El camino más largo para volver a casa

Mi padre murió hace casi seis años. Volví a empezar a ser yo hace dos y medio. Hay gente que lleva mejor la pérdida. Es algo que no puedes controlar por mucho que lo trabajes si te quedan energías tras batallar con la pena cotidiana. Que no suele ocurrir. Además, incluso los que más te quieren se preocupan por tu cordura. Los que no te quieren tanto, que dejarán de formar parte de tu epicentro emocional demasiado extendido, prefieren mirar escaparates más amables de la vida.

En “El Club de la Lucha”, de Chuck Palahniuk, hay una frase que en sus muchas aplicaciones, encaja esa pesadumbre como un traje de sastre: “El pequeño rasguño en el cielo de la boca que cicatrizaría si pudieras dejar de irritarlo con la lengua, pero no puedes.”.

cami IMAGEN DESTACADA

Cuando esa negrura te invade y la maquillas de normalidad, algo se pudre en tu interior. Te pudre como el hongo que mata la tierra fértil llevándose tu mejor cosecha por delante. Llámalo cosecha, llámalo vida. Pero hay un día, a veces demasiado lejano en el tiempo para enmendar lo devastado, conoces a alguien con tu rostro, tus gestos, mirada vacía y apellidado abismo. O fondo. Hacéis sexo abrupto. Es lo que se dice tocar fondo. A mí me pasó en una cena en mi casa, mi nido, mi hogar, con amigos de los que te acompañan. Rodeado de risas, chistes sucios y bromas de círculo cerrado. Se me derramó una copa de vino, un percance sin importancia que desembocó en vómito de podredumbre emocional, llanto quebrado en ahogo y lágrimas capaces de agrietar una estructura de hormigón colado. Dejando congelado el espacio, y convirtiendo físico y áspero el silencio inmediato de la estancia.

Y de esto va “El camí més llarg per tornar a casa”. De una copa que se derrama, solo que en lugar de una copa, es otra cosa. Otra cosa que hace que todo se desmorone alrededor de nuestro protagonista. Un protagonista encarnado por un sublime Borja Espinosa, que construye un personaje difícil o imposible de empatizar. Te conviertes en ese no-amigo que “prefiere mirar escaparates más agradables de la vida” pero que es imposible. Al fin y al cabo, como decía mi madre: “…yo te puedo acompañar, pero el duelo lo debes padecer solo, porque el dolor que sientes sólo lo conoces tú.”.

Nuestro protagonista afronta una pérdida de la manera que puede, alienado del mundo, procurando ser cómodo a los abrazos ajenos, hasta que le pasa lo que le pasa. Hasta que pierde el sentido llevándose algo más que todo por delante.

TheLongWayHome-Poster201504-CAT

Sergi Pérez debuta con este título en el mundo del largometraje, que pude padecer la semana pasada en un pase especial celebrado en Barcelona. Padecí. No hice todo lo que ocurre en el film, pero sí me vi. Me vi a mí, vi mi mundo de hace unos años. Vi la copa derramada. Vi la fealdad con la que percibes el mundo una vez te estiras en ese colchón de realidad autosugestionada de mugre.

Sergi Pérez ha hecho una película como algunas de sus ilustraciones, milimétricas, perfectas, hipnóticas e incómodas. La vi. Salí sin saber si me gustó la película, muy consciente de que era una muy buena peli. Quizás mi herida en el cielo de la boca sigue tierna, y a veces escuece. Pero es necesario no olvidarla jamás. Esta película es, aunque suene a tópico, necesaria. Es la pataleta a la que todos tenemos derecho. Es el “aparta o te doleré”. Es el no puedo aprobar lo que estás haciendo pero debes hacerlo. Es dolor. Es anti heroicidad. Es agobio, asfixia, y túnel sin luz.

“El camí més llarg per tornar a casa” (El camino más largo para volver a casa) es el título perfecto para definir lo que ocurre en la pantalla, y en tu vida. Sin concesiones. Muy difícil de tragar y de digerir. Una película que todo el mundo debería ver esta semana que se estrena. Una de esas joyas de impacto perdurable carente de epicidad circense pero de calado sangrante. Como los mejores y peores pasajes de la vida de cada uno.


Sobre el autor

Bellísima Persona

Catalán rojuno y apátrida.