Corea del norte. Hoy, después de mucho tiempo, Lali nos concede una pequeña entrevista donde desnuda su corazón.

Buenas tardes, Lali: llevábamos mucho tiempo queriendo pasar un tiempo contigo y conocerte más de cerca, el público desea saber cómo eres en la intimidad, qué te parece que empecemos por tus orígenes, ¿Cuáles son tus recuerdos de infancia?

  • Pues recuerdo mi infancia como una época tranquila donde no se estaba dando por culo con el independentismo continuamente y Barcelona era una ciudad cosmopolita realmente, aunque yo me dedicara hacer patrones y cortar trajes porque mis padres me apuntaron a un cursillo del distrito de corte y confección.

¿Fue haciendo esos trajes cuando te picó el gusanillo de hacer teatro y cine?

  • Sí, porque mi madre, debido a que yo nunca he sido mona y encima tampoco tenía pelazo, me obligaba a cortarme trajes que se parecían más a telones que me tapaban entera que a vestidos normales y corrientes.

¿Cómo fue tu salto a las tablas?

  • Pues es muy gracioso porque yo ya tenía dentro ese espíritu mío de ahora de organizar un tangay a la mínima y cuando me quise apuntar al grupo de teatro me dijeron que estaba completo, así que decidí hacer un juicio rápido y mandé a ejecutar a dos o tres actrices y claro, de la noche a la mañana, ya tenía yo hueco.

Vaya, esto es una revelación total, no sabíamos que esto había pasado así, ¿Crees entonces que lo de tu enfermedad, lo de tu cáncer, se trató de justicia poética?

  • En lo del cáncer, como en otras tantas cosas, fui una visionaria, mira cuantas otras han venido detrás queriéndose apuntar al carro. Lo de mi enfermedad fue un invento del estado, yo estaba ya hasta el mismo coño de aguantar a unos y a otros y me apetecía retirarme una temporada a pensar de qué manera podría conquistar el mundo, por eso estuve tantos años desaparecida.

Hasta nuestros días, donde eres la máxima mandataria de uno de los países que se ha dedicado en poner en jaque al mundo occidental.

  • Bueno, antes abrí un negocio de trajes de flamenca, porque me mudé a Triana y junto con Matilde Coral desarrollamos el programa I.P. donde creamos el arma de destrucción masiva definitiva. El único soldado capaz de, junto a los potos y a las cucarachas, sobrevivir a un holocausto nuclear.

¿Me estás diciendo que tú estuviste involucrada en la creación y entrenamiento de Isabel Pantoja?

  • Eso es un secreto de estado que no pienso revelar.

Bueno, Lali,  ¿por qué decidiste cambiarte el nombre al ascender al poder en Corea?

  • Porque quería mostrarme cercana con mis súbditos, que estén creados en una cadena de montaje todos con el mismo patronaje no significa que no tengan sus cositas y que a todo el mundo le gusta un poquito de cariño.

Después de haber puesto en marcha un imperio que parece no tener fin y que aspira a derrotar a los Estados Unidos de América, ¿Qué otros planes tienes?

  • Por ahora estoy centrada en sacar unos vídeos de aerobic como Cindy Crawford y mi propia línea de rizadores de pestañas, que a mí me interesa darle un poquito de protagonismo a mis ojos, que parecen dos puñalás en un tomate.

Bueno, Lali, tenemos que ir despidiéndonos porque los servicios de tu país no permiten que estemos aquí más tiempo que el que estamos en la cola del Carrefour cuando vamos a comprar las ofertas de bollería. Algún mensaje que quieras dejarle a tus fans, una reflexión a lo Mariló Montero, lo que sea.

  • Desde aquí me gustaría invitar a todos mis fans a venir a Corea, es un parque temático pensado para el uso y disfrute de todos vosotros, con sus gulags, sus celdas de aislamiento, sus procesamientos masivos, sus penas de muerte, en fin, todo lo que aquella niña pizpireta llamada Lali Soldevila pudo soñar el primer día que la apartaron por fea en el colegio. Besos.


Sobre el autor

Camello de Rosarillo. Pollón. Mariliendres, a mí!