Alice Cooper y Victoria Vera rodaron una peli en Torrelodones (y al mundo le dio igual)

Año 1984. Mientras toda  España miraba a la “movida” (Ohhh, que cosa tan moderna), un grupo de excelsos hacedores de roña daban al mundo algo que nadie había pedido: Monster dog.

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Monster dog (O LeviatánThe BiteLos perros de la muerte) es un bizarrísimo musical de terror, con arreglos y composiciones (sin acreditar, parece que hace treinta años aún tenía vergüenza) de Teddy Bautista y protagonizado por un Alice Cooper en horas bajas (antes de que Wayne y Garth le reivindicaran) y por nuestra gran musa de la transición, el destape y el centro reformista: la bellísima (a cada uno lo suyo) Victoria Vera.

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Entre los créditos de esta co-producción Hispano-Estadounidense encontramos a personajes tan curiosos como el desaparecido Carlos Aured, un hombre para todo en la caspa española que tanto te dirigía terrores como El espanto surge de la tumba o Los ojos azules de la muñeca rota, como daba alegrías “clasificadas S”, como Apocalipsis sexual, al españolito reprimido y calentorro de la transición, esa época mítica y añorada en la que aún estábamos cómodamente instalados en el subdesarrollo. Aún así, hay que agradecer la aportación de Aured al imaginario colectivo español, pues suyo es uno de los títulos más citados en chascarrillos y bromas sobre porno: “El fontanero, su mujer y otras cosas de meter”. El guionista Claudio Fragasso, que firma la película como Clyde Anderson, debutó en este film como director y aportó a la película el buen hacer demostrado en sus guiones para  joyas del sinsentido y la torpeza como Emmanuel en prisión o Apocalpsis caníbal. En 1990, Fragasso dirigiría una de las obras cumbres de la cutrez fílmica y el canto de sirena de un modo de hacer cine: Troll 2, que con el tiempo se ha convertido en pieza de culto, como recoge el maravilloso documental Best worst movie.

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Como suele ocurrir, lo que rodea este tipo de pelis suele ser bastante más interesante que la peli en sí. Porque, no nos engañemos, nadie en su juicio vería algo con un título como Monster dog, de motu propio, a no ser que estuviera muy aburrido. O muy perturbado.


Sobre el autor

Mc. Brian

Rentista despreocupado.