El mariconeo 1.0

Pues si queridas, aunque muchas no lo recordéis, hubo un tiempo donde no había internet, ni grindr, y donde por ir de la mano de tu chico en la calle te corrían a pedradas. Aunque no tengamos todas con nosotros, y la lucha no haya terminado, especialmente con los desvaríos de cierta alcaldesa, hay que reconocer que las cosas han mejorado bastante.

Y no estoy hablando de hace cincuenta años o más atrás. Esa guerra no la he vivido en primera persona. Recuerdo un capítulo de “La colmena”, donde se recreaba una escena en unos billares del Madrid de posguerra. Había un mariquita, la fotógrafa, que tenía un encontronazo con la policía. En esos tiempos podías acabar en la cárcel de por vida por nada más que ser como somos. Estoy hablando de hace menos de veinte años, cuando internet era una entelequia solamente al alcance de unos privilegiados. Pero también se zorreaba, y mucho. Pero menos de lo que nos hubiera gustado. ¿Cómo lo hacíamos entonces? Aquí varias muestras de arqueología del zorreo:

 #1 LOS ANUNCIOS EN PRENSA: aunque parezca mentira, había revistas especializadas en contactos entre adultos (la revista lib, por ejemplo) u otras como la revista Ajoblanco, que durante la temporada de finales de los ochenta y los noventa tenían una sección de contactos bastante importante. ¿Cómo funcionaba?

Pues básicamente consistía en escribir una carta con el texto del anuncio, y si había suerte en tres o cuatro meses salía publicado y empezabas a recibir cartas de otras personas interesadas. Todo rapidísimo, como te puedes imaginar. ¿Pero cómo se recibían estas cartas? Porque, sobre todo los más jóvenes, vivíamos en casa de nuestros padres. Pues pasa al siguiente punto:

ajoblancolib

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

#2 LOS APARTADOS DE CORREOS: estamos hablando de un mundo sin emails, donde o usabas el teléfono o escribías una carta. Los franceses tenían una cosa que se llamaba minitel (http://es.wikipedia.org/wiki/Minitel) pero los españoles seguíamos dándole al boli y a los sellos. Así que la mejor solución si querías recibir cartas y que no se enterase tu madre, la portera y la vecina cotilla del 2º B era tener un apartado de correos. Allí recibías tus cartas, tus revistas y todo lo que fuera menester. Solicitadísimos, oiga!

#3 EL FUTINPUTIN: vamos, el cruising de toda la vida. Parques, gasolineras, servicios públicos, baños de grandes almacenes, descampados, cualquier sitio era bueno para echar un polvo. Eso sí, siempre con los pantalones por encima de las rodillas, que de vez en cuando venían o la policía o algunos descerebrados a joder la jodienda, valga la redundancia.

#4 ¿ENTIENDES?:  La frase clave. Si alguien te preguntaba ¿Entiendes? No te estaba diciendo si comprendías su idioma. Había algo más. Eso si, tenías que estar metido en el ajo para enterarte de algo. Si no, por muy mariquita que fueras, no entendías.

#5 LAS PUERTAS DE LOS LAVABOS: no te sorprendías si en las zonas de los lavabos de la universidad te encontrabas con citas del tipo “Se la mamo a estudiantes de derecho, notarías o administraciones públicas, pon cita aquí”. Luego ya era tu (i)rresponsabilidad la que te decía si debías ir o no.

Como veis, todo muy seguro, todo igual de aséptico y de fácil como en la era de los smartphones. Quizá un poco más lento y más trabajoso, pero tenía su miga.

Y por último, fuera de concurso, quiero hacer una mención a Juan Pablo Silvestre, que con su programa “Escápate mi amor” en Radio3 hicieron de mis tardes de fin de semana mucho más agradables, hablando de las mismas cosas que sentía yo, y de otras muchas que sentiría después (viene al caso porque también tenían sección de contactos).

¿Alguna sugerencia más?


Sobre el autor

Hilde

Soy hipocondriaco, paragnósico, ateísimo y me tiro pedos.