Paco Roca y “Los Surcos del Azar”: un tributo

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Personalmente creo que, hoy por hoy, en España tenemos el nido más prolífico y talentosos de artistas de cómic del mundo. No tenemos el marketing ni el cashflow del superhéroe americano. Y a diferencia de los japoneses, nos gusta dormir. Tampoco tenemos esa capacidad, no tanto de defender como de apreciar y ensalzar, nuestra cultura propia tal y como hacen los franceses con lo suyo. Pero claro, es cultura. Perdón, cultura marginal si hablamos de cómics. ¿Cultura?

Se aprende más con la lectura de “Los Surcos Del Azar” que en todas las horas de Historia de España aprendidas en el colegio y en el insti. La última obra (maestra) de Paco Roca rebosa epicidad, emoción de la que te rompe el alma y mucha, muchísima verdad. Algo bastante recurrente en las obras que la preceden y un máximo común denominador del autor valenciano.
Ya en “Arrugas”, Roca nos deleitaba con uno de los dramas vitalistas, a la par que desasosegantes, de los últimos años retratando la verdad de la vejez y de ese parásito cerebral llamado Alzheimer. O en la mayúscula “El invierno del dibujante”, donde se retrataba algunas luces y bastantes sombras de, condicionada por un marco histórico muy concreto llamado franquismo, la editorial Bruguera y el nacimiento de la revista Tío Vivo.
En “Los Surcos del Azar” empieza en 1936, cuando unos valientes de menos de 20 años cogieron las armas por primera vez para defender la República española, se calzaron en los tanques y estuvieron 8 años luchando dejando atrás sangre, piel, sudor y juventud. De España a Francia pasando por Argelia, Marruecos y Senegal. Esa es la historia olvidada e ignorada de La Nueve, que es así como se llamaba esta división.

Cuando uno agarra estas 325 páginas, no sabe a lo que va a enfrentarse ¿Otra historia militar? Dejad el epíteto militar a un lado, sentaos, abrid, coged aire y huele el salitre alquitranado del puerto que abre la historia. Escucha las gaviotas que callan con el primer estruendo de los cañones. Intenta sentir los adoquines en la suela. Ahógate entre las telas pesadas de la gente que se agrupa buscando la esperanza mentida. Y cuando sientas eso, súbete al barco, acaricia el óxido, siente la soledad y el miedo, agita la mano y despídete de todo lo que amas. Y rómpete.

Pero cuando Paco Roca ya nos regala su arte, su talento y ese don especial adquirido y entrenado a los que nos tiene mal acostumbrado y que siempre supera con cada nueva obra, hace un malabar de ingenio y nos regala una meta-ficción, que no es tal, y que quizás deberíamos llamarlo, una meta-realidad, pues uno de los mayores aciertos de la obra, es insertar el testimonio real, también en viñetas, del protagonista ya octogenario al que Paco Roca fue a entrevistar personalmente a un brumoso pueblo más allá de los Pirineos. Roca nos regala además ese viaje, dándole más alma, aún si cabe, a esta hazaña en forma de cicatriz que unos pocos vivieron y muchos ignoran.

Casi nada en "Los Surcos del Azar"


Sobre el autor

Bellísima Persona

Catalán rojuno y apátrida.