Donde hay pelo, hay alegría

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Las modas. Está bien seguirlas, explorarlas, amarlas… hasta odiarlas a muerte.
Gracias a Dios, nací hombre, y gracias a Ben Cohen, maricón. Por lo que a mí los minishorts de las quinceañeras de ahora ni me ponen perraco, ni me los planteo llevar. Sólo me producen un sentimiento: se te va a resfriar el ojete y se te va a desollar la pepitilla, my dear
Lo que sí he de reconocer que, en este mundo de tendencias, me va el rollete nerddy. ¿Por qué? Pues porque no hay nada más sexy que un chavalín con pinta de tímido, gafitas de concha y su barba. Hay mucha sabiduría escondida en el refranero popular y su “líbrame, Señor, de las aguas mansas, que de las bravas me libro yo.” O como se decía en “La fuerza del cariño”, “no habla mucho pero es una dinamo en la cama”.
Con todo, en esta era de la globalización, las modas hay que adaptarlas a tu ubicación geográfica. ¿Por qué digo esto? Pues por algo muy sencillo: intenta llevar una camisa abrochada hasta el cuello en Murcia con 47 grados a la sombra, a ver si tienes webs… Yo, fashion victim del todo a cien, por poco muero deshidratado este verano, así que ya me rindo con el botoncico del cuello.
Pero sobre todo, lo que peor llevo es lo de las barbas. Que sí, que donde hay pelo, hay alegría. Que sí, que la barba queda bien, y que no hay nada mejor que te hagan un peeling facial (o anal, ya puestos) para acabar con las células muertas. Aháh, sí, ok…

 

 

 

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Lo que no está tan claro es el mantenimiento, que una cosa es ir con el look algo desaliñado, y otra distinta que tu barba acabe siendo el Benidorm de las ladillas. En mi experiencia veraniega con barba homeless, me he dado cuenta de lo que se sufre siendo moderno:
1_Coste inicial.
Tu barba tiene que pasar cada X semanas por la barbería. Tan años 50, tan vintage, tan Floïd… Y eso ya es un coste. Porque o tienes mucho arte con el cortapelos en casa, o terminas recortando, recortando y al final tienes más pelo en los hombros que en la cara.
2_Los paluegos se trasladan a tu bigote.
Comes ajo, se te queda pegado. Bebes gazpacho, las gotitas adornan tus pelitos. ¿Te hacen un bukkake y con las prisas te pasas un kleenex? Marchando argamasilla de celulosa y semen…
3_Ranciedad.
Sí amiga hirsuta, tú que ya te rapas la cabeza para disimular el cartón, AHORA vas a tener que volver a comprar champú, suavizante o cualquier cosa que saque L’OREAL FOR MEN para tu barba, como una línea nueva de desodorantes. Porque huele. Huele mal. A sudor, a tabaco, al pedo de la última orgía. Apestas, chata.
4_Peligra tu vida.
Algo tan fácil y sencillo como beber de una lata de cocacola y que se te queden enganchados varios pelos del bigote. Duele, no tanto como que se te corran en el ojo, pero duele.

 

 

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Así que, ñoras y ñores, creo que en breve volveré a mi barba recortada, y le dejaré el hirsutismo desaforado a Algora y al maromazo del anuncio de Trivago


Sobre el autor

skyzos

No sabe si coger los hábitos o remangárselos.