La inmaculada concepción de María Rosenthal

Baviera, Abadía de Hohenwart, un convento benedictino de clausura donde una monja, la hermana Josephine Rosenthal (nótese la ascendencia judía del apellido) comienza a sentirse enferma. Corre el año 1742.

La enfermedad va haciéndose más y más aguda y la madre superiora llama a un médico de la localidad cercana de Ingolstadt. Así se descubre que la hermana Josephine no está enferma, sino embarazada. También descubren que la hermana Josephine nunca ha tenido contacto con varón alguno. Conserva un virgo inmaculado.

La noticia corre como la pólvora entre todo el clero germánico, y se toma como el segundo advenimiento de Jesucristo. A los ocho meses Josephine da a luz y muere en el parto. Todo el pueblo está expectante para poder ver la cara de nuestro señor redivivo. Pero nuestro señor no es tal, sino una niña, a la que ponen de nombre, no podía ser de otra manera, María.

La curia, frustrada, decide que esta niña es una abominación y debe ser sacrificada. Sin embargo, las monjas de la abadía deciden esconderla a los ojos del pueblo y de la jerarquía eclesiástica. Permanece encerrada en el convento durante el resto de su vida.

Baviera, Abadía de Hohenwart, 1777. Una mañana, poco después de cumplir treinta y tres años, María Rosenthal comienza a sentirse enferma. Pocas horas después muere. Las monjas, abrumadas por las coincidencias, deciden embalsamar el cuerpo y hacer reliquias con el. Cuando comienzan el proceso de embalsamación descubren que María, que durante toda su vida no ha salido del convento, está también encinta.

Sus reliquias no son aceptadas por la iglesia oficial, pero sin embargo son veneradas durante generaciones en el convento, hasta que un fuego en 1805 las destruye prácticamente todas. Solamente se conservan su rosario, su cara embalsamada, un frasco de cristal con su sangre y un camafeo de oro que guarda uno de sus rizos.

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Con la caída en desgracia del convento estas reliquias se venden hasta aparecer, en pleno siglo veinte, cuando el naturalista Thomas Merrylin las descubre en una tienda de antigüedades. Fascinado por la historia, corregida y aumentada por el paso de los años y la imaginación humana, decide adquirirlas para su colección de seres extraños y prodigios de la naturaleza.

Décadas después de su fallecimiento en 1942, sus descendientes y albaceas intentan poner un poco de cordura en su caótica colección y deciden utilizar los nuevos recursos de la ciencia para autentificar las piezas. La sangre y el pelo de María Rosenthal son sometidos a un exhaustivo análisis de ADN.

Los resultados son desasosegantes, a la par que reveladores: el balanceo de hormonas femeninas y masculinas en la sangre y el ADN demuestran que María Rosenthal, así como su madre, son hermafroditas, y que probablemente hubieran tenido capacidad de embarazarse a si mismas.

Mientras tanto, sus reliquias nos siguen mirando desde su caja de madera

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disclaimer: si, la historia es un fake como la copa de un pino. Me toca un pie lo que penséis. A ver si ahora lo de Sodoma y Gomera va a ser una verdad inmutable. Y si, para escribirlo me he documentado leyendo todo lo que he podido.


Sobre el autor

Hilde

Soy hipocondriaco, paragnósico, ateísimo y me tiro pedos.