Tenemos que hablar de Kevin

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No soy muy de recomendar literatura. Creo que cada persona es muy quien para leer lo que le apetezca y que ya hay grandes profesionales que lo hacen (como Pablo Chul, por ejemplo). Están los suplementos literarios de los periódicos, las revistas especializadas y los libreros de toda la vida, los que realmente sienten pasión por lo que hacen, no los de gran superficie, que lo mismo están en libros que en herramientas de jardín. Aún estos son mejores, aunque solo sea por ósmosis, para poder recomendarte un libro que realmente merezca la pena. Pero hoy me atrevo a recomendarte un libro que me ha sorprendido a la par que aterrorizado.

 

Siempre me he puesto del lado de los perdedores, quizá por identificación vital. Quizá porque al ponerse del lado de los perdedores me siento un poco mejor con mi vida. Es más fácil ponerse del lado del perdedor que del ganador. Quizá sea ese remordimiento judeocristiano que nos han inculcado desde pequeños, el sentimiento de culpa. “Tenemos que hablar de Kevin” va precisamente de eso. De la incomodidad que supone el no aceptar los cánones. Va de la maternidad infeliz, de la maternidad no aceptada. De cómo un hijo te puede llegar a destrozar la vida. De cómo un matrimonio perfecto puede irse llenando de mierda hasta que explota y lo mancha todo.

 

Hablando con @minipetite, cuando estaba comenzando a leer este libro, me dijo que era uno de esos libros que, de tan duros, no puedes leer del tirón. Me ha pasado lo mismo. No es un puñetazo en el estómago, es un brazo roto. Algo que tarda más en curarse y que cuando llueve todavía te queda un regusto de dolor.

 

Para los que no quieran leerlo, también hay película.

 

 


Sobre el autor

Hilde

Soy hipocondriaco, paragnósico, ateísimo y me tiro pedos.