Gatrozomía: cenas sorpresa ¿Qué hago?

A todos nos ha pasado alguna vez: de repente te encuentras en tu casa con un montón de gente (por montón digo cinco o seis, no más) y no tienes ni idea de que prepararles para salir del paso y que no se den cuenta de que tu nevera está como está: más vacía que el coño de Shakira cuando se saca el piketon.

 

Para eso, querida amiga, lee con atención este post. Un par de consejos que te salvarán para organizar tu cena sorpresa sin mucho esfuerzo, y sin que se resienta tu nevera.

Todo es una cuestión de tiempos

El cuerpo humano es maravilloso. Ya lo decía el refrán: se llena antes el cuajo que el ojo. Si, según llegan, tus invitados se encuentran con toda la mesa puesta y con los ciento cincuenta gramos de jamón serrano que te quedaban de la compra semanal, se los van a comer y quedarás como una rácana que los ha dejado con hambre. El secreto: ponles pan. O tostaditas, o cualquier cosa que les llene. Y que tengan que trabajarse. Y que mientras tanto vayan poniendo la mesa.

De esta manera, al comenzar a comer diez minutos antes que lleguen los platos principales, ya se les habrá pasado el hambre. Yo soy muy fan de poner humus y algún queso de untar mezclado con hierbas (así no se nota que lleva abierto una semana). También vale el truco clásico de los restaurantes, pan con mantequilla.

 

Los embutidos, siempre con pan

Si en vez de poner un plato de lomo pones el mismo lomo pero en canapés, con un chorrito de aceite por encima, quedarás como una señora de tu casa y se cebarán antes de darse cuenta.

 

¿Te has quedado corta? Emplata con los acompañamientos. 

Has cocinado rabo de toro estofado al vino tinto para cuatro, pero claro, tu amiga se trae a ese proyecto de novio sevillano, y tu amigo el de Bilbao a dos suecos que se ha encontrado por la calle y que, pobrecitos, necesitan el calor de una buena comida casera. Total que sois ocho en vez de cuatro. Tienes dos opciones: o cuatro comen rabo de toro y cuatro sándwich de jamón y queso o te apañas para que salgan ocho raciones pintonas. Y aquí está el secreto: acompañamientos. Haz un arroz, un cous cous o un poco de pasta para acompañar. Y emplátalo todo en el mismo plato. Así todo el mundo verá un plato lleno de comida delante suyo, que no se podrán terminar.

El truco del arroz también sirve para las lentejas. Pero ojo, no les pongas lentejas a los suecos, que hacen muy mal la digestión. Y tu amigo de Bilbao se va a cabrear contigo.

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¿Y de postre?

Yo para estas ocasiones tengo dos trucos fantásticos: o más bien dos versiones del mismo truco: el clásico coctel de champán y helado, con la botella de champán infumable que te dieron en la cesta de navidad, y la versión valenciana: la mentireta: granizado de limón con licor café. Si queréis la receta se la pido a mi amigo Víctor, que es un amor y de Denia.

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A disfrutar!


Sobre el autor

Hilde

Soy hipocondriaco, paragnósico, ateísimo y me tiro pedos.