Los nuevos misterios del directo de Joe Crepúsculo

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El pasado 19 de junio Joe Crepúsculo presentó en Madrid su último álbum “Nuevos Misterios” ante multitud de congregados que casi llenaban el OchoyMedio. Lo cierto es que, desde que nos envenenó con la picadura de sus medusas allá por 2008, el directo de Joël sigue siendo un paradigma de sobriedad escénica (tan sólo unas testimoniales proyecciones geométricas y el desfile de colaboradoras rompían el austero escaparate del que hace gala), no exento de los consabidos errores técnicos, arranques fallidos e improvisadas y atropelladas arengas al público. Sin embargo, parece haber dejado atrás ese feroz amateurismo y esa chulesca apatía de sus inicios, y se le ve más implicado en la interpretación de los temas, arrancándose con bailes, entonaciones desgarradas o poses mesiánicas muy efectistas, conservando intacta la autenticidad que le ha hecho único.

El subidón que “Nuevo amanecer” imprimió al comienzo del concierto presagiaba una auténtica sesión rave, pero la caprichosa alternancia de temas ultrabailables, medios tiempos y baladas fue la desconcertante tónica general. Seguidamente sonó la intrigante “Corazón de colmillo”, que inaugura “Nuevos misterios”, y tras la mecanera y divertida “Bailando en el lavabo”, La Bien Querida apareció en forma de espectro virginal e inmaculado a los coros de “Flor de Luz”, inaugurando un excesivo protagonismo de las baladas que rompía cierto ritmo al directo.

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A partir de esta extraña y variada introducción, y en consonancia con el eclecticismo del que hace gala en su recién publicado álbum, el concierto transitó con total naturalidad entre el Crepúsculo verbenero de sangre latina, el cantautor intimista, y el artista más fiestero, responsable de facturar el technopop bailable más arrollador del indie nacional. La siniestra “El cráneo” y su producción colindante con el africanismo, dio paso a “Reina del Locutorio” a dúo con Lorena Iglesias, y ese sucio coqueteo con el hip hop que resulta más atrayente en directo que en el álbum. Y tras el momento del reggae electrónico con “De Ferrol a Cartagena”, comenzamos a quemar zapatilla de verdad con las infalibles “Soy leyenda” o “Ritmo mágico”. Cuando pensé que ya daba por olvidados sus primeros discos, irrumpió “Baraja de cuchillos” con el fervor del público entregado al asombroso magnetismo de sus teclados, coreando el ya clásico “lo lo lo lóóó, lo lo lo lóóó…”. Después sonó la rumbera y racial “Somos perros”, con el trío gitano Las Negris a los coros, demostrando que sólo él es capaz de conseguir que parte de la comunidad indie se arranque a bailar ritmos aflamencados sin ruborizarse.

Insistente con las baladas y tiempos lentos, interpretó “El reino de la nuez” para compensar a continuación nada menos que con “Batalla de robots” y “Tus cosas buenas”, con un estribillo más electrónico. Una breve pero reconfortante retrospectiva de sus inicios con las imprescindibles “La canción de tu vida” y “Suena brillante”, sirvió para enfilar la recta final con su soberbia versión de “Maricas”, a dúo con Ariadna de Punsetes, y “La verdad”, en que tanto Ariadna como La Bien Querida hacían las veces de una Prohibida ausente pero que se dejaba sentir. “A fuego”, de nuevo con Las Negris en escena, puso más notas de color y raza con las que ha aderezado parte de sus Nuevos Misterios, para terminar con “Mi fábrica de baile” en apoteósica congregación de sus colaboradoras en el escenario, apabullando una vez más con el incontestable poder de sus himnos.

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No faltaron sus ya habituales saludos en catalán, expresiones cargadas de irónico desafío como “esta canción no la habíamos cantado aún en España”, y demás provocaciones en torno a Cataluña lanzadas sin pudor ni excesiva maldad que, en un alarde de tolerancia, el público madrileño, ajeno a sus avatares independentistas, acogía con sonrisa socarrona entre la indiferencia, la resignación y la indulgencia con el genio díscolo.

La eufórica embriaguez en la que me sumerjo en los conciertos de Joe Crepúsculo no impide que pudiera ordenar las conclusiones que sobre el artista y su obra se me agolpan en la cabeza:

Que “Baile de magos” es de lejos su álbum más completo, ambicioso y mejor producido, así como una fuente inagotable de hits para la pista de baile y de bombazos para el directo.

Que su fusión sin complejos de pop, electrónica, flamenco y música latina es uno de los ejercicios más descarados de independencia y versatilidad que se ha visto en el panorama nacional, directamente ligado a su asombrosa capacidad para reunir colaboraciones de diversas figuras del indie y de otras músicas como el flamenco o el pop-rock.

Que al margen de sus dotes interpretativas, la escasez de medios escénicos o el limitado despliegue mediático, el genio creativo demostrado un álbum tras otro a base de temazos y particularísimas letras profundas, directas o surrealistas que oscilan en torno al cotidianismo de la calle, las tradiciones locales, la naturaleza, el ciclo de la vida, el sentimentalismo más poético y la crítica sociopolítica, es motivo suficiente para ganarse un lugar destacadísimo en el panorama indie nacional. Y de hecho, su gran carisma e innegable talento pueden crear un halo de admiración capaz de pasar por alto las provocaciones políticas a las que somete sin piedad a su público madrileño.

Y por último, que una vez sobrepuestos al inicial estupor por dejarse en el tintero la mayoría de los grandes temas de de “Supercrepus” y “Escuela de Zebras”, hay que comprender que, tras su meteórica y prolífica trayectoria, con 7 discos en 8 años, a día de hoy Joe Crepúsculo atesora un repertorio tan jodidamente amplio y contundente que hace que la revisión de sus primeros himnos se acabe convirtiendo, tristemente, en algo testimonial.


Sobre el autor

DJ Farrow

Electropop. Fútbol. Cerveza fría. Todo en buena compañía.