BROKEN

Antecedentes: Este post se lleva cocinando 10 años. Lo he escrito, borrado, rehecho, borrado, y así durante una década. Una vez lo intenté mandar a la revista ZERO, pero en esos momentos ya estaba de capa caída y cerró al poco. Hasta que no me decidí entrar en el ATROZ no quise volver a intentarlo y la verdad, que el post de Bellísima Persona de “El camino más largo para volver a casa” me hizo pensar que podría encajar. Dicho esto, aquí va:

¿Cuántas veces te has mirado a un espejo y no te has reconocido? No me refiero a tener una resaca o una mala noche en la que no has dormido. Me refiero a ver a un extraño. Así es como yo me veo muchas veces. A veces me miro al espejo y el espejo me devuelve una imagen fragmentada de alguien que se me parece; llena de piezas, algunas que se sujetan por la presión de las piezas anexas, mientras que otras se han perdido y dejan un vacío; por lo que la imagen que me devuelve el espejo es una versión diferente y distorsionada de quien era.

Y todo fue porque un día alguien dio un puñetazo y partió el espejo. Una noche, en una ciudad ajena, en un congreso, en una habitación de hotel, con mi jefe compartiendo habitación. Una fatídica noche en la que hice acopio de toda mi entereza para decirle repetidamente que NO, que NO me iba a acostar con él.

Fui naif, no vi las señales. Yo era idealista y apasionado por la ciencia, él casado, con mujer, una hija y otra en camino, y creo que sin mucho amor. Probablemente no quería ver la tormenta que se cernía sobre mí. Malentendía que las horas juntos, la confraternización era pasos que él daba para llegar a mi entrepierna. Yo pensaba en experimentos, hacía largas jornadas de 10 ó 12 horas dando todo lo que tenía por una meta que me volvía loco: la ciencia, la investigación, un doctorado…

Pero llegó el día, y todo se rompió. O mejor, yo me rompí. No cedí a sus pretensiones, pero algo en mí sí cedió, el espejo se quebró. Ya no me gustaba tanto el trabajo, a ir a trabajar era como lo llamaba “ir a la guerra”, ya no quería aguantar 12 horas, que se acercara me hacía echarme a temblar de manera incontrolable, aunque no hubiera cedido. Quería salir, huir, además, su moobing en los siguientes meses hizo volar todos por los aires, el espejo siguió rompiéndose.

Intenté luchar, me rebelé, pero no sirvió de nada. Abogado, no. Compañeros, menos. Mi único apoyo fueron familia y amigos, pero me ahogaba, encontrar empatía en amigos o amantes que habían pasado por lo mismo no era suficiente (Sí, el acoso masculino es un hecho, aunque sea silente). Yo tenía que escapar, y lo hice. Conclusión: Cambio de ciudad, reinicio, rehacerme.

Pero eso no es nunca cierto del todo. Llevas contigo una maleta, una carga. Rehaces tu vida, consigues un puesto en otro laboratorio, conoces al hombre de tu vida, nuevas amistades… pero no es la solución.

Hay días que la rabia te puede, que eres feliz y te pasa por la mente “si eso no hubiera pasado, ¿no tendría esto? ¿eso significa que tenía que pasar?” y te enfadas y te odias porque es una lógica retorcida que no evitar que pase por tu cabeza.

Además, me faltan historias, me faltan memorias, me faltan años! Algunos amigos no saben por qué desapareciste, simplemente tu mente dijo que para protegerte tenía que borrar, borrar indiscriminadamente. Y sólo eres consciente de ello cuando un día, muchos años después, te cruzas con alguien y saca de tu chistera mental algo que habías borrado, como un mago que saca una carta que antes no estaba. Te das cuenta de los trozos del espejo que se han caído, aunque por mucho que buscas no los ves.

Quién soy hoy? Hay días que siento que el espejo está casi arreglado; hay días que se me lleva el diablo. Soy afortunado por todos los que tengo a mi alrededor y me han apoyado y, sobre todo, aguantado.

Este post tiene varios mensajes o fines que quería transmitir:

NO cedáis, es una de las pocas cosas que no me pudo quitar o destrozar y, de la que más me siento orgulloso. Duele, sí, pero cada día pongo un poco de cola en el espejo; encuentro una parte que se ha caído.

Y lo segundo, esto va por vosotros que estáis a mi lado; por los que me veis en los días que ni yo mismo me quiero mirar y me reconfortáis y me hacéis ver que sigo ahí, en el fondo de la imagen del cristal roto. GRACIAS.


Sobre el autor

MuTarr

Me encanta bañarme en la sangre de mis victimas.