El concierto de Liars: la contra crónica

La cosa pintaba mal…

 

De momento llegamos tarde y nos saltamos a los teloneros. Reconozco que sr. Dondón y yo tenemos que ir a los conciertos con la tripa llena, que somos muy de ponernos ciegos de cerveza. Así que llegábamos tarde, pero no por ello no nos paramos a tomarnos un kebap de vaya usté a saber que bicho (o qué vegetal, porque yo me lo he pedido de falafel).

 

Conclusión, como siempre nos saltamos a los teloneros.

 

La cosa empieza mal…

 

Lo primero que escucho, según voy entrando en la joy (que no podía yo más de recordar que el relaciones de la sesión light de la joy es nuestro Juan Froilán) es que los seguratas se estaban preguntando el uno al otro que cual es el episodio de cantajuego que más les gusta a sus niños. Maaaaal… se me ha caído un mito, el del segurata empotrador…

 

La cosa prometía mucho, pero no…

 

Me acerco a la mesa del merchandisin, que ya sabéis que yo en los conciertos soy mucho de merchandisin, pero mucho, mucho. Y cuatro tristes camisetas. Maaaal, maaaal

 

La cosa se pone peor…

 

Entramos, y con dos cervezas a precio de sangre de virgen murciana nos acercamos al escenario. El caso es que yo esto de los Liars, pues no lo he escuchado mucho.

 

Sr. Dondón: confieso desde esta sinceridad que me da el alcoholismo (escribo esta crónica borracha perdida) que a pesar de tus intentos de que escuche los discos, que me los has puesto, que me los has agregado en spotiflis, que incluso me los has descargado en modo offline para que me los pueda escuchar en el intercambiador de Núñez de Balboa, que mira que son largas las escaleras del intercambiador de Núñez de Balboa, pues no me los he escuchado. Pero te quiero igual, como si me faltara el aire cuando no estás, y espero que me perdones.

 

Pues el caso es que la cosa pinta muy mal…

 

Y salen los artistas…

 

Y la cosa se pone mal, pero mal de asma y de anemia y de conjura Gürtel, que parezco Esperanza Aguirre un sábado por la mañana cuando la llama Pedro J.

 

Un escenario de mierda, con unos visuales rollo caleidoscopio más que vistos. Y sale el cantante.

 

los visuales de mierda de los liars

los visuales de mierda de los liars

Yo antes me había encontrado con el camarero de la Traviata, que ahora tiene un bar en Malasaña, y que el cabrón con cincuenta y siete años tiene mejor piel que yo, que le he preguntado que crema usa y no suelta prenda la muy zorra. Es una de estas del gerovital, fijo. Y también me he encontrado con un excompañero de curro, que a lo mismo me saca del armario, pero me la pela.

 

Así que la cosa no pinta muy bien…

 

Y salen los artistas. El batería, el de los teclados, y el cantante, con un dress code rollo outlet del bershka en 1996. Todo muy poliéster, todo muy falso. El cantante es como el tío Eso de la familia Monster, no deja que se le vea la cara en todo el concierto. Con unas mechas que le llegan a la media melena que necesitan una peluquería pero tal que ya, y me empiezo a poner nervioso. Miro a mi alrededor, mucha moderna, un chino con gafas de Harry Potter y una rusa con falda de cuero y botines de tacón fino. Muy lo peor.

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Entonces explota…

 

Y no se si han pasado cinco minutos, tres años o he vuelto a los dieciséis años sin saberlo. No se si estaba escuchando a Front 242 en Berlín o estaba en un aparcamiento de la space a las once de la mañana de un viernes. Sólo sé que toda la sala era un puto drama.

 

Hoy he comprendido el significado de la palabra CATARSIS

 

SI, CON MAYÚSCULAS.

 

Os lo habéis perdido, putas!

 

No me lo podéis quitar, putas!

 

Cuando tenga noventa años, y necesite ser feliz, volveré a esta noche.


Sobre el autor

Hilde

Soy hipocondriaco, paragnósico, ateísimo y me tiro pedos.