Mujeres y hombres y Syriza

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Tengo yo el corazón y el cerebro muy divididos respecto de este tema. Porque sí, porque yo siempre he defendido que la política tiene que ser una cuestión de ética. Pero también una cuestión de estética. Vamos, que la mujer del César no solo debe de ser decente, sino parecerlo. Y, claro, llega Alexis Tsipras, con su melena al viento, a lomos de su caballo blanco, con ese pedazo de poLABIA… y uno –que cada día está más cerca de las redes del antieuropeísmo– se emociona pensando que otra Europa es posible. Y que otra forma de hacer política es posible.

Pero Alexis descabalga y su pelazo ya no es tan pelazo. Y resulta que por muy chulazo griego que sea, no mea colonia. Y que el primer día en el poder decide pactar con la derecha nacionalista de su país. Que ser de derechas está bien. Y ser nacionalista, también. Pero lo de la homofobia y la xenofobia, pues oye, como que no.

Y no se quedan ahí las cosas. Alexis. No solo te he pillado en brazos de otro. Además, en un esfuerzo de síntesis que ríete tú de los mozos de primero de Bachillerato, reduces ministerios. Bien.

Pero no nombras a ninguna ministra.

¿Hola? Alexis, chocho, ¡mal! ¡MAL! Porque, como te he dicho antes, cari, la política es cosa de ética, pero también de estética. Y un gesto, oiga, un gesto que denote que vas a luchar por la igualdad no solo económica, sino también social de todos tus ciudadanos… Que no me creo yo que entre 11 millones de griegos y griegas no haya ninguna mujer lo suficientemente capacitada como para que le confíes un ministerio.

Sí, ya sé que eso de la paridad a veces es postureo. Pero, oye, tampoco te estoy diciendo mitad y mitad. Que luego pasa lo que pasa por forzar y te salen una Báñez y una Mato. Pero, Alexis, chocho, una o dos, oye, una o dos.  ¿De verdad no hay una mujer entre tus colaboradores más estrechos a la que le puedas encargar funciones ministeriales?

Pues eso, oye. Que se ilusiona uno mucho pensando en que otra política es posible. Pero al final del cuento, los griegos solo son griegos y los hombres siguen siendo hombres.


Sobre el autor

El Perro de Toni

No te fíes del criterio de alguien que te reconoce por el olor del culo