El momento más ridículo de tu vida

O más bien, de la nuestra. Y como aqui nos metemos con todo el mundo, hemos decidido ser los primeros en hudirnos en la indignidad de contar nuestro peor momento y así damos ejemplo. Atención que esta es una entrada MÍ-TI-CA

 

Prehistoria… No es que estuvieran los dinosaurios pululando, pero era un momento donde la biblioteca regional de mi ciudad cerraba a mediodía, y había que esperar a que abrieran a las cuatro de la tarde, haciendo cola desde una hora antes en la puerta, para poder pillar sitio. Mis compañeros y yo, mezclados entre un ciempiés de 100 personas esperando a que llegara la hora establecida… Un amigo pasa a lo lejos con su rollete del momento. Para hacérmelas de gracioso, cojo un peluche/llavero que llevaba colgado de la mochila y se lo tiro… con tan mala suerte que cae debajo de un coche. Ridículo, sí. Me levanto a saludarlos y a coger el muñeco roñoso. Y AL LEVANTARME ME CARGO EL ESPEJO RETROVISOR DE LA PUERTA DEL COCHE CON MI CABEZA… Espejo retrovisor que cae en mis manos y que hace que las cien personas que había haciendo cola en ese momento se carcajeen a mi costa… Ni qué decir tiene que la dueña del coche no le pilló el chiste. Syzos

 

 

Imagina: 1991, hombrerazas, cardados, pantalones pesqueros, calcetines de rombos. Una ciudad de provincias en cuya los alumnos de Filología, Filosofía e Historia (góticos, hippies, inadaptados en general) comparten aulas con los de derecho (hipermegapijos, hipermegarrubias, superchupis con carpetas de Snoopy) pero salen a horas distintas para que no se mezclen, los de letras a en punto y los de derecho a y media. Imagina ahora que es tu primer curso y no conoces a nadie. Imagina que desalojan las aulas por un lo que sea. Imagina que la universidad tiene una escalera enorme. Imagina que resbalas y te despeñas por la escalera, con lanzamiento de carpeta y chillidos de cerdo degollado. Imagina que, durante la caída, se te rompen los pantalones y terminas a cuatro patas, enseñando el culo a TODOS los alumnos de TODOS los cursos. Hilde

 

No debía tener más de cuatro años y todavía lo recuerdo, osea que imagina como sería la cosa de vergüen. Mi padre no tuvo más cojones que no ser machista; en casa trabajaban los dos y cuando mi madre tenía turno de noche, a él le tocaba cuidar de los hijos y de la casa. Y hubo una noche de esas en que lo tocó bañarme. Y después de bañado, fue a coger la ropa y no dio con ningún calzoncillo. Como era invierno y hacía frío, decidió vestirme pronto aún sin ropa interior pa que no me enfriara, con la mala suerte de que al subir la cremallera del pantalon se engachó. Sí, me enganchó la pilila en la cremallera. Yo debí dar unos alaridos tan locos que puse de los nervios a mi padre y sin querer subió más y pilló más piel.La cosa se puso dificilísima y mi padre hecho un manojo de nervios no tuvo otra brillante idea que avisar a la vecina dejándome en el sofá mientras lloraba descosío. Pero como aquello era un pueblo y en la calle se conocían tos, la vecina aviso a otras vecinas y en mi casa se plantaron cinco. Y sus maridos. Y sus hijos. Media calle mirando como una tras otra intentaban tirar de la cremallera sin dejarme la polla en carne viva y desgraciao pa siempre. Sólo a la última se le ocurrió echar aceite y así la cosa ya fue fluída. De recuerdo me quedó una señal perpetua y el sonrojo cada vez que me la veo en la polla. MM

 

Importante festival de cine. Sesión de gala de noche. Paseíllo hasta la gran sala por alfombra roja. Multitudes detrás de las vallas de seguridad. ¡Luces, cámara, acción! Comienzo del trayecto desde hotel de lujo y poderío y bajando unas escaleras. Sale la estrella internacional y detrás el séquito de acompañamiento, en el que me encuentro. Pues un servidor se tropieza con el riel de la puerta y cae pegándose un estupendo leñazo. Descojone total del personal, claro. Pero uno, con inusitada gracia y entusiasmo se levanta haciendo la uve de la victoria con los dedos y sigue adelante. Descoyuntado y dolorido, pero sin que se note. No hay marcha atrás posible. Menos mal que aún no nos invadía la fiebre grabomóvil…KaoticoE

 

Debió ocurrir allá por el Mesozoico, cuando este Científico Loco estaba empezando su doctorado. Era mi primera charla en un congreso internacional, mi nivel de inglés era el de un bote de mayonesa caducada, y yo estaba nervioso como un flan (de huevo).Mi charla era la primera de la mañana. Yo no había logrado pegar ojo. Me presenté en la sala una hora antes de que empezara la sesión, me senté en una silla y empecé a repasar mi presentación, rumiando mi nerviosismo.Poco antes de empezar la sesión, llegó el “chairman” (ahora se dice “chairperson”, pero yo simplemente digo “Cher”, como la cantante), me vio en mi estado de desintegración, me dio una palmadita en el hombro y me dijo: “primerizo, ¿eh?”. Empezó la sesión, Cher me presentó y yo me levanté torpemente para empezar.
Y se me cayeron todas las trasparencias al suelo
Hay que entender que en aquella época no se habían inventado ni el Power Point, ni el Prezi, ni se había descubierto aún el fuego. Las trasparencias eran de las de toda la vida, y allí estaban desparramadas por el suelo.”Chorri”, dije, y me puse a colocarlas como pude. Cuando hube acabado, me dispuse a empezar.
 Ahora bien, lo que ocurre con esas transparecias viejas es que se pueden colocar de cuatro formas distintas sobre el proyector (al derecho boca arriba, al derecho boca abajo, del revés boca arriba y del revés boca abajo), y sólo una es la buena. ¿Cómo de probable es probar seis veces, teniendo solo cuatro opciones, hasta dar con la buena? Pues eso es lo que me pasó.Total, que empecé mi rollo, con las manos temblando y voz de gallina estrangulada. Me lancé como un cosaco al tema, y cuando iba por la mitad más o menos me atreví a mirar por fin al público.Me estaban mirando todos con la boca abierta y la misma expresión con la que se observa un descarrilamiento de trenes.¡Y me di cuenta de que con los nervios había revertido al español! Llevaba diez minutos hablando al respetable en la lengua de Belén Esteban.
Tuve que decir “chorri” de nuevo y empezar de cero.Al terminar, Cher preguntó al público, como es costumbre, si había preguntas. El público me miró como si quisieran echarme cacahuetes o algo.Alguien dijo: “nah, que se vaya”.Y escapé a un rincón a llorar, jurándome que opositaría a reponedor del Día Autoservicio Descuento. El científico loco
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El momento más ridículo de mi mísera existencia se remonta a mis 14 años. En plena edad del pavo y cursando octavo de EGB en un colegio de monjas, acudía al colegio por la mañana, ataviada con un horroroso uniforme compuesto por un jersey azul marino de pico y una terrible falda de tablas gris. Aún con estas pintas, quise impresionar a un chico que por aquel entonces me gustaba. Mientras subía las escaleras para llegar a clase, vi por el rabillo del ojo que el susodicho mozo, iba con sus amigos detrás de mí, por lo que opté por ponerme erguida y andar de la forma más elegante y sugerente que podía. Tras subir la totalidad de las escaleras, noté que un dedo me golpeaba el hombro por detrás. Un escalofrío recorrió mi espalda ante la posibilidad de que fuera mi “querido amado” impresionado por tal despliegue de feminidad. Me giré despacio y con el corazón acelerado descubrí que era una chica que ni siquiera conocía que acercándoseme me dijo : “Perdona, llevas la parte de atrás de la falda enganchada  por dentro de los leotardos ” Aún no he logrado superarlo.Extherminia


Pues como una quiere seguir pasan en la pasarela cibeles y al mismo tiempo engullir y beber como si mañana mismo se acabara el mundo, o Kiko Rivera, fuese nombrado presidente…. pues como que pruebo todo tipo de dietas habidas y por haber y experimentos varios, que me duran lo que dura… vamos, no aguanto ni dos días…
 El caso es que una amiga… de la cuál no daré más datos por que es conocida por mucha ursulina, nos llegó con el invento de la píldora que absorbe la grasa, y claro… ahí que nos lanzamos como locas a preparar una buena barbacoa con su chorizo, y su morcilla, digna de los mejores momentos de Giorgi Dan, pero claro, antes…. pastilla para el cuerpo para que se coma las grasas… que el chuletón ya me lo como yo….. El caso es que… tras semejante bacanal y oda al colesterol, me fui a trabajar…. verano… pantalón beige (que es un color que detesto, pero no sé que piedra me tiraron ese verano que me compre unas bermudas de ese color)…Y en mitad de la noche, cenando con los compañeros… va uno y me dice… “oye… ¿dónde te has sentado, que tiene el culo manchado como de aceite… o grasa?’
Y sí, queridas amigas… la pastilla milagrosa hace realidad una gran frase del acerbo popular español: PERDER ACEITE. La pastilla NO se come la grasa, directamente hace que tu cuerpo la expulse, de forma TANNNNN sutil, que no eres consciente de que vas dejando un reguero aceitoso por todas las calles cual caracol en celo… Así que una y no mas… salí del apuro como pude, que más bien fue, ninguno… y me prometí, cual Scarlata, nunca más volver a probar la dichosa pastilla…. y como soy de carácter fácil, al fin de semana siguiente volví a caer, eso sí… esta vez le hice caso a Concha Velasco y me puse una Teena Lady Flor de Pavimento


Sobre el autor

Atroz Con Leche

Podríamos empezar diciendo “Bienvenidos a este blog” pero mentiríamos cual bellacos. También podríamos comenzar con las palabras “Esta es una nuevo modelo de red social” pero ni de coña y tampoco hay ganas. Esto es… Atroz…No hay palabra que mejor lo defina. Bueno sí que hay otras, pero si las escribimos no podrían leerlo niños y además ustedes se van a asustar.