“Tiburón”: 1975-2015

Un excusa para hablar de uno de mis terrores favoritos y el de varias generaciones de cuarentones que, como yo, crecieron aducidos por las carteleras de un cine de barrio cualquiera, de un pueblo cualquiera. Era el mayor entretenimiento para un niño de los 70 que se quedaba hipnotizado, durante horas, mirando decenas de fotogramas impresos y pegados con tesafilm en las cristaleras del recinto. Los más esperados eran los anuncios de las  películas de zombis de George. A Romero y las protagonizadas por toda una serie de bichos (pirañas, tarántulas, abejas, osos) que surgieron tras la estela de la aleta de nuestro protagonista de hoy. Y es que nada fue igual tras el estreno de “Jaws”, acá “Tiburón”, de Steven Spielberg. Recuerdo perfectamente el tráiler en televisión; en Televisión Española y en blanco y negro, por supuesto. Tenía, por aquél entonces, seis años y no entendía muy bien el porqué de aquella chica desnuda que se metía en el mar de noche ¡qué necesidad! Tampoco supe razonar por qué su cabeza se hundía en el agua a base de unos extraños y perturbadores tirones. Pobre de mí. Un año después fui al estreno del film en ese cine enorme y mágico de mi pueblo con olor perenne a pipas saladas, pulubrea y chicle Bazooka; a lo único que aspiraba con mi escaso presupuesto. Ahí fue cuando me enteré de todo, o casi, ya que me pasé tres cuartos de película con los ojos cerrados y los dedos en los oídos para no escuchar los gritos de mis compañeros de butaca. Me las creía muy felices y me puse bien cerca de la pantalla para que no se me escapara nada de aquel leviatán que anunciaba el póster promocional. Aquello fue más serio que todo lo que había visto anteriormente. En el primer tercio de la cinta  no había monstruo que se mostrara abiertamente pero sí que se sucedía una música extraña y terrorífica que daba la sensación de que algo se propulsaba debajo del agua y que era fuerte y que tenía dientes enormes.

Pero no sabíamos lo que era.  Eso fue lo que más impacto me causó; el desconocimiento y esa chica zarandeada en el agua como si fuese de goma, ese niño gritando mientras el aire comprimido de la colchoneta salpicaba la pantalla  de sangre, una cabeza sin ojo saliendo del barco semi hundido, la aleta dorsal que dejaba el resto del “iceberg” a la imaginación de los espectadores/víctimas, la primera vez que le vimos los dientes tras el ataque a los niños en el estuario, el agua roja y un largo etc.

Escena descartada de la cinta original y que, según el director, era demasiado violenta.

Pero también fueron los planos de la cámara subacuática que servían de ojos y de alma del gran blanco, los que se hicieron a ras del agua que te invitaban a nadar junto a los que iban a ser devorados, la interpretación creíble de tres actores, casi, desconocidos; el héroe de andar por casa (Jefe Brody), el inquietante y atormentado cazatiburones (Quint) y el simpático oceanógrafo (Hooper).

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Luego estaba esa caterva de secundarios maravillosos que le dieron el toque definitivo de clásico a este primer blockbuster  de la historia del cine. Y hay que destacar que, a pesar de la falta de los efectos digitales de hoy, de un monstruo mecánico con una sola fila de dientes y del sabor añejo y descolorido de los años 70, la obra máxima de Spielberg sigue siendo fácil de digerir y de visionado obligatorio para todos aquellos que se consideren amantes del cine con mayúsculas. Se cumple un aniversario histórico para el Séptimo Arte, un antes que no se tomaba en serio las películas de monstruos y un después que nunca logró superar el original. Y eso que tenemos muchas escenas en la memoria y que, no con la misma intensidad, lograron calar bien hondo en nuestro delicado imaginario.

La primera secuela, Tiburón 2 (1978), aún nos llegó a emocionar con ataques así de bien conseguidos.

Tiburón 3 (1983) fue el declive definitivo y un despropósito tal que así.

Nos quedamos con este Tiburón 3 italiano o “El último escualo” (1983), cinta que se estrenó el mismo año de la secuela original que levantó una incendiaria polémica con demandas que a nosotros nos importaron bien poco.  Por aquello de la falta de presupuesto, esta película, se nos presentó con un mucho de caspa y risas. Aquí una recopilación con los mejores momentos.

Tiburón; La venganza…

Todavía no comprendo esa negación a hacer un remake digno, será por miedo a meter la pierna en el agua y salir escaldado.


Sobre el autor

Mocico Viejo Official

Amante y amigo. A punto de abrazar la fe, pero a punto a punto. Viajero incansable y buscador de tesoros. Mocico andaluz y rabioso.