La chabola de Joan Rivers

Publica The Mirror unas imágenes del interior de la nada fastuosa choza de Joan, la Mariló Montero americana que cada vez que hablaba merecía graparle un ojo.

¡¡Chachi piruli Juan Pelotilla!!

¡¡Chachi piruli Juan Pelotilla!!

Como veréis a continuación, la señora era muy sencilla y funcional. No le gustaba nada el recargo.

Aquí tenemos la salica de estar, con su mesa camilla, donde no invitaba a María Ximénez por si amenazaba con comerle la chirla, que Joan no era como de gustos como la Encanna. Aquí se prende el brasero en invierno y se la pasa una de miedo.

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La vista del distribuidor y la salita desde el piso de arriba es sencillamente….ESTO ES VERSALLES, nena! Paredes decoradas con pan de oro y sillones de seda natural. Una comodidad de hoy en día que se tiene en cualquier casa que se precie.

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Y aquí tenemos al ornamento más curioso de la casa: un querubín a tamaño natural. No os dejéis engañar. Es el primer mariquita que le hizo la pelota a Joan durante un tiempo y cuando se cansó de que le merodeara, lo mandó disecar y “marmolear” a modo bizantino. ¡Oye, Maris, una monada!

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Y finalmente el cuarto de “polveras”. El baño. Con su cortinaje a dos aguas, nunca mejor dicho. Muy sencillote, con su butaca para ponerte las bragas sentada cuando llegas a una edad y un lavabo de oro que reflejaba el terso botox de su jeta.

No lo pienses mas. No. Joan no tenía WC. Ella no cagaba por no manchar.

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Sobre el autor

Fon Cole

De los Cole de toda la vida.