El Principe Adam cumple 33

Bocata de Nocilla en mano, alimentando mi culo goloso en el pueblo en el que odiaba veranear, cada tarde me ponía a ver los dibujos de MASTERS DEL UNIVERSO. Por aquél entonces yo era un niño enganchado a las aventuras del plagio oxigenado de Conan. Un hombre con un tinte sin raíces, un bronceado envidiable y unas puntas y flequillos siempre perfectos. Un hombre que vestía con leggins morados, una camiseta de lycra blanca y una especie de chaleco con hombreras de color rosa. Y tenía un gatete verde llamado Grindr Gringuer. Era un adelantado a su época. Un revolucionario llamado Adam con una 180 de pecho.

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Adam, tenía una espada que cuando alzaba, brillaba mucho, inundaba todo de purpurina y arco iris, sonaba Kylie de fondo y se convertía en He-Man, una estrella de Raging Stallion dispuesta a salvar su planeta Eternia de las villanías de Skeletor, su archienemigo. ¡Qué bien le quedaba el arnés a Adam!

Adam, acompañado de su pseudo-novia-mariliendre-cegata que vestía con una capucha de lagarta (DIVA!), y el padre de ésta, un empotrador con bigote llamado acertadamente Hombre de Armas, cada tarde, a la hora del té, salían a pelearse con malos supercachas con arnés y de piel sudorosa. Era una auténtica pelea greco-romana. Lo hacían con vehículos extraños y con el gatete verde convertido en el Tigre de Combate, la mascota que todos quisimos queremos tener.

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Yo disfrutaba de eso, y mis padres, durante años, fueron convirtiendo mi habitación infantil, en un cuarto oscuro lleno de hombres con pechos de mármol, slips de pieles, botas de cuero y depilación láser. Daba igual el color o si eran buenos o malos. Era una legión de machorros con cara de eyaculación contenida para mí. Tenía también naves y castillos (Grayskull y su hechocera vestida de Dana International) suficientes para hacer una cabalgata del Orgullo a lo largo de todo el pasillo. Esta afición duró muchos, muchísimo años, y ni las primeras videoconsolas apartaron mi fijación por ellos. Un día, mi madre decidió que ya era de edad de dejar de jugar con muñecos, y regalarlos (pena máxima) para que diera lugar a aficiones normales. Fue un paso orgánico. Muñeco, paja, hombres.

“MASTERS DEL UNIVERSO”, con peli chunga en la que Courtney Cox era más vieja que ahora, es un icono de los 80, del mundo juguetil, y referente involuntario de la cultura gay. Hoy, a sus 33 años, han sacado una joya de las de palotismo absoluto, el libraco “THE ART OF HE-MAN AND THE MASTERS OF THE UNIVERSE”, que yo ya tengo, que tú no tienes, y que no te lo voy a dejar jamás.


Sobre el autor

Bellísima Persona

Catalán rojuno y apátrida.