Oda a Penélope y Javier

Cuando dos estrellas de la talla de Penélope Cruz y Javier Bardem se posicionan tan rotundamente a favor de la causa palestina y contra el genocidio sionista en un país como Estados Unidos de América, donde el histórico tema es más que tabú y sólo hay espacio para manifestar el apoyo a los israelíes, siempre y cuando uno no quiera ser públicamente vapuleado, de la decisión de ambos actores, elegidos recientemente entre los 100 latinos más influyentes de EE.UU, sólo se deriva, en mi opinión, un calificativo: humanidad.

 

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Es imposible ver en su decisión de empatizar con el sufrimiento del pueblo palestino otra cosa que no sea una gran dosis de compasión, ya que todo su actual entorno les es desfavorable: un Hollywood donde los judíos son muy numerosos en puestos de dirección y producción cinematográfica, una sociedad que con el discurso gastado de la amenaza del terrorismo islámico, del “con nosotros o contra nosotros”, de ese pegamento mágico que une a todas las gentes de sus 50 estados en la lucha contra una causa común, tiene a sus ciudadanos poco menos que amordazados para pronunciar una opinión crítica contra Israel y su terrorismo de estado.

Por tanto, que dos actores de su importancia hayan priorizado su empatía hacia un pueblo que está siendo tratado desde hace décadas como ratas, cuyos derechos humanos están siendo violados cada día y desde hace años ante la impasibilidad de la comunidad internacional, en una sociedad que, tal y como se intuía, no ha hecho esperar sus despiadadas críticas, el acto consciente de firmar esa carta los sitúa, para mí, en un plano moral muy elevado al que sólo algunos logran ascender y en el que se sacrifican los futuros contratos profesionales en favor de la defensa de lo que se considera justo. Esa nobleza de espíritu, esa integridad de pensamiento que tan celosamente están ocultando muchas estrellas de Hollywood por no perder un solo contrato, convierte a Javier y Penélope en dos seres humanos inmensos. Han personificado una auténtica oda a la valentía.

Cuando en 1978 la gran Vanessa Redgrave recibió un Oscar por su interpretación en Julia de Fred Zinnemann, llevaba tiempo siendo insultada y boicoteada por su radical postura a favor de los derechos del pueblo palestino que había materializado en el documental The Palestinian, producido y narrado por ella misma. Cuando todos esperaban que dejara atrás su ‘batalla personal’ en un momento en que Hollywood acogía su talento y le invitaba a ser una parte grande de su industria, Redgrave salió al escenario y se reafirmó una vez más manifestando su nula intención de ceder ante las amenazas.
El tiempo le dio la razón y Hollywood siguió rindiéndose ante su talento, que volvió a nominar en 1984 y 1992.

 

 

 

Tranquilos, Pe y Javier, todo esto es una tormenta de verano que pasará rápido. Os veo haciendo cine en USA por muchos años. Vuestro talento primará por encima de todo este escarnio injusto y vuestra valentía quedará para la historia, porque Israel seguirá cometiendo estas y otras mayores atrocidades. Eso os hace aún más grandes.

 


Sobre el autor

FakePlasticBoy

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