Crónica psicosocial del Festival SOS 2015

Llegado a un punto en que cada año que dejaba pasar sin ir al Festival SOS de Murcia se convertía en un severo autorreproche, y el recuerdo de cada cartel no disfrutado se clavaba como una dolorosa muesca en mi dilatada trayectoria festivalera, decidí poner remedio a esta ilógica situación, embarcándome sin pensarlo en la edición del SOS 2015, en el que una vez más se combinan con habilidad las siempre acertadas apuestas internacionales con fuerte presencia del indie nacional.

La jornada del viernes se presentaba en principio más relajada, y ante el espectacular recibimiento veraniego con que nos acogía la capital del Segura, nos dedicamos a degustar las propuestas gastronómicas que nos ofrecían los innumerables bares de tapas que salpican el bullicioso centro de la ciudad, algunos con tal exquisitez que dejarían para el implacable Chicote una escasa labor inquisitorial por estas latitudes. Ya en el fastidioso trámite de obtención de la pulsera pude comprobar de primera mano los estilismos imposibles aunque interesantes que exhibían muchos indies de manual, en contraste con la línea tan insulsa de los modelitos eminentemente prácticos de las chicas, pero sobre todo el atentado estético que perpetraban con su pésimo gusto combinativo los presuntos fans de Morrisey, en su mayoría cincuentones que se apostaban en la cola del único festival al que irán en mucho tiempo, dejando al descubierto el daño que estéticamente aún continúan haciendo los 80.

Con un espectacular sonido, Supersubmarina se presentaba en el escenario Estrella Levante como un inmejorable aperitivo para esta primera jornada, con miles de fans devorando con vertiginosa avidez el deslumbrante repertorio que atesora la banda de Jaén, y suministrando la energía precisa con su pop rotundo y épico ante un público ferozmente entregado a sus himnos.

Una vez superada la amenazante sombra de la cancelación, lo cierto es que Morrisey logró encandilarnos con su elegante voz y la virtuosa instrumentación que arropaba los grandes temas de la discografía de este icónico personaje, con la fulgurante apertura de “Suedehead”, hits muy celebrados e incluso guiños a The Smiths (“There is a light…”) para compensar con sus temas más recientes en un concierto apasionante, levemente deslucido por un discreto sonido.

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Otra de las sorpresas más gratas fueron los británicos Metronomy, con una propuesta visual sobria pero tremendamente efectiva, capaces de envolverte con su electrónica llena de matices y exquisitas voces, una experiencia altamente gratificante que no me hizo lamentar mi temprana retirada perdiéndome a los Years & Years para haber redondeado esta primera noche.

Tan ajetreada se presentaba la segunda jornada, plagada de una incesante sucesión de conciertos imperdibles, que me obligó a dosificar con calculada estrategia tanto la ingesta de alcohol como las estimulaciones opiáceas para sobrevivir a semejante cartel. Ya al mediodía desafiábamos a la resaca para ver a los Fresones Rebeldes en la plaza de la Universidad, retando al sol de justicia que ya derretía nuestras malogradas cabezas.

La tempranera cita vespertina con Murciano Total no nos impidió disfrutar de la atractiva propuesta electropop de esta banda murciana de la que ya soy fan incondicional desde que pusieron los pies en el escenario de Radio 3.

A continuación, los barceloneses Dorian presentaban en primicia su gira sinfónica, conmemorativa de su décimo aniversario, suficiente aliciente por sí solo para acercarse a la cita murciana. Un concierto muy emotivo, justo al anochecer, que abrieron con la elegante solemnidad de “Los amigos que perdí”, para deleitarnos con la embriagadora desnudez acústica de algunos temas de La Ciudad Subterránea, la envenenada carga sentimental de “A cualquier otra parte”, o su delicioso tema inédito “Arrecife”, para finalizar, después de un intro a capella, enloqueciendo a un público que acabó haciendo temblar la escala de Richter con la apoteósica “La tormenta de arena”, sin duda uno de los momentos más álgidos y memorables del festival.

No quise desperdiciar la ocasión de ver a Los Punsetes y dejarme llevar por su indie punk de temas ácidos y esa monotonía vocal, con su característica estructura de comienzos contenidos, su continuo crecimiento y sus emblemáticas distorsiones, para acabar celebrando sus irresistibles “Tus amigos” o “Dos policías”.

Tras reponer fuerzas escuchando de fondo a los prescindibles Temples, llegaba el turno de Lori Meyers. Los granadinos sorprendieron con unas espectaculares proyecciones visuales geométricas tremendamente ingeniosas y coloristas, disputando el protagonismo a los inmensos temas de su discografía, sin descuidar sus primeros hits, logrando poner a todo el auditorio a sus pies coreando con fervor cuasi religioso cada una de sus letras, en la comunión más perfecta de un artista y su público que jamás he visto en mi vida.

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Y aunque el plato fuerte internacional de la noche se antojaba a priori menos potente de lo esperado a la vista de su calmada discografía, nada más lejos de la realidad… el impecable sonido, la asombrosa intensidad que The National imprimen a su repertorio, sembrado de armoniosos teclados y arrebatos vocales, y las hechizantes proyecciones psicodélicas que exhibieron me tuvieron anclado al concierto hasta su fin, con el lanzamiento mesiánico de Matt Berninger a un público absolutamente rendido a la magia de la banda de Ohio.

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Y tras este vivificante baño espiritual, acabé en la sesión de Super Discount reclamando mi dosis de electrónica para poner el broche a esta inolvidable velada.

DJ Farrow


Sobre el autor

Atroz Con Leche

Podríamos empezar diciendo “Bienvenidos a este blog” pero mentiríamos cual bellacos. También podríamos comenzar con las palabras “Esta es una nuevo modelo de red social” pero ni de coña y tampoco hay ganas. Esto es… Atroz…No hay palabra que mejor lo defina. Bueno sí que hay otras, pero si las escribimos no podrían leerlo niños y además ustedes se van a asustar.