Ciberconsejo de hoy: Cómo elegir tu nombre de travesti

Reconozcámoslo, lo travesti está de moda. Y el fenómeno no tiene nada que ver con aquella maravilla que era “Vestida de azul” de Antonio Giménez Rico donde, en 1983, nos retrataba a unos travestís entrañables, underground y endurecidos por la vida, que sobrevivían a medio camino entre la farándula y la prostitución, la mayor parte de las veces más acá que allá.

Incluso el término cambia: del travestí, con acento en la i, de entonces, se pasa al travesti actual, sin tilde y sin gracia la mayoría de las veces. La mayoría, porque tanto entonces como ahora, sigue habiendo artistas que hacen del tacón un arma, y de la lentejuela un escudo, y se lanzan a pecho descubierto a reivindicar, denunciar y poner sobre la mesa lo que otros tienen debajo de la alfombra o dentro del armario (¿verdad, Mariano?).

 

Así estábamos en 1978, cuando una de las más grandes, la Otxoa, revoluciona el Aste Nagusia con esta canción

 

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Por poner un poco de contexto: hacía tres años de la muerte de Franco, el año anterior se había legalizado el partido comunista y las cosas estaban calentitas, calentitas, calentitas. Y llega la Otxoa, entaconada y pintada como una puerta, diciendo que ser mariquita no es un delito, que no nos callásemos y lanzáramos el grito.

 

¿Y ahora?

 

Ahora vamos nos besamos en la calle, hoy mismo me he echado la siesta en la piscina agarradito de la mano de mi marido (cuando me he despertado he notado que me miraban mal, pero porque ronco como una morsa, no por otra cosa). Pero sin embargo nos encontramos con casos como el del alcalde de Torremolinos o las agresiones, cada vez más frecuentes, a personas por su identidad sexual. Si tienes huevos, date un morreo delante de la catedral de Burgos. Y si además de tenerlos, los tienes cuadrados, vete a darte un morreo en la plaza roja de Moscú. Y si además de tenerlos cuadrados tienes muy poquito seso, aquí tienes una lista

 

Ahora tenemos a Nacha la Macha, la Prohibida, Supreme de Luxe y Shangay Lily que reivindican y reinventan el transformismo, adaptándolo a todos los públicos (si se lo exige el guión). A Vaquerizo y acólitos, que han llevado el travestismo a un punto medio entre el esperpento de Valle Inclán y las matrimoniadas de Jose Luis Moreno. Y a todas las demás, que como bien decía Antonia San Juan en “Todo sobre mi madre”. “Son unas mamarrachas, donde se ha visto una mujer con el pelo verde. Una mujer es un buen pelo, y una buena boca para mamarla y criticar”.

 

Así que, después de este desvarío, si quieres lanzarte a la carrera de travesti, aquí tienes algunas pistas para poder elegir tu nombre de guerra:

 

 

–       Tu nombre en femenino y con apellido que rime: que te llamas Iván, pues Ivana, la Sultana. También está la versión terruñofílica, muy apropiada si eres de las que se tiran por el canto regional: Antonia de Boñar, o Francisca la de Trebujena.

–       Recuerdo de la infancia actualizado: que todos tenemos un pasado: se me ocurren así, a bote pronto: la Mazinger, la Torrebruna, la Sabadabadá, o lo primero que se te venga a la cabeza, pero en femenino y con artículo.

–       Referencias al brilli brilli: en esto de los nombres, como en todo, hay modas, y esta está en plena decadencia: Lujo, Glamour, o lo que sea. Es un poco como las peluquerías, que antes molaba que se llamaran Rizoss o Brushing, pero ahora nos horrorizamos cuando lo vemos.

–       Adaptación del nombre de tu estrella a imitar: todos nos acordamos de la Pantoja de Puerto Rico, verdad? Notáis los escalofríos por la espalda, verdad?

–       Y por último: si ninguno de los anteriores consejos te vale, es que no sirves para esto, bonita.

 

Recordad, de nuevo haciendo referencia a “Todo sobre mi madre”, que una es más auténtica cuando más se parece a lo que ha soñado de si misma…

 

Y por último, una petición personal: alguien se acuerda de un transformista de Santander, que se llamaba Gorka? Actuaba mucho en Valladolid a principios de los noventa. ¿sabéis si sigue actuando?


Sobre el autor

Hilde

Soy hipocondriaco, paragnósico, ateísimo y me tiro pedos.